Manifiesto de Francisco Franco en 1936: Contexto y Repercusiones del Golpe de Estado

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Ideología y Objetivos del Manifiesto

En este fragmento, Francisco Franco, como General de División, manifiesta su intención de restablecer el orden, recogiendo lo que él denomina el "clamor popular". Anuncia que se restaurará la justicia, sin distinción de la condición o procedencia social de las personas. El restablecimiento de la autoridad implicará el castigo a quienes hayan participado en la "destrucción de España".

Restablecimiento del Orden dentro de la República

Para evitar resistencias al levantamiento dentro del propio Ejército, cuya oficialidad había jurado lealtad a la República, se intenta simular que el golpe de Estado se mantiene dentro de la legalidad vigente. La causa monárquica no obtenía apoyo popular en ese momento.

Restablecimiento del Principio de Autoridad

El texto contiene una declaración implícita del estado de guerra. Esto implica la destitución de todas las autoridades civiles en beneficio de las militares.

Autor: Francisco Franco Bahamonde

Francisco Franco Bahamonde nació en el seno de una familia de la burguesía ferrolana. Siguiendo la tradición familiar, se orientó profesionalmente a la milicia. Experimentó un ascenso meteórico como oficial en la guerra colonial de Marruecos, dirigiendo el primer contingente de tropas. En 1934, el gobierno radical-cedista le encomendó la represión de la Revolución de Octubre. Formó parte de la cúpula de conspiradores que se sublevaron en 1936.

Franco participaba de la ideología propia del militar "africanista" español, caracterizada por su identificación con la España tradicional, representando valores de patriotismo, unidad y orden. Su experiencia con el Ejército colonial le llevó al convencimiento de que el orden social dependía de la ejemplaridad y la contundencia en la aplicación del castigo.

Contexto Histórico

La intromisión de los militares en la política española fue un lugar común de los siglos XIX y XX. En el siglo XIX, encabezaron los principales partidos y protagonizaron la vida pública española. Durante el siglo XX, rigieron los destinos de España durante casi medio siglo. Contra la Segunda República conspiraron desde su instauración.

El golpe militar vino precedido de una fase de desestabilización caracterizada por la inestabilidad política, la conflictividad laboral y los desórdenes callejeros. El asesinato de José Calvo Sotelo, líder de la derecha monárquica, el 13 de julio de 1936, precipitó los acontecimientos. Este magnicidio inició la cuenta atrás de la sublevación, que comenzó el 17 de julio en Melilla, donde se trasladó Franco para ponerse al frente de las tropas. Entre el 18 y el 20 de julio, se extendió a casi todas las guarniciones militares peninsulares.

El éxito o fracaso del golpe dependía de la resistencia ofrecida por las organizaciones políticas y sindicales integradas en el Frente Popular. El gobierno conservó el control de las principales ciudades. El territorio leal coincidió con el área donde triunfaron las candidaturas del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Aunque resultaba evidente que la sublevación militar fue un golpe de Estado contra el régimen político democráticamente establecido, los promotores del levantamiento trataron de justificar sus hechos. Invocaron la Ley de 29 de noviembre de 1878, que imponía al Ejército la misión primordial de sostener la independencia de la Patria. En aplicación del Código de Justicia Militar, quisieron hacer ver que habían asumido los poderes públicos.

Magnificar los desórdenes sociales previos a la Guerra Civil fue un empeño común de los golpistas. En algunos bandos, se justificaron argumentando que asumían los poderes públicos para atajar un supuesto proceso revolucionario. Sin embargo, fue precisamente su rebelión la que provocó el efecto que pretendían evitar, ya que España se resistió al golpe militar y se puso en marcha la revolución social.