Folclore y Realismo en "El Lazarillo de Tormes": Un Precedente de la Novela Moderna

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ELEMENTOS FOLCLÓRICOS EN *EL LAZARILLO DE TORMES*: CARÁCTER TRADICIONAL Y POPULAR

El Lazarillo de Tormes, obra anónima de 1554, se considera un precedente de la novela moderna, que se iniciaría con *Don Quijote*. Se escribió en un contexto donde predominaba el gusto por la novela pastoril. Las primeras ediciones se publicaron simultáneamente en Burgos, Alcalá de Henares, Amberes y Medina del Campo. En *El Lazarillo* destacan elementos tomados directamente de la realidad, como lugares y referencias geográficas, y personajes históricos. Los abundantes elementos folclóricos se integran en estas circunstancias y forman parte de una narración que podría definirse como realista.

La Ruptura con la Tradición: El Pícaro como Protagonista

En esta novela, el protagonista ya no es un hombre de ilustre linaje, sino una persona del más bajo estrato social, hijo de padres sin honra. El propósito principal del niño es huir de la miseria y del hambre de la época. El pícaro evoluciona a lo largo de la obra, lo que supone un cambio radical en la forma de novelar. Se muestra un gran desarrollo psicológico: el Lázaro que recibe el golpe en el puente de Salamanca no es el mismo que se casa al final. La forma autobiográfica es uno de los elementos más importantes del género. Lázaro cuenta su propia vida; todo está narrado desde su punto de vista. La novela se centra exclusivamente en las aventuras del pícaro. Para los españoles de la época, *El Lazarillo* era como un libro de chistes actual, una novela anticlerical.

El Ciego: Primer Amo y Despertar a la Vida

El primer amo de Lázaro es el ciego. Lázaro, un niño de ocho años marginado, es entregado por su madre al ciego para que le sirva de guía. Su padre es un ladrón, y su madre, una mujer que se amanceba con un hombre negro. El ciego lo despierta al mundo cuando en Salamanca le golpea la cabeza, acabando con su inocencia: "y siendo ciego me alumbró y me adestró en la carrera de vivir a base de golpes".

Este primer tratado está lleno de momentos cómicos, como los trucos que Lázaro utiliza para comer, ya que su amo era un avaro. Era la primera aventura de Lázaro, pero tenía que buscar su bebida y comida para sobrevivir, recurriendo a trampas. Su bebida favorita era el vino, y como el ciego no le daba, hizo un pequeño agujero en el botijo y, disimuladamente, diciendo que tenía frío, se escondía entre las piernas del ciego y bebía. El ciego se dio cuenta y lo castigó brutalmente. Hay más anécdotas en este primer tratado, como las uvas y la longaniza.

Algunos de estos cuentos ya se encuentran en tratados anteriores, de los que el autor se inspiró. Por ejemplo, el final de este tratado es un elemento folclórico, presente en otros cuentos, que versa sobre la venganza de Lázaro. Llegando a un supuesto río, Lázaro le dice a su amo: "Amo, salte con todas sus fuerzas porque hay un río y lo tenemos que saltar". El ciego se confió y saltó, pero en aquel lugar había un pilar contra el que se golpeó. Antes de que se levantara, Lázaro ya se había ido.

El Clérigo de Maqueda: Avaricia e Hipocresía

En el segundo tratado, el clérigo de Maqueda acoge a Lázaro para que lo ayude a dar misa. El clérigo representa la avaricia y la hipocresía de la época. Siempre tiene la comida cerrada bajo llave, y Lázaro pasa mucha hambre, por lo que se inventó que los ratones entraban a la vitrina por los agujeros y se comían el pan. El clérigo puso trampas, pero no funcionaron. Después pensó que sería una serpiente. Lázaro...