Existencialismo en la Generación del 98
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TEMA 8 : En las primeras décadas del Siglo XX se produce una renovación de la novela.
Se percibe en la nueva generación de novelistas un cansancio del Realismo decimonónico. Esta crisis del Realismo decimonónico y esta ansia de renovación hay que enmarcarlas en un contexto propicio para el cambio y la experimentación. En efecto, el tránsito del Siglo XIX al XX había visto nacer el Modernismo y su aire liberador, que había renovado por completo la poesía desde Baudelaire y los Simbolistas. La superación definitiva del Realismo y la experimentación audaz llevada a cabo por las Vanguardias desde 1907 hasta las Segunda Guerra Mundial (1939-1945) influyeron decisivamente en la voluntad renovadora de los novelistas de principios de siglo. Por ello, la renovación empezará a producirse fundamentalmente después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), incorporando las innovaciones de las Vanguardias, pero también aspectos filosóficos e incluso científicos, que estaban renovando profundamente las corrientes de pensamiento del mundo. Nos referimos, en primer lugar, al psicoanálisis de Sigmund Freud, cuya aplicación a la literatura –y al resto de artes– fue tan fructífera: puso de nuevo de moda –ya lo había investigado el Romanticismo– el Irracionalismo, ensanchando enormemente las perspectivas de los artistas al abrirles el inquietante mundo del subconsciente.
Por otro lado, la Teoría de la Relatividad de Einstein había favorecido el cuestionamiento de los posicionamientos estáticos y absolutos. La nueva relativización de la realidad está detrás, por ejemplo, de la crisis del narrador omnisciente carácterístico del Realismo decimonónico; del cuestionamiento de la objetividad a la que aspiraba también el Realismo-Naturalismo; del auge, en consecuencia, del Subjetivismo y la Fenomenología, es decir, de la focalización en la percepción interior de la realidad; del multiperspectivismo del Cubismo y de la técnica del contrapunto de Faulkner o Huxley, etc. Finalmente, no hay que olvidar la influencia de dos corrientes filosóficas. La primera es el vitalismo y espiritualismo de Henri Bergson, que cuestiónó la frialdad objetivista del Positivismo poniendo el énfasis en la subjetividad y espiritualidad humana; su idea del élan vital (‘Impulso vital’) y, sobre todo, su concepción del tiempo (polemizó sobre este aspecto con su contemporáneo Einstein) como duración fueron muy influyentes. La durée bergsoniana podemos rastrearla en poetas –Antonio Machado– y novelistas –Marcel Proust y Thomas Mann, especialmente– de principios de Siglo XX. La segunda corriente filosófica influyente en la novelística de principios (y de mediados) del Siglo XX es el Existencialismo.
Recordemos que el germen de esta corriente de pensamiento, que se remonta a comienzos del Siglo XIX, se encuentra en Sören Kierkegaard,Nietzsche y Schopenhauer, tres pensadores que influyeron decisivamente en la Generación del 98, especialmente en Baroja (Camino de perfección, 1902), Azorín (La voluntad, 1902) y Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida). Aunque el Existencialismo no es una escuela sistematizada –quizá un novelista, Dostoyevski, sea uno de sus máximos exponentes–, podemos resumir diciendo que esta filosofía se basa en el análisis de la condición humana, en la propia Existencia. Otros temas sobre los que los filósofos existencialistas reflexionan recurrentemente son la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, el significado de la vida y la relación del hombre con Dios. La angustia provocada por la incredulidad, la duda o la ausencia de Dios podemos rastrearla en muchos poetas (Pessoa)
, novelistas (Unamuno) o dramaturgos (Beckett)
. Después de la Segunda Guerra Mundial, con Europa destrozada y el mundo sumido en una crisis profunda de valores, el Existencialismo cobrará un nuevo impulso de la mano de Jean-Paúl Sartre (La náusea) y Albert Camus (El extranjero). El primero proporciónó una de las más célebre máximas del Existencialismo: “la existencia precede a la esencia”.
Se percibe en la nueva generación de novelistas un cansancio del Realismo decimonónico. Esta crisis del Realismo decimonónico y esta ansia de renovación hay que enmarcarlas en un contexto propicio para el cambio y la experimentación. En efecto, el tránsito del Siglo XIX al XX había visto nacer el Modernismo y su aire liberador, que había renovado por completo la poesía desde Baudelaire y los Simbolistas. La superación definitiva del Realismo y la experimentación audaz llevada a cabo por las Vanguardias desde 1907 hasta las Segunda Guerra Mundial (1939-1945) influyeron decisivamente en la voluntad renovadora de los novelistas de principios de siglo. Por ello, la renovación empezará a producirse fundamentalmente después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), incorporando las innovaciones de las Vanguardias, pero también aspectos filosóficos e incluso científicos, que estaban renovando profundamente las corrientes de pensamiento del mundo. Nos referimos, en primer lugar, al psicoanálisis de Sigmund Freud, cuya aplicación a la literatura –y al resto de artes– fue tan fructífera: puso de nuevo de moda –ya lo había investigado el Romanticismo– el Irracionalismo, ensanchando enormemente las perspectivas de los artistas al abrirles el inquietante mundo del subconsciente.
Por otro lado, la Teoría de la Relatividad de Einstein había favorecido el cuestionamiento de los posicionamientos estáticos y absolutos. La nueva relativización de la realidad está detrás, por ejemplo, de la crisis del narrador omnisciente carácterístico del Realismo decimonónico; del cuestionamiento de la objetividad a la que aspiraba también el Realismo-Naturalismo; del auge, en consecuencia, del Subjetivismo y la Fenomenología, es decir, de la focalización en la percepción interior de la realidad; del multiperspectivismo del Cubismo y de la técnica del contrapunto de Faulkner o Huxley, etc. Finalmente, no hay que olvidar la influencia de dos corrientes filosóficas. La primera es el vitalismo y espiritualismo de Henri Bergson, que cuestiónó la frialdad objetivista del Positivismo poniendo el énfasis en la subjetividad y espiritualidad humana; su idea del élan vital (‘Impulso vital’) y, sobre todo, su concepción del tiempo (polemizó sobre este aspecto con su contemporáneo Einstein) como duración fueron muy influyentes. La durée bergsoniana podemos rastrearla en poetas –Antonio Machado– y novelistas –Marcel Proust y Thomas Mann, especialmente– de principios de Siglo XX. La segunda corriente filosófica influyente en la novelística de principios (y de mediados) del Siglo XX es el Existencialismo.
Recordemos que el germen de esta corriente de pensamiento, que se remonta a comienzos del Siglo XIX, se encuentra en Sören Kierkegaard,Nietzsche y Schopenhauer, tres pensadores que influyeron decisivamente en la Generación del 98, especialmente en Baroja (Camino de perfección, 1902), Azorín (La voluntad, 1902) y Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida). Aunque el Existencialismo no es una escuela sistematizada –quizá un novelista, Dostoyevski, sea uno de sus máximos exponentes–, podemos resumir diciendo que esta filosofía se basa en el análisis de la condición humana, en la propia Existencia. Otros temas sobre los que los filósofos existencialistas reflexionan recurrentemente son la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, el significado de la vida y la relación del hombre con Dios. La angustia provocada por la incredulidad, la duda o la ausencia de Dios podemos rastrearla en muchos poetas (Pessoa)
, novelistas (Unamuno) o dramaturgos (Beckett)
. Después de la Segunda Guerra Mundial, con Europa destrozada y el mundo sumido en una crisis profunda de valores, el Existencialismo cobrará un nuevo impulso de la mano de Jean-Paúl Sartre (La náusea) y Albert Camus (El extranjero). El primero proporciónó una de las más célebre máximas del Existencialismo: “la existencia precede a la esencia”.