Ética Aristotélica: Virtud, Prudencia y el Justo Medio para la Felicidad

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Tipos de Virtudes según Aristóteles

Aristóteles diferencia dos clases de virtudes, éticas y dianoéticas, que corresponden con las partes del alma humana (sensitiva y racional). Así, las virtudes éticas (justicia, moderación, etc.) perfeccionan la función sensitiva de los deseos o pasiones, mientras que las virtudes dianoéticas (sabiduría, prudencia...) perfeccionan la función racional.

Virtudes Éticas y el Término Medio

Las pasiones van acompañadas del placer y el dolor, y son las que nos hacen actuar. En ellas no es bueno ni el exceso ni el defecto. Así, la virtud ética tiende al término medio y se adquiere por costumbre y ejercicio (por repetición de acciones que generan hábitos de conducta). Por tanto, consiste en la disposición a elegir el término medio en las pasiones y acciones (necesario) entre dos extremos, y que sea determinado por la razón y la prudencia. Este término medio es, respecto al bien, un extremo.

Virtudes Dianoéticas o Intelectuales

Las virtudes dianoéticas o intelectuales se refieren a hábitos que se originan por la enseñanza y que facilitan un buen funcionamiento de la parte pensante del alma, la cual tiene varias funciones: la contemplativa, que es el conocimiento de lo universal, y funciones prácticas y productivas, que están sobre lo particular. Por tanto, hay tres clases de virtudes intelectuales: contemplativas, prácticas y productivas.

La Prudencia (Phronesis)

Desde el punto de vista ético, la más importante es la virtud práctica de la prudencia (saber lo que es bueno o malo para el hombre y para la comunidad política). La virtud ética enseña a elegir el fin o el bien en la acción (el término medio), y la prudencia delibera sobre los medios que permiten alcanzarlo y dice al ser humano cuál es el término medio correspondiente para él.

La Voluntad y la Crítica al Intelectualismo Socrático

La ética aristotélica polemiza con Sócrates y su tesis intelectualista de que la virtud es conocimiento y que se actúa mal por ignorancia. Aristóteles piensa que esa virtud es voluntaria y también que el mal o vicio son voluntarios y no dependen solo del conocimiento. Es decir, el conocimiento de lo que es justo no nos hace practicar la justicia, sino el esfuerzo de desarrollar buenos hábitos o virtudes. La persona que persigue los excesos de los placeres en las pasiones ya no ve el bien verdadero. Y Aristóteles atribuye tal conducta a la elección de cada uno, pues si fuera por ignorancia no sería censurable. Por eso concluye que la moderación es la salvaguardia de la prudencia y que el hombre prudente persigue liberarse de los excesos en los placeres y tener la parte apetitiva del alma dispuesta por las virtudes éticas (ser justo, fuerte y templado).

Sabiduría, Felicidad y Bienestar

Por último, cabe destacar que para Aristóteles la sabiduría es la perfección de la función más elevada y propia del ser humano, del intelecto (posee en sí algo de divino); por tanto, en ella se halla la felicidad más alta. El ser humano sabio y prudente también necesitará bienestar material moderado para ser feliz y alcanzar en plenitud su desarrollo.