La España de la Restauración: republicanos, anarquistas, socialistas y el sistema de Cánovas
Los republicanos
Los republicanos: el republicanismo tuvo una influencia considerable entre los medios intelectuales, ya que representaba la opción reformista en materia social y liberal en cuestiones políticas. Así, el republicanismo estaba fragmentado en varios grupos y tendencias de escasa importancia y carentes de fuerza política:
- El grupo del exiliado Ruiz Zorrilla, que pretendía derrocar el régimen mediante la conspiración.
- La Unión Republicana, dirigida por Salmerón, y nacida de la escisión del grupo de Ruiz Zorrilla tras el fracaso de las conspiraciones golpistas.
- Pi i Margall fue el líder de la tendencia federalista.
- El Partido Posibilista, dirigido por Castelar, defendía la opción más moderada. Su programa se basaba en el mantenimiento del orden y de la autoridad por encima de cualquier otra cuestión. En cuanto a política social, proponían diversas medidas reformistas.
En las elecciones de 1893 los republicanos obtuvieron un importante éxito, al conseguir 43 diputados a Cortes y ser la fuerza mayoritaria en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia.
Los anarquistas
Los anarquistas: la posibilidad de actuar en legalidad, gracias a la Ley de Asociaciones, llevó a los anarquistas a fundar, tras el congreso de Barcelona, la Federación de Trabajadores de la Región Española, que alcanzó gran desarrollo en poco tiempo. Andalucía y Cataluña fueron las regiones donde su implantación fue mayor.
Las tendencias anarquistas que lograron mayor desarrollo en España fueron las seguidoras de las teorías de Bakunin, quien proponía la colectivización total, excepto el fruto del trabajo, y de Kropotkin, el cual defendía que todo, sin excepción, fuera colectivizado. Había diferencias en cuanto a métodos para cambiar la sociedad: en Cataluña, más industrializada, se proponía la huelga, y en Andalucía, acuciada por problemas de paro y subsistencia, se llevaron a cabo acciones más violentas. En general, el movimiento anarquista era pacifista.
La Constitución de 1876
La Constitución de 1876: Cánovas convocó una asamblea de notables para redactar un borrador que recogiera el proyecto político que él mismo había concebido. Durante la elaboración del texto, se discutió si restablecer el de la Constitución de 1845 o el de la de 1869. Se intentó una nueva redacción que integrara ambos textos y donde se recogieran las ideas de la Constitución de 1845. Se logró así una constitución de contenido conciliador.
La declaración de derechos se caracterizó por su sobriedad; además, su regulación se remitía a leyes ordinarias, con lo que los derechos constitucionales quedaban al arbitrio del gobernante, que podía restringirlos o suspenderlos a discreción. En el aspecto religioso se produjo un retroceso con respecto a la Constitución de 1869. La libertad de entonces quedó ahora reducida a la tolerancia. El artículo 11 proclamó la confesionalidad católica del Estado, aunque nadie podría ser molestado por sus opiniones religiosas ni por el ejercicio privado de su culto.
La división de poderes recoge un equilibrio constitucional. El Rey, titular del ejecutivo, nombra a los ministros, que responderán ante la doble confianza de la Corona y de las Cortes. Al poder legislativo residía en el Rey y en las Cortes. El Rey gozaba del derecho de veto sobre cualquier iniciativa legislativa. Las Cortes eran bicamerales. El Senado tenía una estructura claramente oligárquica, que se nutría de senadores por derecho propio, de personas designadas directamente por el Rey y de algunos miembros electos. Los miembros del Congreso de los Diputados eran elegidos siguiendo el modelo elaborado en la Constitución de 1845. El país se dividía en distritos uninominales, aunque en las ciudades más importantes se crearon circunscripciones que elegían a varios diputados.
Los socialistas
Los socialistas: el Partido Democrático Socialista Obrero Español se fundó en 1879, y tras diez años consiguió constituirse legalmente gracias a la Ley de Asociaciones. En 1886 se creó el periódico socialista El Socialista, principal medio de difusión de las ideas socialistas, grupo formado por Pablo Iglesias. En 1888 se celebraron los congresos constitutivos del PSOE y de la UGT.
En el programa fundacional del partido quedaba patente el ideal de la nueva organización política: completa emancipación de la clase trabajadora, la abolición de clases, transformación de la propiedad individual en propiedad colectiva y control del poder político por la clase trabajadora.
En 1890, siguiendo las directrices de la Segunda Internacional, comenzó la celebración del 1 de mayo; se iniciaba así el ritual de manifestaciones, consignas y concentraciones que habrían de influir en la toma de conciencia del mundo obrero. A partir de ahí, el partido socialista participó en solitario en todos los procesos electorales, adoptando así una política aislacionista. La crítica con el reclutamiento y contra la propia guerra colonial le atrajo las simpatías populares, y a partir de ahí sus primeros representantes en las Cortes.
El Manifiesto de Sandhurst
El Manifiesto de Sandhurst: mientras el general Serrano buscaba la estabilidad política del país, Cánovas trabajaba para restaurar la monarquía constitucional en la persona del hijo de Isabel II. Con este objetivo creó el partido alfonsino, en el que aglutinó a todos los liberales conservadores, y presidió la reina para que abdicara en su hijo. Así, hizo publicar el Manifiesto de Sandhurst, con el que puso en España un verdadero régimen constitucional.
Mientras Cánovas preparaba la restauración pacífica de los Borbones, el general Martínez Campos, adelantándose al gobierno, y de Zavala no pudo controlar la situación, y Cánovas se hizo con el poder constituyendo el ministerio-regencia. Tres problemas acuciaban a la nación en esos momentos, a los que Cánovas tenía que dar una respuesta rápida: la pacificación interna del país, el levantamiento de los carlistas en el norte y un nuevo brote bélico en la colonia cubana. Los carlistas se habían levantado en armas y habían logrado apoderarse de varias localidades del norte. Cánovas organizó una amplia ofensiva militar. En 1876, Carlos VII, falto de recursos humanos y económicos, tuvo que salir de España. La pacificación de Cuba fue obra de Martínez Campos. Este acuerdo supuso un arreglo de los problemas: una amplia amnistía, las mismas reformas políticas con que ya contaba Puerto Rico y el fin de la esclavitud. Estas medidas resultaron insuficientes. Solucionados los problemas bélicos, solo faltaba dotar al Estado de un régimen político estable que perdurara en el tiempo y acabara con la inestabilidad de los tiempos anteriores.
El caciquismo
El caciquismo: se trata de un fenómeno que ya existía con anterioridad a 1876 y ha sido considerado como el rasgo más característico del nuevo régimen político. Consistía en la relación de poder y dominio que se establecía entre los caciques. Sobre esta estructura de tipo clientelar se erigió el sistema electoral. Los caciques locales fueron los instrumentos utilizados por los partidos políticos para organizar las elecciones y controlar sus resultados.
El cacique era un personaje representativo de la oligarquía rural, a veces alcalde de la localidad, y otra notable local, con poder sobre aquellos que lo detentaban, con todo lo que ello significaba. Mediante la coacción a la masa campesina, el cacique lograba determinar el resultado de las elecciones en beneficio del partido en el poder. El ministro de la Gobernación formaba el encasillado, y los gobernadores civiles y los alcaldes actuaban para conseguir que cada uno de ellos fuera elegido. En la elaboración de dicha lista se procuraban mantener ciertos principios: aunque el partido del gobierno aseguraba su mayoría en la Cámara, se le concedía a la oposición cierta representación. El cambio de gobierno no se realizaba tras el triunfo en unas elecciones, sino que la decisión del Rey de entregar el poder a uno de los partidos alternantes, que entonces convocaba elecciones y garantizaba su mayoría.
El nacionalismo catalán
El nacionalismo catalán: varios motivos permitieron al final de la centuria la aparición de la ideología que defendiera los intereses catalanistas: el desarrollo de la burguesía industrial dispuesta a defender sus intereses. En 1882 se fundó la primera asociación, el «Centre Català», donde se agrupaban los catalanes puestos a colaborar en el engrandecimiento de su país. Otro colectivo político fue la «Liga de Catalunya», que solicitó la constitución de las Cortes catalanas, el reconocimiento de la oficialidad de su lengua y de la enseñanza en catalán, y la formación de tribunales catalanes. En 1891 nació la Unió Catalanista, que intentaba juntar a las instituciones defensoras del catalanismo. Un año después se hicieron públicas las llamadas Bases de Manresa, redactadas por Prat de la Riba.
Otro momento clave fue 1898, en el que destacaba el «Manifiesto del general Polavieja», que había sido general de Cuba y Filipinas. El texto responsabilizaba a los partidos de la situación crítica del país y proponía diversas reformas para el caciquismo, reorganizar el ejército y proceder a la descentralización de la administración, por lo que los sectores más económicos se juntaron al proyecto. En 1901 se creó el primer partido catalán para participar en las elecciones convocadas por Sagasta; se trató de un partido interclasista y regionalista, pero dominado por la tendencia conservadora y por el mundo rural.
La acción política de los conservadores
La acción política de los conservadores: el Partido Conservador gobernó entre los años 1874 y 1885, y durante los cortos períodos disnaron los problemas urgentes de Cuba y el carlismo. El primer problema grave al que tuvo que hacer frente el gobierno de Cánovas fue la cuestión universitaria. La Revolución de 1868 estableció en España la libertad de cátedra y de enseñanza. El marqués de Orovio, ministro de Fomento con Cánovas —ministerio que entonces se encargaba de las cuestiones educativas—, publicó y decretó en 1875 una norma que ponía fin a esa libertad, estableciendo la obligatoriedad y prohibiendo la difusión en las aulas de teorías que atacasen al dogma o a la Iglesia. El gobierno no les abrió expedientes disciplinarios, los que expulsó de la universidad y desterró a algunos lejos de Madrid, caso de Azcárate, que fue confinado en Cáceres.
Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE), en la que se integrarían los catedráticos destituidos y algunos más. El objetivo fundamental de esta institución iba a ser la reforma pedagógica del sistema educativo de España.
La Iglesia supuso otro escollo que salvar. Lo que había perdido durante el siglo XIX —las tierras o el poder económico—, Cánovas se lo concedió con grandes privilegios, y los cuales le dieron el control casi monopolístico sobre la educación en las primeras etapas de formación. La Iglesia se dedicó con preferencia a las clases altas —nobleza y burguesía—, descuidando la labor social entre las clases bajas, aunque hubo notables excepciones debidas a iniciativas individuales, como las de Ave María del padre Manjón. A lo largo del siglo XIX la filosofía liberal iba a experimentar un pequeño cambio con el fin de defender intereses del mundo católico desde dentro del sistema. En 1885 Pidal y Mon se incorporó al Partido Conservador. La Iglesia fue fuertemente criticada por mezclarse en los asuntos políticos, por ir y no atender al pueblo llano y por la poca mortalidad de algunos miembros.
La etapa conservadora fue refractaria a la libertad de expresión. Cánovas se mostró inflexible y estableció la censura previa para todo tipo de publicación, e instituyó como delito cualquier crítica a la monarquía. Por otro lado, el moderado aperturismo político permitió la creación de nuevos partidos nacionales y regionales. Cánovas intervino en los asuntos propios de los militares para que el ejército se abstuviera en la vida política, uno de los graves problemas del siglo XIX. Las duras represiones internas y la pérdida de las últimas colonias, y la desproporción numérica entre los oficiales y la tropa, provocaron fuertes críticas de la izquierda y de los intelectuales.
La política exterior española fue insistente, ya que Cánovas prefirió consolidar el régimen interior a establecer un imperio colonial. Joaquín Costa, por la Sociedad Geográfica de España. Las relaciones con Francia y sus problemas en Marruecos, y con Inglaterra en los awas judiciales de Gibraltar, eran muy delicadas, por lo que Cánovas firmó un tratado con Alemania de Bismarck, el apoyo germano a un ataque de Francia a España. A partir de 1885 los problemas se volvieron a plantear. El escollo fundamental residía en el artículo 11 de la Constitución, la tolerancia religiosa. Los obispos y el nuncio protestaron airadamente, pero Cánovas logró que los ánimos se calmasen.
Características y funcionamiento del régimen canovista
Características y funcionamiento del régimen canovista: Cánovas, figura indiscutible del nuevo régimen, era consciente de los problemas que durante el siglo XIX había tenido el moderantismo para consolidar el régimen en España. Partía del eje básico de que los cimientos del nuevo edificio había que buscarlos en la tradición de España. La soberanía había sido representada tanto por el Rey como por las Cortes (teoría de la doble representación), viniendo de Castilla en la Edad Media. Cánovas entendía que el concepto de soberanía nacional no había nacido con los regímenes liberales, sino que dicho concepto se había acuñado, y lo había extraído de la forma de la doble representación del poder, que había residido por igual en el Rey y en las Cortes.
Con todo ello, Cánovas pretendía hacer una copia del régimen inglés, que se basaba en la alternancia en el poder de dos partidos, conservador y liberal, los cuales llegaban al poder por acuerdo y con avenencia de la Corona. Las elecciones representaban un mero trámite con el que se pretendía dotar la decisión del Rey de cierta legitimidad popular. El Partido Conservador tuvo su origen en el partido alfonsino, creado por Cánovas en las elecciones de 1869, y se nutrió de antiguos moderados y unionistas. Cánovas accedió en principio a algunas de sus demandas: abolición del matrimonio civil y cierre de templos y escuelas protestantes. El partido atravesó sus momentos más críticos cuando, en 1891, se produjo la disidencia de Silvela y, posteriormente, en 1897, el asesinato de Cánovas. Ruiz Zorrilla, líder del partido liberal, decidió exiliarse en París y así conspirar desde allí contra la Restauración. El propio Martínez Campos, enfrentado a Cánovas, y republicanos moderados como Castelar, etc., de esa manera surgió el Partido Fusionista en 1880, cuyo líder fue Sagasta.
El sistema tendía a la modernización en exceso, aunque recibió el apoyo de la mayor parte de la población, en especial de los cuatro grupos sociales predominantes: los grandes empresarios, los terratenientes, el ejército y la Iglesia. La minoría rechazó el sistema, entre ellos los intelectuales, en su mayor parte del bando republicano, y algunos grupos obreros donde empezaban a difundirse ideas socialistas.
La acción política de los liberales: llegaron por primera vez al poder en 1881, siendo sus actos de gobierno fiel reflejo de su talante liberal. Fue a partir de 1885, tras la muerte de Alfonso XII, cuando los liberales realizaron la obra más continua de gobierno. El gabinete de Sagasta, y concretamente su ministro Albareda, fue la publicación de una circular sobre educación que anulaba la anterior de Orovio. Los textos de las cátedras se ajustaron a los preceptos constitucionales, lo que permitió que los catedráticos expulsados recuperasen sus antiguos puestos en la universidad, aunque no por ello abandonaron la ILE ni los nuevos planteamientos de las reformas educativas. Sagasta promulgó la Ley de Prensa de 1883, que introducía un total de libertad de imprenta. Este nuevo marco legal permitió la aparición de diarios y el aumento de sus tiradas: El Liberal, El Diario de Barcelona (1881) y La Vanguardia, El Imparcial y La Época, que alcanzaron los 130.000 ejemplares.
El cantonalismo regionalista que existía dentro del ejército, y la formación militar, muy escasa en la mayoría de los oficiales, se fundó la Academia Militar de Toledo. Se intentó reformar en profundidad por medio del general Cassola: se reestructuró el Estado Mayor del ejército, se implantó el servicio militar obligatorio y se suprimieron las exenciones mediante dinero. Se consiguió suprimir así los perniciosos efectos del amiguismo y del nepotismo. En este sentido, la Ley de Reuniones de 1881 y la de Asociaciones de 1887 permitieron al ejército derechos fundamentales reconocidos en el ordenamiento constitucional. Los trabajadores impulsaron la creación de la Comisión de Reformas Sociales en 1883, que orientó la redacción de leyes sobre accidentes laborales y sobre regularización del trabajo de mujeres y niños.
Alfonso XII
Alfonso XII: durante los años de exilio completó su formación académica y militar en París. En 1870 su madre le cedió los derechos al trono. Tras el golpe de Estado del general Pavía, Cánovas publicó el Manifiesto de Sandhurst, por el que restauraba de nuevo en España la monarquía borbónica, con lo cual se consolidó un sistema político dominado por el caciquismo de la aristocracia rural y la oligarquía bipartidista: el Partido Conservador se repartía el poder político con el Partido Liberal.
Antonio Cánovas del Castillo: político, escritor e historiador (1828-1897). Estudió derecho en Madrid, donde inició su carrera política en la Unión Liberal de O'Donnell, para quien redactó el Manifiesto de Manzanares. En la última etapa de Isabel II ocupó distintos ministerios. No participó en la Revolución de 1868 y, durante el Sexenio Democrático, organizó el Partido Alfonsino, que defendía el regreso al trono de los Borbones en la persona del hijo de Isabel II. Después del pronunciamiento de Martínez Campos, a finales de 1874, se convirtió en el político más representativo del último cuarto del siglo XIX en España. Líder del Partido Conservador, fue varias veces presidente del gobierno. Fue asesinado por un anarquista en 1897 en Santa Águeda, donde veraneaba.
Práxedes Mateo Sagasta: ingeniero de caminos (Logroño, 1827-Madrid, 1903), inició su carrera política en los años 50; durante el bienio progresista fue presidente de la Junta Revolucionaria de Zamora. Posteriormente fue diputado en Cortes. Participó, junto al general Prim, en la fallida intentona golpista del cuartel de San Gil, por lo que tuvo que exiliarse. Durante el Sexenio fue ministro y presidente del gobierno con Amadeo I. Como jefe del Partido Constitucionalista, acabó por aceptar el sistema alfonsino y creó el Partido Fusionista, posteriormente Liberal, al frente del cual alternó con Cánovas en la presidencia del gobierno. Como presidente del gobierno español, tuvo que hacer frente a la fase final de la guerra de Cuba y a firmar la paz del país.
La Institución Libre de Enseñanza (ILE): centro educativo fundado por Giner de los Ríos junto a Joaquín Costa y Cossío, que recoge la ideología de la Revolución de 1869 y los fundamentos de la filosofía krausista. En la ILE se encuentra la base de la reforma educativa tanto en métodos de enseñanza como en las materias objeto de estudio, y que otorga prioridad a la educación sobre la enseñanza, en especial en la etapa primaria.
Krausismo: movimiento ético y filosófico desarrollado por el alemán Krause, que critica el dogmatismo social y político, así como el integrismo religioso. Tuvo una amplia repercusión en España durante la segunda mitad del siglo XIX. Los krausistas desempeñaron un papel muy destacado en el proceso de protesta y enfrentamiento con el poder moderado durante el reinado de Isabel II, proceso que acabó en la Revolución de 1869 y en el Sexenio Revolucionario.
Cantonalismo: movimiento por el que, en el verano de 1873, durante la Primera República Federal, se sublevaron en diversas partes de España, proclamando cantones independientes. El gobierno de la República ordenó al ejército el control de la situación, lo que hizo sin dificultad, excepto en Cartagena. El dominio de la base naval y de las fortificaciones de esta ciudad otorgó a los cantonalistas capacidades de resistencia. Este movimiento desprestigió considerablemente el proyecto federal.
Constitución de 1876: «Don Alfonso XII, por la gracia de Dios, Rey constitucional de España, en unión y de acuerdo con las Cortes del Reino, hemos venido a decretar y sancionar:
- Art. 11. La religión católica, apostólica, romana, es la del Estado. La nación se obliga a mantener el culto y a sus ministros. Nadie será molestado en el territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado.
- Art. 13. Todo español tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, ya de palabra, ya por escrito; a reunirse pacíficamente; a asociarse para los fines de la vida humana.
- Art. 18. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.
- Art. 27. El Congreso de Diputados se compondrá de los que nombren las uniones electorales, en las formas que determine la ley. Se nombrará a un diputado por cada 50.000 almas de población».
Pucherazo: término genérico derivado de puchero, que se empleaba en España desde la Restauración para designar el proceso de manipulación y fraude de los resultados de una elección. Comprendía toda la amplia tipología de maniobras de distinto contenido, cuyo objetivo era burlar la voluntad del electorado.
Institución Libre de Enseñanza: centro educativo fundado por Giner de los Ríos junto a Joaquín Costa y Cossío, que recoge la ideología de la Revolución de 1869 y los fundamentos de la filosofía krausista. En la ILE se encuentran las bases de la reforma educativa española, tanto en los métodos de enseñanza como en las materias objeto de estudio, que otorga prioridad a la educación sobre la enseñanza, en especial en la etapa primaria.
Krausismo: movimiento ético y filosófico desarrollado por el alemán Krause, que critica el dogmatismo social y político, así como el integrismo religioso. Tuvo una amplia recuperación en España durante la segunda mitad del siglo XIX. Los krausistas desempeñaron un papel destacado en el proceso propuesto y enfrentamiento con el poder moderado durante el reinado de Isabel II, proceso que acabó en la Revolución de 1869.
Cantonalismo: movimiento que, en el verano de 1873, durante la Primera República, los federales intransigentes, ante el retraso en definir constitucionalmente la República Federal, se sublevaron en diversas partes de España, proclamando cantones independientes. El gobierno de la República ordenó al ejército el control de la situación, lo que hizo sin dificultad, excepto en Cartagena. El dominio de la base naval y de las fortificaciones de esta ciudad otorgó a los cantonalistas desprestigios considerables al proyecto federal.
Pablo Iglesias Posse: huérfano de padre, emigró con su madre. Aprendió el oficio de impresor y trabajó en distintas imprentas madrileñas. Se adhirió a la Primera Internacional, situándose al lado de la tesis marxista, ideas que lo llevaron a la creación de un partido político socialista, que más tarde se completaría con un sindicato y con un medio de difusión de sus ideas, el periódico El Socialista. En 1905 fue elegido concejal en el ayuntamiento de Madrid. En 1910 alcanzó un escaño en las Cortes como aliado de los republicanos.
Bases de Manresa: documento escrito en 1892 en el que se presentan los puntos básicos del catalanismo: federalismo conservador y autonomía política. Las reivindicaciones regionalistas iban orientadas al deseo de la ruptura con el sistema canovista y a la demanda de establecimiento de políticas proteccionistas. Desde allí, fuera de la clase burguesa, la que enarbolara la bandera del nacionalismo catalán. Estas orientaciones fraguaron en 1901 en la Lliga Regionalista, primer partido catalán que se presentó a unas elecciones.
El catalanismo en el pensamiento de Prat de la Riba: «Cataluña, en la zona geográfica conocida con el nombre de España, somos españoles, del mismo modo que somos europeos por estar comprendida España dentro del contenido de Europa. Gobernada España por el gobierno español, los catalanes somos españoles como miembros de este Estado, como ciudadanos de esta comunidad política. No somos, pues, enemigos de España, tampoco en este sentido ni al combatir el Estado español queremos otra cosa que racionarlo con justicia y con la organización más adecuada y perfecta, dentro de la cual Cataluña pueda encontrar vida de libertad y arar un progreso. La voz de Cataluña no ha sido nunca separatista, como no lo son ni lo han sido nunca las asambleas catalanistas, y la gran mayoría de los autonomistas catalanes, son incompatibles con la aspiración separatista. Nuestra aspiración es la aspiración de libertad, y también de unión y solidaridad con los demás pueblos. Nosotros, que queremos hacer una España más sólida y duradera, y sobre todo, más justa, la unión española, presentamos fórmulas de paz, nos dirigimos a los...»
El nacionalismo vasco: el Decreto de 21 de julio de 1876 puso fin a las exenciones fiscales y militares de las que había venido disfrutando el País Vasco, lo que provocó un profundo malestar en algunos sectores sociales que acabarían convergiendo en torno al ideario nacionalista de Sabino Arana. Hay que tener en cuenta varios factores: por una parte, el peculiar marco político tradicional de la zona, cuya defensa ya había conformado el núcleo del planteamiento carlista; por otra, el proceso industrializador había comenzado a amenazar la estructura del mundo tradicional vasco. La supresión de los fueros en el País Vasco determinó la aparición del movimiento foralista, pero fue Sabino Arana quien llevó a cabo la formulación del nacionalismo vasco, que defendía la superioridad de la raza vasca.
El proceso industrializador de la zona, experimentado durante la Restauración, propició la llegada de un gran número de inmigrantes, lo que provocó la reacción en contra por parte de un sector de la población vasca. Eran representados como pobres y racialmente inferiores, obligados por la miseria a buscar trabajo en países más ricos. En 1893 Arana, que difundió sus ideas de manera constante mediante todo tipo de escritos, reunió a un grupo de amigos en Larrazábal y les presentó su ideario. Comenzó así la fundación de asociaciones para llevar a cabo su proyecto. Ante la actitud represiva del gobierno, y con objeto de lograr el apoyo de la burguesía vasca, se vio obligado a sustituir su discurso antiespañolista por otro más moderado.
La paz. Consecuencias del conflicto: el 10 de diciembre de 1898 se firmaba el Tratado de París, cuyas cláusulas más importantes incluían la evacuación inmediata de Cuba y Puerto Rico, y la cesión de Guam. Los norteamericanos tan solo se avinieron a pagar 20 millones de dólares en compensación por la cesión de Filipinas. España liquidó su imperio colonial con la venta de sus últimos reductos, pérdidas que hay que englobar dentro de un proceso de redistribución colonial que se produjo en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. Poco podía hacer España ya que las consecuencias fueron más allá de lo estrictamente militar. El desastre colonial de 1898 favoreció la toma de conciencia en relación con los múltiples problemas que la Restauración tenía planteados, toma de conciencia que enlazó con un movimiento de carácter ideológico que estaría presente en la sociedad española. Dentro del regeneracionismo, la figura más destacada fue la de Joaquín Costa; su objetivo no fue otro que la búsqueda de soluciones que solo podían encontrarse dentro del regeneracionismo. El movimiento intelectual y literario es conocido como Generación del 98.
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