La Subasta de la Corona Española y el Asesinato de Prim: Un Periodo de Transición

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Esta imagen hace alusión a una caricatura que representa al general Francisco Serrano (en el centro), junto al almirante Juan Bautista Topete (izqda.) y el general Juan Prim (dcha.), subastando la Corona de España ante representantes de las principales monarquías europeas. Con la caída y posterior exilio de Isabel II se estableció un gobierno provisional presidido por Serrano, con el general Prim como segundo y donde ya sonaban algunos nombres como el de Figuerola. El nuevo gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes donde los progresistas resultaron vencedores. Su programa democrático adoptó tanto medidas anticlericales (expulsión de los judíos y eliminación absoluta de los conventos) como reformas económicas. La creación de la peseta, la introducción de una tarifa al librecambismo, un intento de reforma fiscal y la legislación minera para intentar acabar con la crisis hacendística existente en España. Las Cortes constituyentes elaboraron la Constitución de 1869, la constitución más liberal hasta la época. Estipulaba una monarquía democrática, la soberanía nacional, el sufragio universal masculino y una amplia declaración de derechos y libertades. Como la constitución establece una monarquía constitucional, el general Serrano fue nombrado regente y Prim pasó a ser el jefe de gobierno. Desechada la opción de los borbones, se inició la búsqueda de un nuevo monarca. Finalmente las Cortes optaron por Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II y perteneciente a una dinastía liberal.

El Asesinato de Prim

La imagen a comentar se corresponde con el cuadro de Gisbert realizado tras el asesinato de Prim, que murió el 30 de diciembre de 1870 tras sufrir un atentado el 27 de ese mismo mes. Tras ingresar en el hospital, se dice que murió por las graves heridas que sufrió por el atentado, pero existen algunas teorías de que fue asesinado ahorcado dentro del propio hospital.

Dentro del cuadro encontramos a Amadeo I, rey de España, velando el féretro del general Prim, que había sido uno de los protagonistas de la Revolución de 1868 y líder del partido progresista. Amadeo I nunca logró hacerse popular en España a pesar de sus cualidades personales. Salvo Prim, nadie creyó en él. Por eso su reinado fue corto y estuvo plagado por toda clase de conflictos políticos, sociales e independentistas. Tuvo que hacer frente a una oposición enorme formada por unionistas, carlistas, la Iglesia, republicanos, anarquistas e independentistas cubanos, a un intento de asesinato anarquista y a dos guerras: la 3ª Guerra carlista, desde 1872, y la continuación de la Guerra de los 10 años en Cuba, que había comenzado en 1868. Además, las divisiones dentro del partido progresista entre los constitucionalistas y los radicales le privaron a su reinado de una estabilidad política que era imprescindible para el futuro del régimen. Por todo ello, el 11 de febrero de 1873, Amadeo I renunció al trono español y regresó a Italia. Ese mismo día el Senado y el Congreso, reunidos en sesión conjunta, proclamaron la República española.