Demostración Racional de la Existencia de Dios: Argumentos Clásicos
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Demostración de la Existencia de Dios: Argumentos Clásicos
Antes de conocer las soluciones que a este problema se dieron en la Edad Media, conviene tener en cuenta las posiciones intelectuales acerca de la posibilidad de una demostración de la existencia de Dios: agnosticismo, ateísmo y teologismo.
Agnosticismo
Sostiene que es imposible demostrar la existencia o no existencia de Dios, pues esta cuestión sobrepasa los límites de la capacidad de conocimiento de la razón humana.
Ateísmo
Defiende que Dios no existe y que, además, existen pruebas racionales que lo demuestran.
Teologismo
Sostiene que Dios existe y el hombre puede demostrarlo mediante pruebas racionales.
El Argumento Ontológico de San Anselmo
Anselmo de Canterbury (1033-1109), en su obra Proslogion, ofrece un argumento mediante el cual se puede demostrar racionalmente la existencia de Dios. Este argumento es conocido como argumento ontológico (veremos que Descartes lo utiliza para demostrar la existencia de Dios).
El punto de partida del argumento es la noción o concepto que de Dios tienen los hombres, incluso aquellos que niegan la existencia de un ser tal que se corresponda con esa noción (esto es, los ateos). Esta noción de Dios es la siguiente: "Dios es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse"; lo que equivale a decir que Dios es el ser más perfecto. Si el ateo dice que "Dios no existe", es porque entiende lo que quiere decir el concepto de Dios; por tanto, Dios existe en su entendimiento, en su mente, pues entiende lo que significa Dios: el ser más perfecto que existe. Ahora bien, continúa el razonamiento, "aquel ser por encima del cual no se puede concebir otro más perfecto" debe existir, además de en el entendimiento (in intellectu), en la realidad (in re); es decir, extramentalmente, porque, si existiese sólo en el entendimiento, entonces no sería el ser más perfecto que pudiera pensarse. En tal caso, otro ser más perfecto podría pensarse.
El argumento ontológico de Anselmo de Canterbury ha sido objeto de diversas críticas. Entre ellas, vamos a destacar las de Gaunilo (monje contemporáneo de San Anselmo) y Tomás de Aquino.
Críticas al Argumento Ontológico
Gaunilo
En su Libro en favor del insensato, hace la siguiente crítica al argumento:
- Un decidido negador de la existencia de Dios, un ateo, empieza por negar que tenga la noción de Dios. Con ello, Gaunilo critica el punto de partida del argumento ontológico.
- Aun admitiendo que se entienda el concepto de Dios como el ser más perfecto, de esta noción no puede deducirse la existencia en la realidad de tal ser, de la misma manera que no puede deducirse la existencia en la realidad de una isla perfectísima (la Isla Afortunada) del concepto o noción de tal isla.
La respuesta de Anselmo a las objeciones a su argumento apareció en su obra Liber apologeticus y consistía en decir que el paso de la existencia en el pensamiento a la existencia en la realidad sólo es posible cuando se trata del ser más perfecto que se pueda concebir. Aunque es cierto que la isla perfectísima es el ente más perfecto entre los de su clase, las islas, no es el más perfecto en el conjunto de los seres. En este sentido, perfecto sólo hay un ser: Dios.
Tomás de Aquino
Tomás de Aquino dirige, a su vez, dos críticas al argumento ontológico:
- El argumento es falaz, engañoso, porque, si el punto de partida es la esencia pensada de Dios (lo que es Dios en la noción o concepto de Dios), la conclusión sólo puede ser la existencia pensada, pero no una existencia en la realidad. Según Tomás de Aquino, Anselmo da un salto injustificado desde el ámbito de lo pensado hasta el ámbito de lo existente o real.
- El argumento ontológico supone que la existencia de Dios es evidente para nosotros, los hombres, cuando, en realidad, no lo es. Pero nosotros no conocemos la naturaleza de Dios.
La Existencia de Dios en Tomás de Aquino
Tomás de Aquino (1225-1274) responde a la cuestión de la existencia de Dios en varias obras, pero especialmente en dos: Suma contra gentiles y Suma Teológica.
En primer lugar, se plantea la cuestión previa de si la existencia de Dios es evidente, es decir, la cuestión de si es necesaria una demostración de la existencia de Dios. La existencia de Dios es evidente en sí misma pero no es evidente para nosotros. Para que lo fuera, tendríamos que conocer la esencia o naturaleza de Dios y ello no nos es posible. La existencia de Dios no es un artículo de fe, sino un preámbulo de fe, pues la verdad de que Dios existe no es asunto exclusivo de la fe, sino también de la razón o luz natural de los hombres.
En cuanto al tipo de argumento al que recurre, hay que decir que Tomás de Aquino abandona el platonismo y su demostración racionalista y deductiva, para pasar al aristotelismo y optar por el empirismo y la inducción. Demostrar que Dios existe es posible mediante una demostración a posteriori, que parte de los efectos, pues éstos llevan grabado en su ser el sello de la causa que los ha producido. Es decir, podemos conocer la existencia de una causa, aunque no podamos conocer perfectamente la esencia o naturaleza de esa causa.
En la Suma Teológica, Tomás de Aquino ofrece cinco argumentos o vías para tratar de demostrar racionalmente la existencia de Dios (los denomina vías, por ser como caminos que nos conducen a la misma verdad: que Dios existe). Son éstos:
- Primera vía (basada en la existencia del movimiento): Nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo lo que se mueve es movido por otro, y, como una serie infinita de causas es imposible, hemos de admitir la existencia de un primer motor no movido a su vez por otro, o motor inmóvil. Ese primer motor inmóvil es Dios.
- Segunda vía (basada en la causalidad eficiente): Nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya que, para ello, tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco podemos admitir una serie infinita de causas eficientes, por lo que tiene que existir una primera causa eficiente incausada. Y esa causa incausada es Dios.
- Tercera vía (basada en la distinción entre seres necesarios y seres contingentes): Hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios; si todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno; pero de hecho existen, por lo que deben tener su causa, pues, en un primer ser necesario, ya que una serie causal infinita de seres contingentes es imposible. Y este ser necesario es Dios.
- Cuarta vía (basada en los grados de perfección): Observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo (bondad, belleza, etc.). Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la comparación, un ser óptimo, máximamente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es Dios.
- Quinta vía (basada en la causalidad final): Observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero, al carecer de conocimiento e inteligencia, sólo pueden tender a un fin, si son dirigidos por un ser inteligente. Luego, debe haber un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin. Y ese ser inteligente es Dios.
Como podemos observar, las cinco vías poseen la misma estructura argumentativa:
- Punto de partida: constatación de un hecho de la naturaleza (lógicamente, este hecho es distinto en cada una de las cinco vías). Se trata de un efecto observable, cuya existencia requiere una explicación.
- Aplicación del principio de causalidad eficiente: ese hecho observado es causado por algo, es efecto de una causa, dado que cualquier realidad está encadenada por relaciones causa-efecto. Para Tomás de Aquino, el principio de causalidad eficiente es universalmente válido (se aplica a cualquier hecho o realidad).
- Imposibilidad de un proceso infinito en la serie de las causas: el hecho observado es efecto de una causa, que, a su vez, es efecto de otra causa anterior; y así sucesivamente. Ahora bien, como no podemos prolongar hasta el infinito la serie de las causas causadas, es preciso detenerse y llegar a una primera causa que no haya sido, a su vez, causada. Esa sería la causa inicial de toda la larga cadena de causas y efectos que intervienen en la naturaleza.
- Conclusión: existencia de una causa primera o causa in-causada, es decir, que no es efecto de una causa anterior; identificación de esta causa primera con Dios y, por tanto, afirmación de la existencia de Dios.
La Existencia de Dios en Ockham
Para Ockham (al igual que para Guillermo de Baskerville, el personaje ficticio de la novela de Umberto Eco titulada El nombre de la rosa), la existencia de Dios no puede ser demostrada por la razón. Ockham llega a esta conclusión a partir de su crítica del principio de causalidad. No podemos afirmar la existencia de una causa primera, que sea la causa primera de todos los hechos, y mucho menos identificarla con Dios. Los seres humanos no estamos justificados para hablar de una causa primera invisible, pues nuestras facultades cognoscitivas naturales (nuestra razón) no pueden acceder a ella.
No obstante, Ockham admite la existencia de Dios mediante la fe, no mediante la razón.