La Doctrina de San Agustín: Origen del Mal, Libre Albedrío y el Conflicto de las Dos Ciudades
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El Problema del Mal y la Antropología Agustiniana
El Origen del Mal Ontológico
La desproporción ontológica entre Dios y las criaturas plantea la pregunta fundamental sobre el origen del mal. San Agustín explica el mal ontológico como la desproporción inherente entre la perfección de Dios y la imperfección de las criaturas.
Antropología y Ética: Libre Albedrío vs. Libertad
El planteamiento antropológico agustiniano es básicamente idéntico al dualismo antropológico de Platón, con la salvedad de que, en una situación óptima, el alma se sirve del cuerpo, no se opone a él. Para explicar cómo debe ordenarse la supremacía del alma sobre el cuerpo, San Agustín presenta una ética basada en la diferenciación clave entre el “libre albedrío” y la “libertad”.
El Libre Albedrío y la Esclavitud del Pecado
En virtud del libre albedrío, la voluntad elige nuestras acciones. Si nuestra elección supone que el cuerpo y sus deseos se imponen al alma, el ser humano se convierte en esclavo del pecado. Sin embargo, si orientamos nuestras acciones hacia Dios, nos hacemos verdaderamente libres.
La Paradoja del Mal Moral
Con ello, la paradoja del “mal moral” se explica como consecuencia directa del uso incorrecto del libre albedrío.
La Filosofía de la Historia y el Conflicto de las Dos Ciudades
El Devenir de la Humanidad
San Agustín propone la primera filosofía de la historia que aparece en el pensamiento filosófico occidental. Se denomina así a aquella reflexión cuyo objeto de estudio es el devenir de la humanidad en su conjunto.
La obra de San Agustín plantea el transcurso de la historia como la manifestación divina, que se extiende entre el alfa de la creación y el omega del juicio final. La historia es concebida como un proceso en el que la humanidad progresa hacia su salvación.
Contexto y Propósito de *La Ciudad de Dios*
La destrucción de Roma por parte de Alarico en el año 410 d.C. y las acusaciones hacia los cristianos fueron las circunstancias que llevaron a San Agustín a redactar su obra cumbre, La Ciudad de Dios (*De Civitate Dei*). El texto tiene, por tanto, una intención apologética, al defender la inocencia del cristianismo.
Las Dos Ciudades: Fundamentos y Principios
1. La Ciudad de los Hombres (*Civitas Terrena*)
Con la expresión “la ciudad de los hombres”, San Agustín no se refiere a las instituciones del gobierno ni a la sociedad de su tiempo, sino al conjunto de la humanidad en sí mismo, cuya norma de vida es el amor propio, es decir, el egoísmo o amor sui.
- El fundador simbólico de esta ciudad fue Caín.
- Todos aquellos que, como él, han decidido servirse a sí mismos utilizan el libre albedrío de una manera equivocada.
- Al caer en el error del pecado, se esclavizan, haciendo que su alma sirva a su cuerpo.
2. La Ciudad de Dios (*Civitas Dei*)
La “ciudad de Dios” no hace referencia a la Iglesia institucional ni al poder teocrático, sino al conjunto de todos aquellos que a lo largo de la historia se han comportado según el modelo divino, actuando por el amor a Dios (*amor Dei*).
- Su fundador simbólico es Abel.
- El comportamiento de quienes pertenecen a la Ciudad de Dios está regido por el amor al prójimo.
- Solo la Ciudad de Dios es justa, ya que solo en ella la sociedad se somete a la voluntad del mejor, el Sumo Bien.
El Destino de la Historia
La historia es descrita por San Agustín como el resultado del enfrentamiento constante entre las dos ciudades. El fin de la historia, tanto temporal como teológicamente, es entendido como el triunfo de la Ciudad de Dios y la salvación de los justos al final de los tiempos.