El Cuento en Hispanoamérica: Evolución, Técnicas y Autores Clave del Siglo XX
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El Cuento en Hispanoamérica en el Siglo XX
El cuento es un subgénero muy cultivado que alcanza gran prestigio literario y madurez en esta época. En la literatura hispanoamericana del siglo XX, el cuento experimenta los mismos cambios que la novela. Estas innovaciones pueden resumirse en los siguientes aspectos:
Estructura
Una de las novedades más importantes es que, en ocasiones, no se sigue la organización tradicional del cuento (introducción, nudo y desenlace), sino que los relatos se inician in medias res, es decir, cuando el conflicto está avanzado; o bien, comienzan hacia el final de los hechos.
Técnica
Se prefieren los relatos en primera y tercera persona. Los escritores se valen de la presencia de varios personajes narrativos para ofrecer diversos puntos de vista. Para aumentar la tensión narrativa, se emplean diversas técnicas: postergar la información o los elementos que espera el lector, proporcionar pistas falsas...
Temática y ambientación
Durante las primeras décadas del siglo, el cuento se acerca al Realismo. Más tarde, hacia mediados de siglo, se introducen en los cuentos atmósferas oníricas, fantásticas e inquietantes de la mano de autores como el argentino Jorge Luis Borges (Historia universal de la infamia, El Aleph, El libro de arena…), el argentino Julio Cortázar (Historias de cronopios y de famas, La vuelta al día en ochenta mundos, Bestiario…), el colombiano Gabriel García Márquez (Los funerales de la Mamá Grande), el mexicano Juan Rulfo (El llano en llamas), etc.
Juan Rulfo: Un Maestro del Cuento y la Novela Corta
Juan Rulfo (México, 1918-1969) es una figura clave en la literatura hispanoamericana. Su obra se reduce a un libro de relatos, El llano en llamas (1953), y una novela corta, Pedro Páramo (1955).
El llano en llamas: Un Retrato de la Desolación
Los dieciséis cuentos de El llano en llamas presentan un mundo cerrado, hostil, en el que habitan unos personajes solitarios, agobiados por diversos sentimientos de culpa y rodeados por un paisaje de llanuras desoladas e inhóspitas, que le sirven al autor para meditar sobre temas humanos de alcance universal: la incomunicación, la soledad, la violencia, el dolor, el sufrimiento, el destino, la fatalidad, la muerte...
Técnicamente, incorpora elementos novedosos: empleo del monólogo interior, cambios del punto de vista de la narración, ruptura del orden cronológico lineal, reiteración de sucesos que crean un clima de angustia y producen sensación de intemporalidad, etc. La mayoría de las historias se narran en primera persona, y en el lenguaje se mezclan rasgos dialectales y populares del habla de los campesinos, con un estilo poético.
Pedro Páramo: Un Viaje al Mundo de los Muertos
En Pedro Páramo, Juan Preciado busca por desolados parajes, los de la región de Comala, al padre que lo abandonó, Pedro Páramo. El protagonista encuentra un pueblo deshabitado, lleno de fantasmas, en el que él mismo muere de terror: luego, los difuntos le narran los hechos acaecidos en Comala en vida de Pedro Páramo. Comala es un espacio mítico (como el Macondo de las obras de García Márquez) donde reina la violencia y el despotismo feudales de Pedro Páramo, pero, sobre todo, representa el ámbito fantasmal de la muerte. Es un pueblo abandonado y maldito, real e irreal al mismo tiempo, mundo de pesadilla y purgatorio de culpas.
La intemporalidad y la indefinición espacial sirven para crear un universo mítico en el que lo fantástico e imaginario apenas puede distinguirse de lo cotidiano, de lo real. La novela incorpora aspectos de la tradición mexicana de la muerte, considerada como algo cotidiano, y creencias populares como la de las almas en pena.
Técnicamente, el ambiente fantasmal, de borrosas fronteras entre la vida y la muerte, se logra mediante la dislocación temporal y la fragmentación y reiteración de las historias, que dan la impresión de tiempo circular y eternamente repetido, a lo que también contribuyen las abundantes elipsis argumentales y la presentación en eco de las vidas de los personajes, cuyos datos inconexos conocemos por lo que de ellos recuerdan otros personajes.
Estilísticamente, hay concentración expresiva (nada sobra). Monólogos interiores, diálogos contrapunteados, cambios repentinos de perspectiva narrativa, etc., son, como en los cuentos, muestra de las innovaciones narrativas de Rulfo, que recuerdan a las de otros grandes novelistas del siglo XX.