Evolución del Carlismo y el Republicanismo en la España de finales del siglo XIX

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El Carlismo tras la Tercera Guerra Carlista

El general Martínez Campos puso fin a la 3ª Guerra Carlista en 1876 con la derrota del pretendiente Carlos VII, quien fue obligado a abandonar España. Esta derrota no supuso la desaparición del movimiento, sino que desencadenó una profunda crisis interna. Podemos distinguir dos etapas en este periodo:

Primera etapa: Desorganización y divisiones (hasta 1888)

Durante estos años, el partido sufrió una notable desorganización. El intento de renovación llegó de la mano del asturiano Juan Vázquez de Mella, quien propuso un programa conocido como el Acta de Loredan. En él, se mantenía la vigencia de principios tradicionales como:

  • La unidad católica.
  • El fuerismo.
  • La autoridad del pretendiente carlista.
  • La oposición frontal al sistema democrático.

La disgregación se acentuó en 1888 con la escisión de los integristas, liderados por el fundador del Partido Católico Nacional. Estos, contrarios a la participación política y defensores de la intransigencia católica, renunciaron a la obediencia a don Carlos.

Segunda etapa: Reorganización y neocatolicismo (1888-1890)

A partir de 1888-1890, triunfaron los llamados neocatólicos. Estos llevaron a los carlistas a participar activamente en la vida política y a reorganizar el partido mediante la creación de juntas y círculos carlistas, que llegaron a obtener un centenar de escaños. Asimismo, se creó una fuerza paramilitar para luchar contra la República y la anarquía: el Requeté.

El Republicanismo en España

El republicanismo español presentó una marcada división interna con diferentes tendencias ideológicas:

  • Republicanos posibilistas: Seguidores de Castelar, defendían una democracia conservadora.
  • Federales: Liderados por Pi i Margall, mantuvieron sus planteamientos federalistas y buscaron un reformismo social para mejorar las condiciones de la clase obrera.
  • Partido Republicano Progresista: El sector más radical, encabezado por Ruiz Zorrilla, intentó derribar la monarquía mediante pronunciamientos militares.
  • Unionistas: Liderados por Nicolás Salmerón, eran partidarios del centralismo estatal y representaban el liberalismo de un sector de la burguesía.

El proyecto común de los republicanos era establecer la República como forma de gobierno, comenzando a prestar atención a los problemas de las clases populares. Finalmente, cabe destacar que en 1890 se implantó el sufragio masculino universal.