España y Extremadura en el Siglo XVIII: Reformas Borbónicas y Realidad Socioeconómica

Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 4,25 KB

La Política Agraria de los Borbones

La España del siglo XVIII, al igual que en siglos anteriores, poseía una economía fundamentalmente basada en el sector primario. Sin embargo, este sector presentaba importantes carencias que lo hacían poco dinámico e incapaz de satisfacer las crecientes necesidades de la población. Entre las carencias más importantes se pueden destacar:

  • Deficiencias técnicas: manifestadas en el uso de aperos rudimentarios y la escasa utilización de abonos orgánicos.
  • Inexistencia de un mercado nacional: debido a la falta de comunicaciones adecuadas.
  • Régimen de propiedad de la tierra: con grandes extensiones en manos de la nobleza y el clero.

Las características compartidas por las tierras amortizadas aseguraban el mantenimiento de una posición económica y social privilegiada para sus propietarios. En cuanto a las tierras colectivas (comunales y de propios):

  • Las tierras de común aprovechamiento (pastos, leñas) eran utilizadas por el común de los vecinos y contribuían a complementar sus ingresos.
  • Los bienes de propios, por su parte, eran tierras comunales que se arrendaban mediante subastas. Este sistema, sin embargo, a menudo permitía que los vecinos con influencia en los ayuntamientos acabaran controlando y beneficiándose de estas tierras.

Frente a este tipo de propiedades, existían las tierras de propiedad libre, que no estaban vinculadas ni amortizadas. Estas eran las menos numerosas. Ante esta situación, los gobiernos ilustrados intentaron acometer una serie de reformas agrarias, que se concretaron en:

  • Búsqueda y promoción de innovaciones tecnológicas.
  • Introducción de nuevos cultivos.
  • Puesta en práctica de una reforma agraria.
  • Reparto de tierras municipales entre los vecinos más pobres.

Extremadura en el Siglo XVIII: Aspectos Económicos, Demográficos y Sociales

Frente al importante crecimiento demográfico español, Extremadura presentó un débil crecimiento. Las zonas más pobladas seguían siendo los valles de Plasencia, las vegas del Guadiana y Tierra de Barros. La tasa de natalidad oscilaba entre el 35 y el 45 por mil, ya que en las zonas con abundancia de jornaleros los matrimonios se formaban a temprana edad. Sin embargo, la alta tasa de mortalidad contrarrestó este potencial crecimiento.

En la Extremadura de esta época, la vida era muy difícil. Las condiciones sanitarias dejaban mucho que desear. A esto se sumaba el hecho de ser una región fronteriza y el aún existente conflicto con Portugal. Como consecuencia, se declaró una epidemia en Badajoz que mermó significativamente la población.

En cuanto a la economía, era eminentemente agraria, con un claro predominio del sector ganadero. Esta situación perjudicaba a la agricultura, ya que las grandes extensiones de tierra dedicadas a pastos no podían ser cultivadas. Como consecuencia, la superficie cultivada no solo no aumentó, sino que se vio reducida en algunas ocasiones. El plan de repoblación de Sierra Morena, que también afectó a Extremadura, fue un fracaso por las razones mencionadas anteriormente.

En la Extremadura del siglo XVIII, el 75 por ciento de la población estaba compuesta por jornaleros, es decir, campesinos sin tierras que aspiraban a poseer una parcela propia. El resto de la población, minoritaria, estaba formada por campesinos medios y aparceros que tenían tierras arrendadas. Estos últimos eran quienes contrataban la mano de obra de los braceros por un salario mínimo. Los nobles de alta condición y la Iglesia, que representaban un mínimo porcentaje de la población rural, poseían vastas propiedades. Muchas de estas tierras permanecían sin cultivar, dedicadas al ganado, mientras que otras eran trabajadas por arrendatarios y aparceros a cambio del pago de una renta. Los campesinos se quejaban frecuentemente de que el ganado invadía sus parcelas y arruinaba las siembras. La Mesta, con sus rutas trashumantes que pasaban por las tierras de labor de Extremadura, era la principal responsable de esta situación. Además, existían pequeñas manufacturas, principalmente textiles y alfareras, que abastecían el mercado local.