Fundamentos del Pensamiento Ilustrado: Razón, Progreso y Sociedad
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El Pensamiento Ilustrado: Pilares Filosóficos y su Legado
En el siglo XVIII, conocido como el Siglo de las Luces, el deseo de obtener reformas sociales y vitales cristaliza en un movimiento ideológico al que se llamó Ilustración. Se define por el profundo deseo de saber. Los rasgos típicamente ilustrados son:
Racionalismo
El predominio absoluto de la razón sobre otras fuentes de conocimiento (revelación, tradición, autoridad de los antiguos) es central. La razón se considera la única base del saber y sustituye a la fe, la emoción o la imaginación. Los ilustrados creían que el hombre ya disponía de todas las herramientas suficientes para intentar explicar los secretos del universo sin recurrir a interpretaciones no comprobables. Esto favoreció el desarrollo de las ciencias y de la técnica. Los ilustrados rindieron a la razón un verdadero culto, considerándola el único medio para alcanzar el progreso y la felicidad.
Empirismo
El pensamiento ilustrado se basa en el método inductivo, es decir, en la observación y en la experiencia. Entre sus modelos más destacados se encuentra Isaac Newton, quien formuló la ley de la gravitación universal.
Criticismo
La aspiración intelectual del ilustrado es someter a crítica todo el conocimiento humano. Su intención es demostrar si los saberes heredados responden a la verdad o son fruto de la superstición o de una tradición no comprobada. Se trata también de criticar y denunciar todas las trabas políticas, sociales y culturales que impiden que la razón extienda sus beneficios a toda la humanidad. En esta labor de propaganda, la literatura estaba llamada a ocupar un papel preeminente. Por literatura se entendían los libros útiles para "iluminar el entendimiento humano": "ilustrar enseñando" sería el lema de esa literatura al servicio del bienestar del hombre.
Deseo de Conocimiento y Difusión
Como hemos visto, el ilustrado aspira a conocer el mundo donde habita y a "iluminarlo", pero también necesita dar a conocer lo aprendido. Esto último explica uno de los grandes proyectos culturales de la época: La Enciclopedia. En general, el siglo XVIII es un siglo de estudio e investigación, de sistematización, de inquietudes y proyectos, de aprovechar y difundir aquello que estimaban más útil para el desarrollo de la humanidad, desde la ciencia hasta la cultura, sin olvidar el bienestar social. La ignorancia era sinónimo de esclavitud, por eso el siglo XVIII es fundamentalmente didáctico, en busca de la libertad.
Utopismo, Progreso y Felicidad
Se creía que la aplicación de la razón a todos los aspectos de la vida humana permitiría una mejora constante de la sociedad, así como un progreso económico y cultural ilimitado. El objetivo prioritario era conseguir la felicidad en este mundo, a la que el hombre creía tener derecho, sin esperar recompensas en la otra vida. Este optimismo, que hunde sus raíces en pensadores como Leibniz y Locke, se vería, sin embargo, contestado por otros ilustrados más escépticos, quienes dudaban de que el hombre pudiera alcanzar por sí mismo el bien y el bienestar general.
Reformismo
Los ilustrados aspiraban a que sus ideales tuvieran una concreción práctica en la realidad. Esta creencia en las posibilidades de la razón para alcanzar la felicidad del hombre explica la multitud de reformas sociales, políticas y culturales con el fin de modernizar la sociedad. Estas reformas fueron llevadas a cabo por gobiernos de carácter absolutista en la mayoría de estados europeos. En este sentido, la ideología ilustrada y el despotismo ilustrado son inseparables, puesto que este último es la formulación política de aquella.