Esperando a Godot: Símbolos y Reflexiones en la Obra de Beckett

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Esperando a Godot

Contenido del fragmento y su relación con la totalidad de la obra

La obra clásica del teatro del absurdo presenta a dos vagabundos: Vladimiro (Didi) y Estragón (Gogo) que esperan cerca de un árbol la llegada de Godot. Mientras esperan, pierden el tiempo con juegos verbales, haciéndose preguntas, pensando en suicidarse o marcharse, encontrándose y desencontrándose en el mismo lugar. Reciben, asustados, la visita de Pozzo y Lucky, un amo y un esclavo, y escuchan el largo monólogo que finalmente dice que el hombre y su cerebro, a pesar del progreso, se están encogiendo. Luego reciben a un muchacho que les trae un mensaje de Godot. El segundo acto se desarrolla igual que el primero con algunas variantes. Al final de la obra, siguen esperando entre la alternativa de un Godot que nunca llega y un suicidio que nunca se consuma.

El decorado consta de tres elementos altamente simbólicos, en el marco de la desnudez casi absoluta del decorado: un camino que no sabemos de dónde viene ni adónde va; un árbol, y la noche, el tiempo de la ausencia de la luz, de la oscuridad.

Este fragmento, que concluye el segundo acto de En attendant Godot (Esperando a Godot, 1953) es, de alguna manera, la recapitulación de toda la obra y su avance hasta un punto final que, por otro lado, conecta casi circularmente con el principio. No hay salida. Observamos, hasta el último momento de la representación, una situación sin sentido, en la que incluso los elementos más humorísticos adquieren ciertos matices tétricos de implicaciones metafísicas. El texto sigue a la salida del muchacho que apareció —tras el abandono definitivo de la escena de Lucky y Pozzo— para avisar que Godot no llegaría esa noche. Vladimir y Estragón vuelven a plantearse, de nuevo, la posibilidad del suicidio en el árbol (un sauce) del que Vladimir había dicho "Sólo el árbol vive". El texto se inicia en el justo instante en el que la cuerda se rompe y se frustra la posibilidad del suicidio, que no descartan, pero que aplazan. "Nos ahorcaremos mañana. (Pausa.) A menos que venga Godot", dirá Vladimir.

Aspectos formales del texto

En el texto encontramos dos partes diferenciadas: las acotaciones y los diálogos. Las acotaciones hechas por el autor sirven para señalar los silencios y las pausas que reflejan los momentos reflexivos, tan importantes en esta obra de escasa acción dramática y desnudez escénica; y para explicar las acciones de los personajes (la ruptura de la cuerda, el gesto de ponerse el sombrero y el inmovilismo). Obsérvese la ironía del nombre del personaje Lucky (suerte).

La ausencia de argumento y de acción dirige al espectador o al lector a centrarse en las palabras. El diálogo, sin ningún artificio retórico, plagado de oraciones simples y exclamativas, se presenta incoherente, incongruente; o bien no se contestan, o no se escuchan, (Estragón pregunta: "¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor"; Vladimir contesta: "Nos ahorcaremos mañana"). Falta la continuidad lógica en la comunicación, reflejando de este modo la incomunicación del ser humano, la soledad. Parecen vagabundos, seres desahuciados, frágiles y disparatados que nos recuerdan a la pareja de El Gordo y el Flaco. Ambos tienen necesidad del otro, pero también piensan que están mejor solos. Ante la falta de otra cuerda, se proponen ahorcarse con la cuerda del cinturón de Estragón (de ahí las referencias al pantalón que se le cae).

El texto proclama la inutilidad de las cosas, incluso de la cuerda que ha de ser instrumento para el suicidio, para poner término a una espera sin sentido: "No sirve para nada", dirá Vladimir. Estragón proclamará, una vez más, su desesperación: "No puedo seguir así", afirmación que Vladimir relativiza. También vuelven los temas recurrentes de la separación y del suicidio, para cifrar toda esperanza en algo que ni siquiera saben de qué se trata, porque si llega Godot "Nos habremos salvado". Tal vez por esa afirmación, algunos críticos han considerado que Godot, el protagonista ausente, el que da título a la obra, el que nunca aparece, tal vez sea Dios (God en inglés), aunque Beckett lo negase.