El Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos y las Reformas de Carlos III
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Introducción al Informe sobre la Ley Agraria
El texto propuesto para comentar es el denominado Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos, elaborado por el ilustrado y ministro de Carlos III, Gaspar Melchor de Jovellanos. En realidad, este informe forma parte del expediente o recogida de información general sobre la situación de la agricultura española que Carlos III ordenó elaborar a sus ministros. Estos gobernantes, fuertemente influenciados por las ideas de la Ilustración y de la doctrina económica fisiocrática, veían en la riqueza de la tierra —es decir, en el desarrollo agrario— la base fundamental de la riqueza de la nación.
Carlos III y el Despotismo Ilustrado
Carlos III accedió al trono español tras el fallecimiento de su hermano Fernando VI sin descendencia directa. Su reinado constituyó el periodo más relevante y dinámico del siglo XVIII español. Habiendo reinado previamente en Nápoles, Carlos III ya gobernaba imbuido de los ideales reformistas. Al igual que otros monarcas absolutos europeos, se mostró favorable a aplicar ciertas propuestas de progreso y racionalización administrativa, siempre que no menoscabasen la autoridad de la monarquía absoluta.
Esta experiencia, conocida históricamente como despotismo ilustrado, se consolidó en aquellos países donde los intelectuales ilustrados asumieron que la debilidad de la burguesía y el atraso formativo de las clases populares hacían inviable cualquier programa transformador que no fuese liderado directamente por un poder regio sólido y centralizado.
Fundamentos del Pensamiento Ilustrado
El modelo socioeconómico y político del Antiguo Régimen fue severamente cuestionado durante el siglo XVIII por una corriente de pensadores conocidos como ilustrados. Originada esencialmente en Francia, esta doctrina se expandió con celeridad por todo el continente europeo, motivando que dicha centuria fuera bautizada como el Siglo de las Luces.
El rasgo definitorio del pensamiento ilustrado radica en su fe absoluta en la razón humana: ni la tradición, ni la autoridad impuesta, ni la revelación religiosa pueden sobreponerse a ella; en consecuencia, todo dogma que la razón rechace debe descartarse como engaño o superstición. Los ilustrados sostenían que el ser humano, guiado por la inteligencia, alcanzaría el conocimiento indispensable para lograr la felicidad colectiva. Por este motivo promovieron con empeño la educación y el progreso técnico para elevar las condiciones de vida de la sociedad.
Bajo estos parámetros, el movimiento ilustrado:
- Cuestionó la sociedad estamental: rechazó la transmisión hereditaria de privilegios y defendió la igualdad civil y el derecho a la libertad individual.
- Criticó las trabas económicas feudales: censuró los impedimentos a la libre compraventa de bienes y abogó por un marco que garantizase el derecho de propiedad privada, así como la libertad de industria y comercio.
- Contestó el inmovilismo eclesiástico: sin negar la existencia divina, reprobó la hegemonía ideológica, los privilegios fiscales y la cosmovisión inmovilista impuesta por el clero.
- Se opuso al absolutismo monárquico: postuló la necesidad de un contrato implícito entre gobernantes y gobernados. En este ámbito, Montesquieu preconizó la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, mientras que Rousseau enunció el principio de soberanía nacional, afirmando que el poder dimana del consentimiento voluntario de la ciudadanía expresado mediante el sufragio.
El Programa Reformista de Carlos III
Para materializar su programa renovador, Carlos III se rodeó de un selecto grupo de colaboradores en la administración gubernamental: el conde de Campomanes, el conde de Floridablanca y el conde de Aranda. Junto a ellos, figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos elevaron diagnósticos y proyectos orientados a modernizar los mecanismos institucionales. Uno de los ámbitos preferentes de actuación fue la política económica. Partiendo del convencimiento de que urgía suprimir las trabas que inmovilizaban la propiedad y coartaban la libre circulación comercial, el monarca promovió las siguientes medidas:
- Reforma agraria y freno a la Mesta: limitación de los privilegios del Honrado Concejo de la Mesta, respaldo al proyecto colonizador de nuevas tierras dirigido por Pablo de Olavide (en Sierra Morena) e impulso de proyectos para incrementar el número de propietarios y arrendatarios rurales.
- Dinamización de los mercados interiores: fomento de los mercados de bienes y capitales, desarrollo de infraestructuras de transporte terrestre y supresión de aduanas interiores para viabilizar el libre tránsito de mercancías.
- Fomento industrial y proteccionismo: liberalización progresiva de la manufactura gremial, reducción de la gestión estatal directa en las Reales Fábricas y aplicación de aranceles y acuerdos comerciales exteriores para salvaguardar la producción manufacturera autóctona frente a competidores extranjeros.
- Reordenación fiscal: armonización del sistema impositivo con vistas a incentivar la producción interna y equilibrar las cuentas del erario público.
- Sociedades Económicas de Amigos del País: tras fundarse la primera de ellas por iniciativa de un noble vasco, estas corporaciones proliferaron rápidamente por múltiples provincias para diagnosticar las necesidades productivas de cada comarca, propiciar la agricultura y las manufacturas, traducir tratados técnicos foráneos y diseminar el ideario fisiócrata y liberal.
Factores de Bloqueo en la Agricultura Española
Pese a estos esfuerzos, las reformas agrícolas no lograron amortiguar la tirantez derivada de un crecimiento demográfico notablemente superior a la capacidad productiva de alimentos. Entre las causas estructurales destacan:
Condicionantes climáticos y técnicos
Más de las tres cuartas partes de la península presentaban un régimen pluviométrico escaso e irregular, castigado por intensas sequías estivales y elevadas temperaturas. El estado de la técnica agronómica impedía aclimatarse a tales circunstancias e imposibilitaba la implantación de los métodos de cultivo intensivo y rotación aplicados con éxito en la Europa noroccidental.
La amortización de la tierra
La ampliación de la superficie roturada tropezaba con el hecho de que más de la mitad de las tierras no podían comprarse, venderse ni explotarse libremente por encontrarse amortizadas o vinculadas a manos muertas (Iglesia, órdenes religiosas, municipios y nobleza señorial). Paralelamente, los labradores estaban obligados a transferir una parte sustancial de sus cosechas a estos estamentos en concepto de rentas, censos y diezmos.
Baja calidad del suelo y crisis ganadera
La carencia de parcelas fértiles obligó a poner en cultivo terrenos marginales o de pastizal, con rendimientos decrecientes. Dicha roturación de pastos redujo sensiblemente la cabaña ganadera, mermando el aporte de estiércol y deteriorando aún más la fertilidad general de los campos. Las consecuencias fueron la inflación de precios agrícolas, el empobrecimiento campesino y la recurrencia de crisis de subsistencia.
Contrastes Regionales en la Península
El panorama agrario no fue uniforme; la periferia costera experimentó una positiva reconversión técnica e intercambios más flexibles merced al comercio marítimo:
- Cornisa Cantábrica: consolidación del cultivo extensivo del maíz y difusión de la patata como base alimenticia popular, unida a la modernización técnica de la siderurgia vizcaína con reducción de costes productivos.
- Litoral Valenciano: fuerte incremento de la producción vinícola, de aguardientes y del cultivo de la seda, alcanzando en las zonas de regadío rendimientos agrícolas equiparables a los centros europeos más avanzados.
La Situación Socioeconómica de Extremadura
Frente al dinamismo periférico, la economía extremeña permaneció fuertemente anclada en un modelo agroganadero arcaico. Su apartada posición geográfica la convirtió a lo largo de todo el siglo XVIII en una zona aislada, incomunicada y escasamente integrada en la dinámica estatal.
Aislamiento comercial y débil urbanización
A diferencia de las urbes andaluzas, castellanas o portuguesas, las localidades de Extremadura acusaban una notable inercia económica, reducida formación técnica y escasez de ferias y mercados. Conforme a las actas de la Real Audiencia, más del 80% de sus municipios carecían por completo de actividad ferial regular.
Población y estructura demográfica
Pese a que el siglo conoció una leve tendencia de crecimiento, el Censo de Floridablanca (1787) refleja la debilidad demográfica del territorio: apenas 412.000 habitantes, equivalentes a una densidad de 9,52 hab./km². La tasa de natalidad se mantuvo alta (entre el 35‰ y el 45‰), estimulada por enlaces matrimoniales tempranos (20-22 años) entre jornaleros. No obstante, una elevadísima mortalidad general e infantil contrarrestó este vigor biológico. La población se concentraba preferentemente en los valles aluviales fértiles: las vegas de Plasencia, la cuenca del Guadiana y la comarca de Tierra de Barros.
Estructura social del campo extremeño
La estratificación sociolaboral presentaba hondas desigualdades:
- Jornaleros y braceros: conformaban aproximadamente el 75% de la población activa agraria. Al carecer totalmente de propiedad rústica, dependían exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo corporal en labores estacionales.
- Campesinos medianos y aparceros: estrato numéricamente minoritario integrado por labradores modestos con parcelas propias o arrendatarios sujetos al pago de rentas a los latifundistas.
- Nobleza de alta alcurnia y clero: representaban una fracción demográfica ínfima pero monopolizaban inmensas extensiones de tierra, buena parte de ellas en estado inculto y convertidas en dehesas para aprovechamiento ganadero.
Impacto de la Mesta y manufacturas locales
Uno de los mayores perjuicios para la agricultura extremeña radicaba en el paso estacional de los rebaños ovinos trashumantes del Honrado Concejo de la Mesta, cuyos privilegios de paso destruían recurrentemente las siembras a lo largo de sus itinerarios anuales. Al margen del sector primario, la actividad secundaria se reducía a modestas manufacturas de paños, telas y alfarería tradicional orientadas al consumo local en ferias periódicas comarcales como las de Cáceres, Trujillo y Zafra.