Miguel Hernández: Poeta entre Generaciones, Tradición y Vanguardia
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Contexto literario
Entre dos generaciones
Miguel Hernández (1910-1942) fue un apasionado lector desde su infancia. De familia humilde, a su padre no le gustaba que su hijo descuidara el ganado por dedicarse a la lectura. Pero gracias a su estancia en el complejo religioso de Santo Domingo, pudo retomar su hábito lector, animado por Luis Almarcha. Algunos críticos enmarcan a Miguel Hernández en la Generación del 27, donde se encontraban sus maestros y amigos: Alberti, Lorca, Jorge Guillén y Dámaso Alonso, entre otros. Todos tenían características en común. Eran un grupo de escritores que querían renovar la poesía a través de un sincretismo entre tradición y vanguardia. En su primer libro, Perito en lunas (1933), Miguel Hernández compartía esta intención con ellos; por eso se le ha considerado el «epígono de esta generación».
Pero más tarde, desarrolló una poesía más humana, personal y social, por lo que otros críticos lo han enmarcado en la llamada Generación del 36, junto a autores como Luis Rosales. Los poetas pertenecientes a este movimiento estaban menos interesados en la poesía pura y más centrados en la humanización, en los problemas del ser humano en su contexto. Esta nueva estética cobraría más fuerza a raíz de la Guerra Civil, ya que en circunstancias como esas solo se podía hablar del hombre, del ser humano enfrentado a ellas. Su obra influyó en los poetas de los años cincuenta y sesenta por su compromiso ético. Utilizaba muchas metáforas, cercanas al surrealismo. El poeta consigue que sintamos su cotidianidad, una cotidianidad que fluye tanto de los objetos como de la naturaleza o las emociones amorosas.
Entre tradición y vanguardia
Tradición
En Miguel Hernández se puede hablar de influencias, ya que asimiló en su estética todo aquello que leía y admiraba:
- Literatura popular: Identificación emocional con la naturaleza y el romance. Recurriría a ella a lo largo de toda su trayectoria, aunque tendría más fuerza según iba simplificando sus poemas.
- Tradición del amor cortés y petrarquismo: Reminiscencias de la visión de Garcilaso de la Vega sobre la mujer amada, especialmente en su etapa amorosa, reflejada en obras como El rayo que no cesa.
- Mitología clásica: Influencia de la mitología griega y latina aprendida de escritores del Siglo de Oro, notable en su etapa gongorina.
- Visión religiosa de la naturaleza (panteísmo): Basada en San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. Se aprecia en sus primeros poemas, previos a su ruptura con Ramón Sijé.
- Influencia de Góngora: Especialmente notable en Perito en lunas.
- Románticos españoles: Influencia de Espronceda, Bécquer o Zorrilla en sus poemas amorosos, así como en sus reivindicaciones populares y apoyo a los desfavorecidos.
- Lucha interior de Unamuno: Reflejada en su etapa existencial.
Vanguardias
También mantuvo contactos con las vanguardias, aunque en menor medida:
- Poesía pura: Influencia de Juan Ramón Jiménez y Jorge Guillén.
- Recursos surrealistas: Uso de imágenes irracionales propias de la vanguardia histórica y metáforas cósmicas, en la línea de Pablo Neruda, con quien colaboró en su revista vanguardista.
Por tanto, Miguel Hernández combinó la tradición con la vanguardia. Esta fusión perduró hasta la aparición en 1936 de su libro El rayo que no cesa, momento en el que abandonó la influencia vanguardista y se impuso la tradición oral de la poesía popular. Su intención era dirigirse al pueblo llano, prefiriendo la claridad expositiva del romance a la expresión vanguardista.
Por eso, muchos de sus poemas fueron cantados por soldados republicanos en el frente.
En definitiva, su poesía a partir de entonces entroncaría con el neopopularismo: una poesía humana, con compromiso político y social, que transita del «yo» al «nosotros».