Fundamentos de la Ética Aristotélica: Virtud, Felicidad y el Bien Común

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1.1 Ética y Política en el Pensamiento Aristotélico

La filosofía se divide en: la filosofía teórica y la práctica. La filosofía teórica trata de alcanzar un saber racional sobre el cosmos. La práctica trata de alcanzar un saber racional sobre el bien, tanto a nivel individual (ética) como a nivel colectivo o bien común (política); ambas disciplinas tratan sobre el bien. Según Aristóteles, la cadena de fines y medios no puede ser infinita; tiene que haber un fin último que dé sentido a nuestras acciones. Este fin último es la felicidad, el bien supremo y máximo, que consiste en conseguir tener una buena vida, lograda y que merezca la pena ser vivida.

Según Aristóteles, el saber más importante es la política. La política establece las condiciones necesarias para el desarrollo de la ética, siendo el saber relativo al bien común. Si la sociedad no está orientada al bien común, a los individuos les resultará muy difícil vivir bien y llegar a ser felices.

1.2 El Arte de Vivir y la Búsqueda de la Felicidad

Para Aristóteles, los seres humanos aspiran a ser felices y a llevar una buena vida. El principal problema es cómo alcanzar este saber que les permitirá ser felices. Considera que no es un saber teórico, sino un saber práctico semejante al propio de las artes y los oficios. Para él, el arte de vivir es fundamental y, para ser desempeñado de forma excelente, requiere de tres factores:

  • 1) Poseer dones naturales para ese oficio.
  • 2) Haber recibido la enseñanza adecuada.
  • 3) Haberse ejercitado mucho para realizar sus tareas bien (adquirir las virtudes propias del arte).

Para vivir bien, se ha de disponer de las capacidades naturales pertinentes. Los humanos disponen de estas, pero en algunos casos se echan a perder por no haber recibido la enseñanza adecuada. El conjunto de las virtudes éticas constituye el carácter ético; es preciso desarrollar un carácter bueno. No obstante, ha habido personas que vivieron bien sus vidas y no estudiaron ética, pues les bastó con adquirir las virtudes propias del arte u oficio de vivir y poseer un buen carácter.

1.3 La Ética como Perfeccionamiento del Arte de Vivir

Aunque la ética no es el arte de vivir en sí mismo, puede perfeccionarlo. A menudo no resulta claro para qué puede servir la ética, ya que es posible haber adquirido el saber propio del arte de vivir sin haberla estudiado. Sin embargo, la ética sirve para clarificar los conceptos éticos —como el bien, la virtud y la felicidad— para evitar confusiones. Actúa como una ayuda al arte de vivir, evitando que este se desoriente como consecuencia de conceptos confusos.

Aristóteles es muy consciente de que lo más importante en la vida es saber vivirla bien. Sus reflexiones están al servicio del arte de vivir; por ello, la ética tiene un cometido práctico. Nos advierte que la investigación sobre la virtud y el bien no sirve "para saber qué es la virtud, sino para ser buenos, ya que en otro caso será inútil". Así, adquirimos ciertos saberes propios de la ética para mejorar nuestra praxis.

El método de Aristóteles para clasificar los conceptos de la ética consta de tres pasos fundamentales:

  1. Se toman en consideración las diferentes opiniones que hay en relación con los asuntos propios de la ética.
  2. Se ordenan estas opiniones y se las analiza a fin de clarificarlas.
  3. Se sopesan los pros y los contras en relación con los problemas tratados.

1.4 Limitaciones de la Ética

A. Limitación Epistemológica

El conocimiento que pueda aportar la ética es limitado si lo comparamos con el propio de las ciencias exactas. La ética se ocupa de decisiones y acciones concretas que se realizan en circunstancias donde hay que tener en cuenta muy distintos aspectos. Por tanto, el único conocimiento que se puede pedir en rigor a la ética es un conocimiento probable.

B. Limitación Práctica

La ética es un saber filosófico que trata de esclarecer qué es lo mejor para vivir bien. Esto es fácil de comprender, pero difícil de aplicar solo mediante la teoría. No nos hacemos buenos conociendo las virtudes, sino practicándolas. Esta es una gran verdad que Aristóteles opone al intelectualismo moral de Sócrates y Platón.