Dualismo y Monismo: Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás y Descartes
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Dualismo Platónico
Platón defendió una concepción dualista del ser humano, considerando que este se compone de dos realidades independientes: alma y cuerpo. Ambos son distintos por su origen y su naturaleza:
- El cuerpo: Es una realidad material, procedente del mundo sensible y, por lo tanto, mortal. Platón lo considera una cárcel para el alma, un obstáculo para alcanzar la verdad. La vida se concibe como un castigo del que el individuo solo se libera tras la muerte. Platón tiene una visión negativa del cuerpo.
- El alma: Es una realidad espiritual, perteneciente al mundo de las Ideas (mundo inteligible). Es preexistente al cuerpo e inmortal. Su tendencia natural es regresar al mundo de las Ideas. Para ello, debe dominar las tendencias irracionales del cuerpo y purificarse (ascesis). En caso de fracasar, el alma transmigrará (metempsicosis) a otros cuerpos.
La concepción dualista del ser humano es esencial para comprender la teoría del conocimiento de Platón, para quien "conocer es recordar" (anámnesis). El mundo donde vivimos es el mundo sensible, y el cielo es el mundo inteligible.
Hilemorfismo Aristotélico
Aristóteles propone una corriente monista, donde el alma es mortal. El hilemorfismo proviene de los términos griegos hile (materia) y morphe (forma). Para Aristóteles, todos los seres están compuestos de forma y materia.
- Forma (Morphe): Es la esencia.
- Materia (Hyle): Es el material del que está hecho algo.
Toda sustancia es un compuesto inseparable de materia y forma. La forma no puede existir sino en la materia. La forma es la esencia y, por tanto, la naturaleza de cada cosa; es lo que hace que una cosa sea lo que es. Alma y cuerpo forman una unidad indisoluble. Aristóteles niega que el alma exista antes y después del cuerpo; por lo tanto, es mortal. En los seres vivos, la forma se identifica con el alma. El alma no se encuentra accidentalmente en el cuerpo ni es una realidad separada de él; unida a él, forma una unidad sustancial. Sin embargo, Aristóteles postula la existencia del Nous, un intelecto agente exclusivo de los seres humanos, que es preexistente al cuerpo e inmortal.
San Agustín de Hipona
San Agustín adoptó ideas dualistas de Platón. Considera que el alma no es preexistente, pero sí inmortal. El cuerpo es finito y mortal. Sin embargo, a diferencia de Platón, no tiene una visión negativa del cuerpo, ya que lo ve como imagen de la Trinidad divina. El cuerpo no es una cárcel, y el amor es lo que impulsa el alma. Gracias al alma, el ser humano se aproxima a la divinidad.
Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, propone una concepción monista y unitaria del ser humano. El ser humano es un ser unitario, compuesto de cuerpo y alma, que se unen de forma sustancial. El alma humana es racional e inmortal. No habla del Nous, pero cree que el alma es inmortal.
Dualismo Cartesiano
René Descartes es un dualista interaccionista. Deduce que en el hombre se distinguen dos realidades:
- Cuerpo (sustancia finita): Su naturaleza es la extensión; las cosas materiales ocupan un espacio (Res extensa).
- Alma (sustancia infinita): De naturaleza espiritual (Res cogitans), "cosa pensante".
El dualismo cartesiano defiende que cuerpo y alma son dos realidades distintas, pero admite que entre ambas se produce una influencia muy intensa. Se comunican en un punto del cerebro: la glándula pineal. Para Descartes, los animales no piensan ni tienen alma.