España en el Siglo XVIII: Reformas Borbónicas y el Reinado de Carlos III

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La España del siglo XVIII: Reformas en la Organización del Estado y la Monarquía Centralista

Los Borbones instauraron en España, como forma de gobierno, la monarquía absoluta, basada en el centralismo (el rey controlaba todo el poder) y la uniformidad (mismas leyes para todos los territorios). Para ello, se llevaron a cabo una serie de reformas:

  • El sistema de consejos de los Austrias fue transformado (excepto el Consejo de Castilla) por un sistema de Secretarías de Estado. Los secretarios se convirtieron en figuras imprescindibles para la administración y fueron aumentando constantemente su poder. La reunión de todos los secretarios constituía la Junta Suprema del Estado (antecedente del futuro Consejo de Ministros).
  • Las Cortes pasaron a ser únicas para todo el reino, a excepción de las de Navarra.
  • Se suprimieron los privilegios de los reinos de la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca) mediante los Decretos de Nueva Planta. Solo las provincias vascas y Navarra conservaron sus fueros e instituciones.
  • Se estableció una nueva administración territorial basada en:
    • Capitanías Generales: con funciones militares y de gobierno, especialmente en las zonas fronterizas.
    • Intendencias: dirigidas por un intendente con atribuciones en justicia, asuntos militares, obras públicas y fomento de la actividad económica en los municipios.
  • En el ejército y la marina se produjeron cambios importantes: aumentó el número de soldados (mediante el sistema de quintas), se incrementó el número de buques de combate y se creó la Academia de Guardiamarinas.
  • Se controló el poder de la Iglesia mediante el regalismo (conjunto de medidas para asegurar la primacía del poder real sobre el religioso) y la firma del Concordato con la Santa Sede.

La Práctica del Despotismo Ilustrado: Carlos III

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, algunos monarcas absolutistas, influidos por las ideas de la Ilustración que se difundían por Europa, intentaron llevarlas a la práctica. Esta nueva manera de gobernar se conoce como despotismo ilustrado. Su lema, «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo», ponía de manifiesto que los monarcas ilustrados no renunciaban al absolutismo, pero consideraban que la finalidad de la monarquía era lograr la felicidad y el bienestar de su pueblo.

El despotismo ilustrado en España se materializó principalmente durante el reinado de Carlos III (1759-1788). Su política de reformas, inicialmente impulsada por ministros extranjeros, suscitó violentos rechazos, como el motín de Esquilache (provocado por medidas como la liberalización de los precios del trigo y la subida de impuestos). Este motín supuso la dimisión de Esquilache y llevó a Carlos III a formar un gobierno con un equipo de ilustrados españoles (como Floridablanca y Aranda), quienes llevaron a cabo una ambiciosa política reformista en dos frentes principales:

  • En el plano eclesiástico: se decretó la expulsión de los jesuitas, a quienes se consideró responsables del motín de Esquilache, y se mantuvo la política de regalismo.
  • En el plano económico:
    • Se intentó la modernización del sector agrario mediante:
      • El aumento de la superficie cultivada, limitando los privilegios de la Mesta.
      • La colonización de Sierra Morena (con la fundación de nuevas poblaciones como La Carolina) y el arrendamiento de las tierras comunales de los municipios a los jornaleros.
      • La construcción de importantes obras hidráulicas como el Canal de Castilla y el Canal Imperial de Aragón para fomentar el regadío.
    • También se crearon las Reales Fábricas (destacando las de tapices en Santa Bárbara, cristal en La Granja y porcelana en el Buen Retiro).
    • Fue creado el Banco Nacional de San Carlos, antecedente del actual Banco de España.