Descartes y la Demostración Racional de la Existencia de Dios

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La Búsqueda de Certeza: Del Cogito a Dios

Para salir del inmanentismo en el que se halla en la cuestión del cogito y las ideas —es decir, que el yo no puede engañarse al pensar que existe y que aquello que piensa son las ideas—, Descartes procede a la demostración de la existencia de Dios.

Esto lo hace afirmando que la mente y el mundo han sido creados por un ser infinitamente bueno y que, por ser bueno, no puede querer engañarme cuando me percibo a mí mismo pensando. Descartes se dispone a demostrar la existencia de Dios, pero, naturalmente, a partir únicamente del cogito y de las ideas, ya que de momento no admite otra realidad. En esto, el planteamiento de Descartes es moderno: la «demostración de la existencia de Dios» ha de consistir en poner de manifiesto que la mente no puede dudar de la existencia de Dios.

Argumentos Cartesianos sobre la Existencia Divina

Primera Demostración: La Prueba Ontológica

La prueba ontológica, característica del racionalismo y la más difundida de sus demostraciones, se basa en el principio de que aquello que percibimos clara y distintamente es verdadero.

  • De un triángulo percibimos clara y distintamente que sus ángulos suman dos rectos (por lo tanto, esto es verdad).
  • Sin embargo, de un triángulo no percibimos clara y distintamente que «exista realmente», en la «realidad en sí» (es decir, tal cosa no se puede intuir a partir de la pura noción de triángulo).
  • En cambio, de Dios sí se percibe clara y distintamente su existencia, porque la noción misma de Dios incluye la existencia. La noción de Dios es la de un ser necesario o, dicho de otro modo, la de un ser ilimitado en todos los aspectos; el hecho de «no existir» sería una limitación.

Esto constituiría una contradicción: admitir, por un lado, la perfección suma y, por otro, una limitación a esa perfección, como sería su no existencia necesaria y actual. Por tanto, la idea de ser perfecto, la idea de Dios, incluye la existencia necesaria, no por una ficción del pensamiento o del entendimiento, sino porque el existir pertenece a la naturaleza verdadera e inmutable de ese ser.

Segunda Demostración: La Causa de la Idea Innata de Dios

Descartes introduce el principio de que todo cuanto existe debe tener una causa de su existencia.

La idea de Dios no es adventicia (proveniente de la experiencia externa) ni facticia (creada por la mente), por lo que solo queda que sea innata, es decir, que nacemos con ella. Si nacemos con esta idea, ¿de dónde ha provenido, salvo de un ser que nos la ha infundido al nacer?

Podría preguntarse, si todo lo que existe debe tener una causa, ¿cuál es la causa de la existencia de Dios? Mientras que Tomás de Aquino respondería que necesita una causa eficiente todo aquello que no es en sí mismo el existir (ya que el existir mismo no puede recibir el existir), Descartes afirma que la propia inmensidad de la naturaleza de Dios es la «causa o la razón» por la cual Dios no necesita de ninguna causa para existir.