La felicidad como motor de la acción moral: de Aristóteles al utilitarismo
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La felicidad como motor de la acción moral
La acción moral tiene como finalidad alcanzar una vida buena. Diferentes corrientes filosóficas la han identificado con la conquista de la felicidad, entendida normalmente como la posesión de un determinado bien. Las teorías éticas que identifican el sumo bien con la felicidad se denominan eudemonistas. Este tipo de éticas se llaman también éticas de fines o de bienes, pues la acción moral persigue un fin muy concreto. Kant las llamó éticas materiales, ya que obedecen al esquema «si quieres ser feliz, debes hacer X».
¿Quiénes han sido sus principales representantes?
Aristóteles: la felicidad como actividad racional
Aristóteles denomina de forma general política a la ciencia que abarca la actividad moral de los hombres. Esta política, también llamada filosofía de las cosas del hombre, se subdivide en ética y en política. La ética se subordina dentro de la obra del pensador griego a la política: el individuo existe en función de la ciudad y no a la inversa. El bien supremo debe ser siempre un bien común.
El ser humano persigue siempre algún fin, que es entendido habitualmente como bien. Pueden ser, fundamentalmente, de dos tipos:
- Fines relativos: lo que perseguimos para conseguir otros fines y bienes últimos.
- Fin absoluto: fin último y supremo al cual tiende toda acción humana.
Aristóteles considera que el bien supremo y el fin absoluto de toda acción es la felicidad. Para poder dar respuesta a estas cuestiones, Aristóteles analiza aquellos bienes que distintos tipos de personas de su época consideraban necesarios para alcanzar la felicidad:
- El vulgo y los más groseros identifican la felicidad con el placer. El amor por una vida plagada de placeres corporales y goce es identificada por muchos como una vida feliz. Según esto, poco o nada nos diferencia de las bestias.
- Las personas más desarrolladas y cultas, que se dedican generalmente a la política, consideran que el bien supremo y la felicidad residen en el honor.
- El tipo de vida dedicada a amasar riquezas: los bienes materiales solo sirven como medio para conseguir otras cosas. Es un tipo de vida falso porque convierte en fin absoluto aquello que es necesario para vivir.
El bien supremo
Todo ser posee una función que le es propia y que viene determinada por su naturaleza. Este razonamiento se aplica también a las actividades humanas. Llevar a cabo lo que le es propio a cada ser se llama virtud.
El hombre, al igual que el resto de los seres, posee su propia naturaleza. El bien supremo del ser humano está en el desarrollo de lo que al hombre le es propio y le distingue del resto de seres: la actividad y el cultivo de la razón. Solo aquí, en esta cima del alma humana como motor de nuestra capacidad intelectual y racional, podemos encontrar la felicidad.
Para que una persona pueda dedicarse a esta actividad intelectual, debe disponer también de bienes materiales suficientes y de cierta tranquilidad. La encargada de proporcionar esta seguridad y tranquilidad para el desarrollo de la virtud es la polis. Por este motivo, la ética se supedita a la política, ya que la finalidad última de la sociedad es facilitar el desarrollo de nuestra virtud.
Las virtudes éticas
Las virtudes éticas se derivan de la costumbre de los hábitos a la hora de actuar. Tienen como función principal orientar nuestra conducta hacia el bien, dominando para ello los instintos irracionales. Dicho control se realiza al situar nuestros actos en el justo medio entre el exceso y el defecto. De esta manera, son catalogadas como virtudes éticas:
- El valor, justo medio entre la temeridad y la cobardía.
- La templanza, situada entre el libertinaje y la insensibilidad.
- La generosidad, entre la prodigalidad y la avaricia.
- La justicia, con respecto a las leyes del Estado.
Virtudes dianoéticas
Están relacionadas con la actividad racional:
- La sabiduría: es el aprendizaje de los primeros principios y de los efectos que se derivan de ellos.
- La prudencia: la habilidad intelectual para distinguir las cosas necesarias de las innecesarias.
Felicidad es vivir conforme a la naturaleza
La caótica situación en la que se encuentra el mundo helénico tras la muerte de Alejandro Magno propicia que la reflexión ética se centre en el concepto de naturaleza: el cinismo, el estoicismo y el epicureísmo.
Los cínicos: una vida de perros
Los cínicos eran un grupo de pensadores que integraban la escuela filosófica fundada por Antístenes, discípulo de Sócrates (y no de Aristóteles). El cínico busca una vida virtuosa y completamente libre como fuente absoluta de felicidad. Desprecia las normas sociales y busca la virtud viviendo conforme a la naturaleza.
Estoicismo: la felicidad tranquila
Zenón de Citio y Séneca son sus principales figuras. La ética estoica puede resumirse en la siguiente sentencia: vive de acuerdo con la naturaleza. Esta serenidad surge cuando ejercemos un control absoluto sobre nuestras pasiones.
Epicureísmo: evitar el dolor y buscar el placer
El epicureísmo es la doctrina filosófica inspirada en los escritos de Epicuro de Samos. Esta corriente defiende que la felicidad reside en el goce y el placer, tanto del alma como del cuerpo.
Felicidad para muchos: el utilitarismo
El utilitarismo surgió a finales del siglo XVIII en Inglaterra. Sus representantes son Jeremy Bentham y John Stuart Mill. Los utilitaristas identifican la felicidad y la justicia con el bien social (por ejemplo, que todo el mundo tenga acceso a la educación, y no solo unos pocos). Nuestros actos deben realizarse teniendo en cuenta cuál de ellos producirá el mayor bien posible. Este fin moral es el llamado principio de utilidad o beneficio: en todo lo que hacemos ha de perseguirse el mayor excedente de bien sobre el mal.
Según Bentham, el interés general de la comunidad se mide por la suma de los intereses individuales. No importa la situación social o económica de las personas: cada uno de los intereses individuales tiene que tener el mismo peso en la medición del bienestar general. Con independencia de lo que sean el bien y el mal, este principio necesita que puedan medirse y compararse entre sí mediante algún método cuantitativo.
Límites del utilitarismo
El utilitarismo soluciona en buena medida el problema del individualismo que planteaban tanto el cinismo como el hedonismo (para estas corrientes filosóficas se persigue la felicidad individual). Presenta, sin embargo, serias limitaciones a la hora de aplicar el principio de utilidad. Dos grandes cuestiones: