Legitimación del Poder Político: Tradicional, Carismática y Racional-Legal
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Legitimación del Poder Político
La legitimación se refiere al proceso por el cual los ciudadanos obedecen al Estado sin sentirse amenazados, considerando que es su deber hacerlo. Así, el Estado goza de autoridad. Tener autoridad implica tener el derecho a mandar. Alguien tiene autoridad cuando los demás obedecen, no porque se sientan intimidados, sino porque reconocen el derecho del otro a mandarles. La autoridad es sinónimo de poder legitimado. La legitimación del poder coincide con su justificación.
Formas de Legitimación
Existen tres formas principales de legitimación del poder:
1. Tradicional
El poder se legitima por recurso a la tradición. Ciertas familias, dinastías o clases han ocupado el poder desde siempre, y parece natural que lo sigan haciendo. No se apoya en cuestiones racionales; se basa en la creencia del carácter hereditario o divino del poder. Ejemplos de esta forma de legitimación incluyen las monarquías y los jefes tribales.
2. Carismática
El poder se legitima por recurso al carisma, un don que poseen algunas personas para atraer y movilizar a la población. Es similar a la tradicional, pero se diferencia en que la capacidad es personal y no hereditaria. Tampoco tiene una explicación racional, ya que intervienen las emociones y los sentimientos que el líder logra suscitar. Suele ser poco duradera, ya que es típica de movimientos revolucionarios. Ejemplos históricos incluyen a figuras como Adolf Hitler y Ernesto "Che" Guevara.
3. Racional-Legal
El poder se legitima por recurso a la ley, la cual es establecida democráticamente. El Estado tiene un poder legitimado, fruto de un acuerdo aceptado por los ciudadanos. Es plenamente racional, aunque en la práctica no se da de forma pura en las sociedades democráticas, sino que aparece mezclado con elementos de las otras dos formas. Por ejemplo, los políticos pueden usar su carisma para obtener más votos.
El Estado de Derecho y la Legitimidad de las Leyes
El Estado de derecho respeta el principio de legalidad, que consiste en cumplir la ley. Sin embargo, este principio no tiene en cuenta la posible injusticia de las leyes. Algo es legal si cumple la normativa, aunque esta sea injusta, y algo es ilegal si no cumple las leyes. Se contrapone el principio de legitimidad al de legalidad. Lo que es legal puede no ser legítimo, ya que lo legítimo coincide con la justicia y la moralidad.
Legitimidad de las Leyes: Dos Enfoques
Existen dos intentos principales de legitimar las leyes:
1. Iusnaturalismo
El iusnaturalismo sostiene que existe un código legal fijo e igual en todo tiempo y lugar. Este código universal sería el derecho natural, y es el criterio que establece qué leyes son legítimas. Es un derecho universal e inmutable que establece lo que es de obligado cumplimiento y lo que es justo. Sus leyes no son creadas por un ser humano concreto, y por eso valen para todos. Para la filosofía escolástica, el derecho natural se basa en el derecho divino, mientras que con la Ilustración, el derecho natural depende del carácter racional humano. La diversidad de concepciones dentro del iusnaturalismo es su principal inconveniente.
2. Neocontractualismo
John Rawls, en su teoría neocontractualista, propone que una ley es legítima cuando es consecuencia de un pacto entre los miembros de la sociedad. Para asegurar la justicia social, debemos pensar que la ley ha surgido de un pacto entre individuos iguales que actúan desde la imparcialidad, es decir, individuos a los que no les mueve un interés egoísta. Esto se logra a través del "velo de ignorancia". Cuando los individuos diseñan la futura sociedad, lo hacen sin conocer cuáles van a ser sus condiciones de vida. Ante la posibilidad de que les corresponda la posición menos favorable, organizarán la sociedad de la forma más igualitaria posible. Esta teoría de la justicia establece metafóricamente las condiciones que harán posible la justicia. Serán leyes justas las que fortalezcan y protejan la igualdad social. El inconveniente de esta teoría es que, en casos concretos, para decidir qué leyes son justas, resulta poco precisa.