Etimología de fenomenología

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Fenomenología:


En sentido general y etimológico, fenomenología significa la descripción de lo que aparece a la conciencia, el fenómeno. Su uso filosófico se inicia en el Siglo XVIII, y ya Hegel ahonda en el sentido del término y lo aplica al camino vivencial que recorre la conciencia hasta llegar al saber absoluto o ciencia.
Pero, en sentido propio, se entiende por fenomenología la teoría filosófica de Edmund Husserl (1859 – 1938) y de las escuelas de fenomenólogos que le siguieron. Sobresalen, entre ellos, Scheler, Hartmann, Merleau-Ponty. Es preciso destacar también la influencia posterior de la fenomenología en corrientes como la llamada “filosofía de la existencia”, en concreto, en Sartre y Heidegger.

La fenomenología se gesta en Husserl como una crítica a la teoría de conocimiento de carácter psicologista que dominaba la época, y que había hecho de la psicología el fundamento de la ciencia.

Husserl llama, en primer lugar, fenomenología a un método que permite describir el sentido de las cosas vivíéndolas como fenómenos de conciencia. Se trata de una tarea de clarificación para poder llegar “a las cosas mismas” partiendo de la propia subjetividad, de la propia conciencia, cuya carácterística fundamental es la intencionalidad, el estar referida a algo. El método fenomenológico consiste en suspender el juicio (epojé) o poner entre paréntesis el mundo de nuestras percepciones, lo que Husserl denominó “actitud natural”, para alcanzar así una experiencia de la realidad fenoménica pura. En esta realidad fenoménica el fenomenólogo intenta captar lo esencial, las esencias o formas universales de las cosas. El resultado de esta reducción es tanto la aparición de lo que se da a conocer a la conciencia como también el que todo es conciencia. Queda así constituido sujeto o conciencia trascendental, de la que surge el mundo conocido.

La fenomenología, sin embargo, no sólo es un método para llegar una actitud filosófica desde una actitud natural; Husserl la considera la “ciencia de las esencias” y la identifica con un “idealismo trascendental”. Por ello, como sucede con la filosofía trascendental de Kant, no es sólo una crítica del conocimiento, sino también una fundamentación del saber. En este sentido, Husserl la considera fundamento de las demás ciencias y la ciencia universal que buscaba Descartes.

Estructuralismo:


Corriente de pensamiento de la segunda mitad del Siglo XX, que agrupa una serie de autores provenientes de diversas disciplinas y saberes. Fue iniciado en la década de los 60, por Claude Lévi-Strauss (1908), en etnología, y le siguieron posteriormente Jacques Lacan (1901 – 1981), en psicoanálisis, Louis Althusser (1918 – 1990), en el estudio del marxismo, y Michel Foucault (1926 – 1984), en Historia o “arqueología del saber”; sin embargo, los dos últimos rechazaron explícitamente el calificativo de “estructuralistas”.

En general, puede decirse que el estructuralismo no es una “escuela”, sino un enfoque metodológico para las llamadas “ciencias humanas” (lingüística, etnología o antropología cultural, historia,…) que, sin embargo, posee implicaciones filosóficas. Este enfoque gira en torno al concepto de “estructura”, que cabe entender como el modo en que las partes de un todo de la clase que sea que se conectan entre sí. Interpretado de esta forma, el estructuralismo podría definirse como una atenta disposición a tener en cuenta la interdependencia y la interacción de las partes dentro del todo. El modelo de estructura en el que se fijan los primeros estructuralistas es el lenguaje tal como lo entendía Ferdinand de Saussure en su Curso de lingüística general (1916). He aquí una de sus fuentes fundamentales. Sin embargo, es preciso resaltar también la relación tan estrecha que estos autores mantuvieron asimismo con Marx, Nietzsche y Freud, a quienes leen y reinterpretan, y desde los cuales elaboran la crítica de la imagen que el hombre occidental se hace o se hizo de sí mismo a través de la teología, la filosofía, la moral y la propia ciencia.

Teoría crítica :


Expresión bajo la que la Escuela de Frankfurt recoge su proyecto y tarea. La Escuela de Frankfurt agrupa una serie pensadores (Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm,…), surgidos en torno al “Instituto de Investigación Social” de la Universidad de Frankfurt, fundado en 1924, y que se propone principalmente una reflexión crítica (inicialmente de inspiración marxista) sobre la sociedad post-industrial y el concepto de “razón” que de alguna manera le ha propiciado.

La teoría crítica no designa un conjunto de doctrinas, sino una particular concepción metodológica de lo que debe ser una teoría social. Pero para comprender adecuadamente qué es la teoría crítica, ésta ha de distinguirse con claridad, según los frankfurtianos, de la teoría tal como fue concebida “tradicionalmente”. La teoría tradicional posee las siguientes carácterísticas: -Se entiende como la formulación de “principios generales” y últimos que describen interpretan el mundo. -Es una teoría general y abstracta, que se considera autónoma e independiente del marco histórico y social en que surge. -Se trata de una teoría “pura”, en el sentido de que cabe entenderla como una “mera” teoría.

Por el contrario, la teoría crítica viene caracterizada del modo siguiente: -Desde un planteamiento básico marxista, la teoría está enraizada en el marco y contenido social del pensamiento, e interrelacionada con la instancia material-económica. -Sabe que es un riesgo de toda teoría el devenir una “forma ideológica” de la estructura básica de la sociedad, y que así ha acaecido con el pensamiento filosófico moderno, que ha devenido una forma ideológica del último capitalismo. La teoría debe tener la fuerza, el valor, y la libertad para “criticarse” a sí misma y evitar el devenir ideológico. -A la teoría crítica no se oculta la estrecha relación entre el conocimiento y acción, entre teoría y praxis, entre razón teórica y razón práctica. En este sentido la Escuela de Frankfurt han mostrado la falsedad de la pretendida neutralidad valorativa de la teoría, y en particular, de la ciencia. La teoría crítica ha de estar al servicio de la transformación práctica de la sociedad.