Descartes, el Yo y la Sustancia Pensante: Un Debate Filosófico

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Crítica sobre la Existencia de una Sustancia Pensante

La Primera Certeza Cartesiana y la Noción de Sustancia

Cuando Descartes encuentra su primera verdad, "pienso, luego existo" (cogito ergo sum), cree que este conocimiento le garantiza igualmente que él mismo es una sustancia pensante. El racionalismo consideró que se podía concluir también en la consideración del yo como una sustancia, es decir, como una entidad dotada de simplicidad y permanencia, que fácilmente podía interpretarse en términos espiritualistas.

Objeciones Empiristas a la Sustancia del Yo

Aunque Locke y Berkeley no rechazarán inicialmente este planteamiento de forma radical, la crítica empirista posterior señalará una dificultad fundamental: al examinar nuestra experiencia interna, no encontramos allí ninguna impresión que sea permanente, ni tampoco simplicidad. Lo que hallamos es una continua sucesión de una idea tras otra.

La tesis del yo como sustancia estaría fundamentada si tuviésemos una impresión correspondiente a dicho carácter sustancial; es decir, una impresión permanente a lo largo de nuestra vida psíquica. Sin embargo, eso no es así; más bien ocurre que a una impresión le sigue otra, y a ésta, otra.

El Pensamiento y el Pensador

Descartes creía en la sustancia: él nos diría que el pensamiento indica necesariamente un pensador. No obstante, esto no ha de ser forzosamente así, porque el "pensador" podría ser simplemente una cierta serie de pensamientos relacionados entre sí.

La Identidad Personal y el Papel de la Memoria

Por otra parte, la conciencia de la identidad que tenemos de nosotros mismos no proviene de aquel supuesto carácter sustancial de nuestro yo, sino más bien de la memoria de la sucesión de distintas impresiones. Para poder explicar Descartes la conciencia de su propia identidad, tiene que recurrir a la memoria: contrapone la unidad y permanencia del yo a la multiplicidad cambiante de las ideas. Sólo gracias a la memoria reconocemos la sucesión cambiante de las distintas ideas y las atribuimos al sujeto pensante.

Limitaciones del Argumento del Cogito

Y aunque por nuestra estructura cognoscitiva un pensamiento parezca requerir la existencia de un pensador, no por ello quedaría justificada la afirmación cartesiana de la existencia de un pensador único que aglutinaría diversos contenidos mentales. Cuando referimos varios pensamientos a un solo pensador estamos, como ya hemos indicado, confiando en una memoria que no puede estar libre de sospecha.

No se puede afirmar categóricamente, por tanto, que la existencia del cogito sea una certeza irrefutable. Pero, aunque lo fuera, no nos permitiría hallar nuevas verdades o legitimar el adecuado funcionamiento de nuestra facultad racional mediante una cadena de razonamientos deductivos.

El Legado de Descartes: Escepticismo Metódico

La aportación fundamental de Descartes a la historia del pensamiento occidental es la recomendación que hace de la práctica de ese escepticismo antecedente de todo estudio y filosofía, como medio de evitar toda manifestación de fanatismo e intolerancia al someternos voluntariamente a los dictados de la razón.