Democracia Contemporánea: Tipos, Representación, Fundamentalismo y Límites de la Tolerancia
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Tipos de Democracias: Formal y Real
Atendiendo a la verdadera implantación política en la sociedad, se distingue entre democracia formal y democracia real.
Sin embargo, es importante señalar que la noción de democracia formal no existe propiamente como una entidad separada, puesto que sus procedimientos son tan reales y precisos como las realidades a las que se aplican. Además, las democracias existentes, es decir, las que se consideran "reales", a menudo exhiben claramente las insuficiencias democráticas que el concepto de "democracia real" busca precisamente poner de manifiesto.
La Representación Política: Fundamentos y Limitaciones
En el ámbito político, los representantes ejercen la soberanía directamente en nombre del pueblo. Solo a través de la representación puede el pueblo participar políticamente mediante las elecciones, dado que el autogobierno directo de la sociedad política se considera utópico e inviable.
El pueblo necesita de profesionales y expertos en política, ya que no puede ocuparse de los asuntos políticos y administrativos en detalle. En este modelo, el pueblo se limita a elegir a sus representantes.
Sin embargo, se argumenta que el pueblo no «controla» propiamente a los gobiernos y parlamentos en función de su gestión, pues carece de elementos de juicio y, por tanto, de capacidad real de «control». Tampoco puede afirmarse, en general, que en las elecciones democráticas sea «el pueblo» quien vete a un gobierno o lo derribe en función de su gestión, ya que no es la totalidad del pueblo la que vota en contra del gobierno, sino una parte de él.
Aunque un supuesto de la democracia representativa es que el pueblo tiene capacidad política y no puede equivocarse, el gobierno representativo se concibe como un límite y un correctivo a la democracia. Esto busca impedir que la nación esté sometida a los arrebatos de la demagogia, pues se asume que la clase política democrática, al no estar directamente sujeta a ella, es más fría y sensata que el cuerpo electoral.
El Fundamentalismo Democrático: Concepto y Críticas
El fundamentalismo democrático es una ideología idealista que afirma que la democracia constituye el fundamento de la auténtica sociedad política. Postula la existencia de una idea pura de democracia, de la cual las sociedades existentes son una realización más o menos perfecta. Según esta visión, cualquier régimen político no democrático es considerado ilegítimo, e incluso pierde su condición de verdadera sociedad política. Esta ideología sostiene que en una democracia existe la «voluntad general» y que el pueblo es quien ostenta el poder, sin perjuicio de que pueda delegarlo a sus representantes.
La crítica principal al fundamentalismo democrático es que, en cuanto idealismo político y jurídico, ignora que los Estados simplemente existen y que, en rigor, no son susceptibles de ser legitimados de la misma manera en que no se puede justificar normativamente la existencia del suelo a partir del derecho urbanístico. Es el Estado el que genera los mecanismos de legitimación, no a la inversa.
Además, el concepto de «voluntad general» apunta a una realidad inexistente, ya que la suma de voluntades individuales nunca constituye una voluntad colectiva unificada. Por otra parte, se argumenta que es imposible que en una democracia el pueblo «mande» directamente, ya que se trata de un régimen político como cualquier otro, donde una parte de la sociedad ejerce el poder sobre el resto. Lo distintivo de la democracia, en esta visión, consiste en que el pueblo se limita a seleccionar a los gobernantes por medio de unas elecciones.
La Tolerancia en la Democracia Liberal: Concepto y Límites
En una democracia liberal, el pluralismo político e ideológico es inherente, y por ello, la tolerancia se erige como un valor fundamental. Sin embargo, la tolerancia posee límites claros:
- No puede tolerarse aquello que conduzca a la destrucción del propio Estado democrático.
- La moral pública.
- El orden público.
- La eutaxia política (buen orden o estabilidad del Estado).
- Se plantea el problema político de si es posible tolerar o amparar, con la garantía de los derechos y libertades, a aquellos cuyo objetivo político fundamental es la liquidación de esos mismos derechos y libertades. Esto conlleva una contradicción inherente: por un lado, la democracia liberal, si es genuina, debe ser tolerante; pero, por otro lado, no debe serlo con los enemigos de la libertad si desea sobrevivir.