Imperialismo y expansión colonial europea en el siglo XIX: causas, potencias y consecuencias
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Reino Unido
Reino Unido entre los años 1837 y 1901 fue gobernado por Victoria I. La Inglaterra victoriana ostentó la indiscutible hegemonía económica a nivel mundial y expandió su enorme imperio de ultramar. Tan solo encontró competidores a finales del siglo XIX en Alemania o en nuevas potencias extraeuropeas, como los Estados Unidos o Japón. En el interior, la política británica se basó en la alternancia entre el Partido Conservador y el Partido Liberal.
Francia
Francia tras la caída de Napoleón III se proclamó la Tercera República. La aprobación de la Constitución en 1875 dio paso a una época de prosperidad, estabilidad y desarrollo cultural. Se ampliaron los derechos civiles (sufragio universal masculino) y se legalizó el movimiento obrero.
Imperio alemán
Imperio alemán después de la unificación, Alemania se transformó en una gran potencia. El imperio se organizó alrededor de Prusia y de Guillermo I. El canciller Bismarck se convirtió en el árbitro de las relaciones internacionales europeas entre 1870 y 1890. Alemania se organizó como un sistema parlamentario bicameral. Su avanzada legislación social consiguió, además, mantener las demandas obreras en posiciones moderadas, que defendía sobre todo el Partido Socialdemócrata.
Grandes imperios
Además de las potencias occidentales, persistían en el centro y en el este de Europa el Imperio austrohúngaro, el ruso y el otomano, que se encontraban en un claro estado de decadencia. Sus principales problemas venían de las diferentes nacionalidades que los componían y que reclamaban ahora su independencia, así como de su estructura política, económica y social, que había evolucionado muy poco a lo largo del siglo XIX.
El nuevo imperialismo
A partir del siglo XV, los europeos construyeron grandes imperios coloniales en ultramar, sobre todo en América. Este primer colonialismo entró en crisis luego de la independencia de estas colonias a comienzos del siglo XIX, y la mayoría de ellas ya se había emancipado. Aunque la nueva fase de expansión colonial comenzó a partir de 1870, cuando los imperios alcanzaron su apogeo y aseguraron el dominio económico y cultural (y, en muchas también, el control político directo) sobre el resto del mundo.
Las causas económicas
La Revolución industrial proporcionó a los europeos los medios necesarios para afianzar su poder sobre el conjunto de la humanidad, gracias a su superioridad técnica, organizativa y económica, sin que las sociedades tradicionales pudieran defenderse con éxito, a las que se transformaron en profundidad. Además, existían importantes motivos económicos que impulsaban la expansión colonial:
- Las colonias suministraban a la metrópoli materias primas y mano de obra barata; a su vez, eran mercados (que aquella aseguraba mediante medidas proteccionistas) para sus manufacturas.
- Los europeos, que acumulaban el 60% de las reservas de oro de todo el mundo, buscaban territorios donde poder invertir su excedente de capital y obtener la máxima rentabilidad.
Las redes del colonialismo se extendían también a países soberanos que les debían grandes capitales a los europeos, como el Imperio otomano o China, lo que les permitía a las potencias acreedoras imponerles su política aduanera o monetaria. Europa era como un inmenso banco que cobraba las rentas de todo el planeta.
El factor demográfico
La transición al régimen demográfico moderno produjo una auténtica explosión demográfica: entre 1850 y 1914, la población europea aumentó en un 75%, a pesar de la emigración hacia ultramar. Algunas colonias, casi siempre de clima templado, absorbían una buena parte del excedente demográfico de la metrópoli: esa era la función de Canadá o de Australia en el caso británico, de Argelia en el francés o de Cuba en el español. Sin embargo, la mayoría de los emigrantes europeos se asentaba en antiguas colonias que eran ya independientes, como los Estados Unidos, Brasil o Argentina.
El aumento de la presión demográfica por la inmigración europea impulsaba la conquista efectiva y la colonización de territorios ocupados por pueblos indígenas, como en el caso del oeste americano. Las sociedades resultantes, que se configuraron según el modelo europeo, se convertían en exportadoras de alimentos y de materias primas.
Motivos políticos
- Algunas colonias carecían de interés económico, pero estaban en una situación estratégica que permitía el dominio de las rutas marítimas, como los enclaves británicos de Gibraltar, Malta o Adén.
- Las colonias otorgaban prestigio: se consideraba que la posesión de un imperio era una condición para acceder al estatus de gran potencia.
Entre 1870 y 1890, la escalada imperialista llevó al reparto de los territorios susceptibles de colonización. A finales de siglo, cuando estos territorios se agotaron, se produjo un aumento de la tensión internacional, con crisis como el incidente de Fashoda entre Francia y Reino Unido (1898), y guerras, en las que las potencias fuertes agredían a las débiles ya arrebatarles sus colonias, como en la guerra hispano-estadounidense de 1898.
La coartada ideológica
El imperialismo resulta incomprensible si se ignora la coartada intelectual que trata de justificarlo: el racismo. En general, los europeos estaban convencidos de que la raza blanca era superior y de que tenían el derecho, e incluso el deber, de dominar toda la humanidad.
La expansión europea
En el siglo XIX, las potencias europeas conquistaron extensos territorios del resto del mundo. Generalmente, el dominio de las colonias estuvo precedido de exploraciones geográficas y de viajes científicos.
- En África, las exploraciones geográficas, como las de Livingstone y Stanley, la actividad de los misioneros y el interés por los recursos africanos llevaron a los europeos a dominar el continente. Para evitar enfrentamientos entre las potencias, en 1885 se celebró la Conferencia de Berlín para proceder al reparto de África.
- En Asia, la penetración imperialista estuvo encabezada por Reino Unido, que se asentó en la península del Indostán, en Birmania y en Malasia; Rusia, que se expandió por Asia central y Siberia; y Francia, que ocupó Indochina. Además, los Países Bajos mantuvieron el control sobre las islas de Indonesia. En China, los británicos lograron concesiones comerciales tras las guerras del opio, aunque la presencia extranjera avivó las revueltas nacionalistas.
- En Oceanía, la presencia occidental comenzó con el establecimiento de los británicos en Australia, desde donde pasaron hacia Nueva Zelanda. Los franceses lograron el dominio de diversas islas de Polinesia; a estos les siguieron los alemanes, que les compraron a España las islas Marianas y Palaos.
La expansión de las potencias extraeuropeas
En la segunda mitad del siglo XIX, otros países industrializados se incorporaron a la carrera por el reparto del mundo.
- Estados Unidos se expandió hacia el oeste de América del Norte a costa de los indios, al tiempo que, invocando la doctrina Monroe, proclamó su derecho a intervenir en América del Sur y en el Caribe. Posteriormente, ocupó el archipiélago de Hawái y, tras derrotar a España en 1898, logró el dominio de Puerto Rico y Filipinas. En 1904, el presidente Theodore Roosevelt declaró el continente americano como área de legítima expansión estadounidense.
- Japón. La Revolución Meiji (1868) precipitó la caída del régimen feudal japonés y la implantación de un sistema político similar al europeo. Esto facilitó que Japón se industrializara e iniciara su expansión por Corea y por China. Así, derrotó a los chinos en 1895 y a los rusos en 1905, lo que posibilitó su dominio de Formosa (Taiwán), las islas Pescadores y Corea.