El binomio horaciano 'docere-delectare' en la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ)

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¿Cuáles pueden ser las causas de que, en distintas épocas y circunstancias de la LIJ, se tenga más en cuenta uno de los dos términos del binomio horaciano docere / delectare?

La idea de docere tiene su origen con Esopo. Esta idea se fundamenta en que la lectura solamente tiene que funcionar como medio de instrucción para los lectores. Siguió presente hasta el siglo XX. Durante este transcurso, hubo una evolución o variación en cuanto a la finalidad de las obras. Ya en el siglo XVII abundaban las fábulas con finales moralizantes, así como también surgieron los cuentos populares. En el siglo XVIII surge la LIJ, así como pequeñas modificaciones en las “funciones” de las fábulas, ya que, aparte de tener el final moralizante, también es didáctico y su tipología también cambia, ya que son menos entrañables y más críticas (sobre todo en España; en Europa surgen las novelas de aventuras, las obras satíricas y filosóficas).

Podemos denominar al siglo XIX como el periodo de transición entre el docere y el delectare, debido a que surgen obras que todavía tienen las bases del docere, como es el caso de “Las aventuras de Pinocho”, que tienen una gran carga crítica, mientras que, por otra parte, surgen obras completamente opuestas, obras caracterizadas por la fantasía, el triunfo de lo absurdo frente a lo lógico… es el caso de Lewis Carroll.

Gracias a este periodo de cambio en la literatura, en el siglo XX predomina por completo el delectare. Esto es debido a que se ha producido un cambio en la perspectiva visual de los autores y de la sociedad, ya que dejan de ver los libros como herramientas solo de conocimiento que los niños deben utilizar para instruirse y sirven también como medio de animación y entretenimiento, ya que consideran al niño como ser con entidad propia y no solo como futuro hombre. Gracias a este cambio en la visión de la sociedad, surgen obras que en épocas anteriores parecían impensables, ya que la visión que se tenía tanto de la función de los libros como del uso que tenían que hacer los niños con ellos era completamente diferente. En este periodo surgen obras de estilos y fines (en caso de tenerlos) diferentes, como, por ejemplo, entre otras:

  • Cuentos con imágenes
  • Componente mágico y fantástico
  • Componente humorístico

Explica lo que significa para ti, como futuro mediador en LIJ, el siguiente fragmento:

“La experiencia de la lectura, si es un acontecimiento, no puede ser causada, no puede ser anticipada como un efecto a partir de sus causas, lo único que puede hacerse es cuidar de que se den determinadas condiciones de posibilidad: solo cuando confluye el texto adecuado, el momento adecuado, la sensibilidad adecuada, la lectura es experiencia. Aunque nada garantiza que lo sea: el acontecimiento se produce en ciertas condiciones de posibilidad, pero no se subordina a lo posible [...] Para que la lectura sea experiencia hay que afirmar su multiplicidad, pero una multiplicidad dispersa y nómada, que siempre se desplaza y se escapa ante cualquier intento de reducirla”. Jorge Larrosa, La experiencia de la lectura, 1996.

La figura del mediador en LIJ funciona como un agente específico del hecho literario. En relación con nuestro hábito de actuación, se tratará de un mediador escolar, existiendo otros como el familiar y el social. Nuestra función principal será crear y formar hábitos lectores, ayudar al niño a leer por placer, seleccionar lecturas y desarrollar la animación lectora. Además, debemos cumplir con los siguientes requisitos: ser lector habitual, conocer el canon de la LIJ, conocer la evolución psicológica del niño y, por último, conocer al grupo.

El fragmento de Jorge Larrosa explica la importancia de crear un hábito lector en nuestros alumnos, tratando de entender la lectura como una experiencia. Es muy importante no convertirla en algo obligatorio para no perder el interés por ella. La teoría de los polisistemas cree en la necesidad de atraer a los estudiantes, pero no infantilizarla y convertirla en “ñoña”, ya que no serviría de nada. No todos los niños son iguales y a cada uno le gusta un tipo de literatura. Desde la escuela se debe trabajar esto y saber qué es lo que le gusta a cada niño para así fomentar su gusto por la lectura y no obligar a leer libros ya seleccionados.

Como maestros, debemos ser conscientes de la importancia de la animación a la lectura (conjunto de actividades, técnicas y estrategias que persiguen la práctica de la lectura), ya que actualmente nos encontramos en una escuela en la que se enseña la educación literaria con el único fin de conseguir la alfabetización, salvo en unos pocos casos particulares de escuelas más innovadoras en las que se lee de forma crítica.