Explorando la Poesía Española de Posguerra: Temas, Autores y Tendencias
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Poesía Española de Posguerra
Durante la Guerra Civil, las proclamas ideológicas o políticas, las arengas a los combatientes y las descalificaciones y burlas del enemigo pasan a ser la materia de la poesía en los dos bandos de lucha. A causa de esta servidumbre, no se crea una obra de calidad, aunque la abundante producción poética de esos años suponga un importante testimonio histórico. Además, las características de la poesía de ambos bandos fueron en parte similares: preferencia por las formas populares y visión maniquea del conflicto.
El final de la guerra supuso en la práctica un año cero de la poesía en España. Con Unamuno, Lorca, Machado muertos, con Miguel Hernández encarcelado y con el exilio de Alberti, Salinas, etc., la Segunda Edad de Oro había llegado a su fin. Así se dio una doble división en la cultura: por un lado, los que se quedaron, por otro lado, la España Peregrina, derrotada y desperdigada por el mundo.
Miguel Hernández
Autodidacta, defensor de la República, soldado prisionero, murió en la cárcel en 1942. Su obra, de perfección formal, impregnada de emoción intensa y hondo contenido humano, presenta tres núcleos temáticos: amor, muerte y dolor; vida y esperanza. Su evolución poética es un proceso de asimilación y experimentación; ideológica, del catolicismo a la militancia republicana. Antes de la guerra (Perito en lunas, El rayo que no cesa) busca un lenguaje poético propio e influencia gongorina y vanguardista. En 1937-38 adopta un tono social, comprometido con la realidad, como en Viento del pueblo, poesía de lucha en defensa del pueblo oprimido, con estrofas de verso largo y barroquismo, lenguaje sencillo y apasionado. Sus últimos poemas (desde la cárcel) se encuentran en Cancionero y romancero de ausencias (incluyendo Nanas de la cebolla), poemas cortos, en arte menor, concisos, con escasas pero precisas imágenes y un estilo sobrio.
Tendencias Poéticas de la Posguerra
Poesía del Destierro
Es difícil encontrar características comunes en la poesía del exilio, porque no todos los poetas poseían la misma ideología y porque la dispersión geográfica fue muy grande. Sin embargo, hay algunos rasgos comunes: su mayor preocupación fue España, la patria perdida. Al principio, se reflejan los sentimientos más primarios hacia la madre cruel con sus hijos. Más tarde, la añoranza de la tierra, el deseo de volver a verla, los recuerdos dulces o amargos, van calmando el tono exaltado y creando un clima de serenidad a partir del cual el poeta recupera cuestiones olvidadas y ahonda en su experiencia, devolviendo así a la poesía un tono más lírico y personal.
Años 40: Poesía Arraigada
El grupo Escorial y los garcilasistas. La lírica de posguerra la inician los jóvenes poetas que habían surgido antes de la contienda, a los que se ha denominado como Generación del 36 o El Grupo de Escorial. Escorial fue una revista de la Falange nacida en 1940 que acogió a poetas como Luis Rosales, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo. El tipo de poesía que cultivan está en sintonía con la idea imperial y épica de España que difunden los vencedores de la guerra. Sus características más destacadas son: el cultivo de una temática heroica o imperialista junto con temas amorosos o religiosos; el empleo de estrofas y metros clásicos, especialmente el soneto, inspirados en el Siglo de Oro. Por su parte, la revista Garcilaso nace en 1943 con apoyo oficial y dirigida por José García Nieto. El grupo que publicó en ella se autodenominó juventud creadora. La invocación al poeta del siglo XVI justifica, a ojos de estos jóvenes, el empleo casi exclusivo del endecasílabo y el soneto. La perfección formal de sus composiciones refleja una visión del mundo optimista, alejada de la triste realidad de esos años.
Poesía Desarraigada
1944: año considerado del auténtico nacimiento de la poesía de posguerra. Dos poetas del 27 y una revista de provincias propiciaron la renovación: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso. En conexión con el existencialismo de la época, muestra la conmoción del poeta ante un mundo sacudido por el terror. Dios permanece en un silencio cómplice y el poeta le pide cuentas, le interroga sobre la finalidad de tanta destrucción. El léxico empleado, lleno de palabras antipoéticas, traduce el malestar del que nacen los versos. Vicente Aleixandre publica ese año Sombra del Paraíso. El mundo aparece como un posible paraíso que el hombre se ha empeñado en ocultar y destruir. La presencia de vetas surrealistas y neorrománticas sirve de enlace con la poética de preguerra. Espadaña, revista dirigida por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora, adoptó una postura beligerante contra Garcilaso. Defiende una poesía comprometida con las circunstancias del hombre de su tiempo, su combatividad ante la poesía lujosa y su vinculación con la poesía del 27.
Poesía Existencial
Los dos extremos poéticos vistos hasta ahora (poesía arraigada y desarraigada) se completan con nuevos poetas que podemos reunir bajo la etiqueta de poesía existencial. José María Valverde y Carlos Bousoño relacionan el drama humano con aspectos metafísicos o religiosos de la existencia.