Demócrito de Abdera: Atomismo, Alma y Percepción en la Filosofía Antigua

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Demócrito de Abdera: Vida y Legado Filosófico

Nacido en Abdera en torno al 460 a.C., Demócrito fue un pensador fundamental de la antigua Grecia. Sabemos que también viajó por Egipto y Oriente, pero regresó a su ciudad natal, donde se dedicó a la investigación. Murió con más de noventa años. Muchos fueron sus escritos, aunque apenas se conservan fragmentos de sus obras. Con Demócrito empieza a tomar consistencia la idea de escritor. En uno de sus fragmentos dice que prefería conocer las razones verdaderas de las cosas que llegar a ser rey de los persas.

La Teoría Atómica de Demócrito

La teoría de los átomos anticipa uno de los capítulos más apasionantes de la física moderna. Demócrito, teniendo en cuenta la concepción de ese ser de Parménides, inmutable y eterno, precisa, sin embargo, que ese ser consiste en infinitos seres —átomos— (lo que no puede dividirse más), con los que quiere explicar el mundo de la experiencia, el nacimiento, la multiplicidad y el perecer de las cosas. Esa multiplicidad de átomos no está organizada desde cualidades diferentes —la tierra, el aire, el fuego—, sino que, siendo cualitativamente neutros, se distinguen solo en la forma, el orden y la situación. Los átomos se parecen, pues, al ser de Parménides, por su carácter de eternos, incorruptibles, increados y por no ser percibidos por los sentidos, sino por la mente. Para que esos átomos se muevan necesitan el vacío, en el que desplazarse y ordenarse. Por la posición y forma en que ocupan ese vacío, los átomos diversifican y organizan sus movimientos. Así se origina y configura el mundo, nuestro mundo, que es uno de los infinitos mundos posibles. La infinitud y la posibilidad, unidas a la idea de vacío —equivalente al no-ser—, abren la puerta de esa vía de la opinión —de lo que es y no es—.

El Alma y la Percepción Sensorial en Demócrito

Si el hombre es un microcosmos, un mundo en pequeño, su alma se parece a esos átomos que constituyen el universo:

Demócrito afirma que el alma es un cierto tipo de fuego o elemento caliente. A los átomos de forma esférica se les llama fuego y alma —como esas motas suspendidas en el aire y que aparecen cuando los rayos de sol se filtran por las ventanas—; los átomos esféricos son alma porque por su estructura son capaces de atravesarlo todo y de moverlo todo y ellos mismos están en movimiento. […] De donde se supone que esa frontera del vivir está en la respiración.

Con esta imagen, Demócrito recobra sentido a su alma como aliento, como vida que se identifica con el ser. Esa frontera se da también en la sensación que, por ejemplo, en la vista, se puede explicar por los efluvios que nos llegan de las cosas:

Así, el ver lo explica por el reflejo, pues el reflejo no surge de inmediato en la retina, sino que el aire que hay entre la vista y el objeto visto es modelado, al ser contraído por el objeto visto y el sujeto que ve.

Los fragmentos que nos quedan nos permiten entender las posibles contradicciones. Esa subjetividad de las sensaciones abre una puerta al relativismo y al escepticismo: