Desamortización en España: Mendizábal, Madoz y la transformación agraria del siglo XIX
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Desamortizaciones y transformación agraria
Índice
- 1. Introducción
- 2. La herencia del Antiguo Régimen
- 3. El proceso de desamortización
- 4. Desamortización de Mendizábal
- 4.1 Objetivos
- 4.2 Proceso
- 4.3 Beneficios
- 5. Desamortización de Madoz
- 5.1 Objetivos
- 5.2 Beneficiarios
- 6. Consecuencias de las desamortizaciones
- 7. Cambios agrarios
- 8. Conclusión
1. Introducción
La Revolución trajo consigo una serie de cambios que transformaron el campo hacia una agricultura de carácter capitalista. Entre las medidas principales destacan:
- La supresión definitiva de la vinculación de las tierras.
- La abolición del régimen jurisdiccional (privilegios y jurisdicciones señoriales).
- La aprobación de la libertad de arrendamiento de las tierras, de la comercialización de cosechas y de la fijación de precios, implantando el libre mercado en el sector agrario.
- La supresión del diezmo.
- Y, quizás lo más importante, la desamortización de las tierras de la Iglesia y de los señoríos municipales.
La enorme deuda acumulada llevó a la Corona a recurrir a la desamortización; el primer decreto relevante fue el de Godoy en 1798. Hubo varios intentos durante las Cortes de Cádiz y el Trienio Liberal que quedaron frustrados por el restablecimiento del absolutismo. Hay que esperar a las desamortizaciones de Mendizábal y de Madoz para que, definitivamente, se produzca el paso de una estructura de propiedad de la tierra de tipo feudal a otra capitalista de propiedad privada.
2. La herencia del Antiguo Régimen
La agricultura era la actividad económica más importante en la España del siglo XIX. Las cifras y características más destacadas eran:
- Dos tercios de la población activa (aprox.) vivían de la agricultura.
- La agricultura aportaba más del 50% a la renta nacional.
- Tenía un peso importante en las exportaciones.
Hasta mediados del siglo XIX la situación de la agricultura era de atraso: predominaban tierras con estructuras feudales, técnicas agrícolas poco desarrolladas, sistemas de cultivo tradicionales y, en consecuencia, bajos rendimientos. Estas deficiencias se relacionaban con la distribución de la tierra.
El campo español arrastraba desequilibrios muy graves relacionados con la propiedad. Mientras en el norte y el este peninsular abundaban los minifundios, en amplias zonas las propiedades eran mayoritariamente latifundios. Un enorme porcentaje de las tierras estaban en manos de la nobleza y del clero, que vivían de las rentas que les proporcionaba el campo.
La nobleza había conseguido un patrimonio territorial inmenso; estas tierras quedaban vinculadas: no podían ser divididas ni enajenadas y pasaban íntegras al heredero. La Iglesia era propietaria de grandes extensiones de tierra como consecuencia de las donaciones; estaban amortizadas, es decir, no podían ser vendidas o parceladas. También los municipios poseían tierras comunales que, con frecuencia, permanecían improductivas o mal explotadas. A estas tierras de la Iglesia y de los municipios se las llamaba propiedades de manos muertas, pues no se podían poner a la venta.
Todas estas tierras amortizadas suponían un enorme lastre para la economía nacional: por ellas no se pagaban impuestos y, además, se explotaban con técnicas de cultivo tradicionales, por lo que eran poco productivas.
Observaciones finales
El proceso de desamortización pretendía, por tanto, liberar recursos productivos, aumentar la recaudación fiscal y fomentar la creación de una propiedad agraria destinada al mercado. Las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz serán decisivas en este proceso y merecen un estudio detallado propio en los apartados siguientes.