Leviatán de Hobbes: Fundamentos de la Naturaleza Humana y el Poder Político
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Leviatán de Hobbes
Teoría del Hombre
El movimiento específico presente en el ser humano reside en su intento por conservar su vitalidad a través de un impulso dialéctico de atracción y repulsión. Los deseos son las respuestas a estímulos placenteros que nos suscita un determinado objeto. La aversión o rechazo ocurre cuando aquello que apetecemos nos provoca repulsión.
La felicidad se obtiene cuando conseguimos el éxito continuo en el logro de las cosas que deseamos y es el fin último al que aspira cualquier persona. Todo deseo satisfecho reactiva inmediatamente otros nuevos hasta hacer de la vida un puro movimiento guiado por deseos y repulsiones que se retroalimentan continuamente. El más apremiante y poderoso es el impulso de subsistencia o autoconservación. La fuente de mayor repulsión y temor es la muerte. Es también el único deseo que afecta a todos por igual; toda persona desea mantenerse viva.
El poder cumple la función de calmar la ansiedad que nos genera el vernos permanentemente amenazados y nos impele a organizar un espacio vital sobre el que ejercer nuestro señorío. El ser humano es un ser individualista, es un cuerpo más sujeto por igual al ámbito de la necesidad y a las leyes naturales, y tomará conciencia de que su subsistencia depende de cómo sea capaz de enfrentar al mundo que le rodea.
El estado de naturaleza
La particular distinción que Hobbes nos ofrece entre hombre natural y hombre civilizado no significa que el vínculo social sirva por sí mismo para transformar la propia naturaleza humana. Los atributos básicos del hombre permanecen, aunque su amenazador potencial de conflicto pueda ser atenuado mediante un proceso social más o menos disciplinador; este siempre puede volver a hacer acto de presencia, como se demuestra cuando un gobierno pacífico degenera en guerra civil.
El egoísmo del hombre, su impulso por dotar de prioridad a todo lo que contribuya a satisfacer su autoconservación, seguridad y vida confortable, no posee un deseo original de fomentar su asociación con otras personas, ni ningún otro sentimiento de simpatía natural hacia sus semejantes. Esto no tiene porqué presuponer que somos maliciosos o que deseemos el sufrimiento ajeno. El vínculo social deriva esencialmente de los beneficios que nos reporta, no de un imperativo natural. Los deseos y necesidades humanas, unidos a la escasez de medios para satisfacerlos, nos colocan en una situación de competencia permanente.
Obligación moral y ley natural
Las leyes naturales son artículos de paz y, como tales, imponen el sometimiento racional y consciente de los hombres a ciertas pautas de cooperación social. El derecho natural es el derecho a usar nuestro propio poder como se nos plazca.
La explicación de la sociedad civil es esencialmente una explicación sobre cómo pueden llegar a satisfacerse las condiciones de validez. La pauta resultante de las obligaciones en la sociedad civil es el producto, bajo condiciones especiales, de principios morales que sujetan al hombre en tanto que hombre, y no solo en tanto que ciudadano. La función del Estado debería ser la de dotar de seguridad a aquellos que actúan moralmente; la obligación moral es anterior. La obligación moral de respetar los pactos solo es válida una vez que “la espada” (cohesión física sobre los pactantes) nos garantiza su efectividad.
Las prescripciones morales serían objetivas en la medida en que desvelan una cadena causal que pretende ser verdadera, por ello nombra también la ciencia moral. Su función residiría en proporcionarnos la información necesaria sobre la conexión causal que existe entre un fin comúnmente deseado y los medios para alcanzarlo. Para que la obligación moral sea eficaz requiere del factor político, del poder coercitivo del Estado; este poder ofrece pocas garantías de estabilidad si no cuenta con el apoyo de los ciudadanos.
El poder del Leviatán
Una vez autorizado, el soberano dispone ya de un poder irrevocable capaz de protegerse automáticamente frente a posibles intentos por parte de los contratantes para recuperar los derechos a él enajenados. Lo que importa es que los súbditos se sometan a la discrecionalidad del soberano.
- Institucionalización: Hobbes contempla el supuesto de institucionalización del soberano, por conquista o cualquier otro medio violento mediante el cual se hace con todo el poder efectivo.
- Legitimidad: Si el soberano ejerce un poder de facto, capaz de satisfacer nuestro interés racional en un gobierno efectivo y evitar que caigamos en un estado de guerra, goza de la misma legitimidad que aquel al que explícitamente nos sometimos.
- Unidad del poder: Pretende evitar el fraccionamiento del poder, la quiebra del principio indivisible de la soberanía. Toda hendidura abierta en su poder unitario está llamada a provocar su ruina.
Los Estados son instituidos para conservar la paz y la justicia; el fraccionamiento del poder tiende a la disolución de un Estado. El poder soberano debe mantenerse firme y unitario para garantizar la paz civil y el bienestar general del pueblo.
Los súbditos solo gozan de libertad efectiva respecto de aquellas cosas cuyo derecho a ellas no puede transferirse mediante un convenio. Paz y seguridad son condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan comenzar a pensar en su bienestar. Mantener la paz en el interior y defenderse contra enemigos exteriores es fundamental a fin de que cada ciudadano pueda aumentar su fortuna y disfrutar de su libertad.