Cultura y Vida: La Perspectiva Vital e Histórica en la Filosofía de Ortega y Gasset
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Relación entre Cultura y Vida: La Filosofía de Ortega y Gasset
Desde la Edad Moderna, el pensamiento europeo se ha caracterizado por establecer una contraposición ficticia entre cultura y vida, prefiriendo la cultura y menospreciando la vida. De este modo, el racionalismo niega la vida (porque la vida es relativa y cambiante) y el vitalismo niega la cultura (porque la cultura es objetiva e inmutable). Ortega y Gasset entiende que la vida no es algo opuesto a la cultura: la cultura es lo construido por el hombre, la vida es lo instintivo. Por tanto, se necesitan mutuamente y, al relacionarse, "se funden y desaparecen". El tema de nuestro tiempo es conciliar la razón, la cultura y la vida.
La Crítica de Ortega a la Oposición entre Cultura y Vida
Ortega pasa a analizar esta oposición entre cultura y vida, y entre sus modos de conocimiento (racionalismo y relativismo). Para el racionalismo, solo será posible conocer considerando al sujeto un medio transparente, sin cambios ni historia; para el relativismo, el conocimiento es imposible: puesto que todo sujeto concreto tiene sus peculiaridades, deformará la realidad cuando la perciba.
La Doctrina del Punto de Vista
La propuesta epistemológica de Ortega será la de una "síntesis ejemplar", una noción intermediaria entre racionalismo y relativismo, la del "sujeto retícula": el ser humano es un individuo al que su dimensión histórico-vital le impide conocer toda la realidad, pero sí le permite acceder a una parte de ella, que será verdad.
La Vida como Realidad Radical
Ontológicamente, debemos señalar que para Ortega la verdadera realidad, la realidad radical, es la vida de cada uno en relación con las cosas físicas y no físicas, es decir, sus circunstancias. Aquí, Ortega supera el realismo y el idealismo. Desde este enfoque en el cual la vida es la realidad radical, la razón y el conocimiento serán una función de la vida: de este modo, la razón será siempre vital (la razón ligada a la vida) y, puesto que la vida transcurre en el tiempo, en la historia, la razón será siempre histórica (la razón que da cuenta de que el vivir es pasar por vivir en un momento histórico determinado).
La Reforma de la Razón Pura
Vemos cómo Ortega propone una reforma de la razón pura (la cual "provoca abstracciones") que tendrá que ser sustituida, como se ha adelantado, por una razón vital y una razón histórica. Ahora cobra plenamente sentido su crítica a la razón utópica (sin vida, sin historia, sin perspectiva). Ortega no ataca la Razón, sino la Razón del racionalismo que solo concibe la posibilidad de conocer la verdad entendiendo al sujeto como un ser "ultravital y extrahistórico".
La Perspectiva como Elemento de la Realidad y la Verdad
Ahora bien, será posible enlazar con la doctrina del punto de vista, pues hasta ahora ninguno de los sistemas filosóficos había tenido en cuenta la perspectiva, que la verdad dependerá de la circunstancia histórica y dimensión vital. Esta doctrina ofrece, a su vez, tanto un nuevo modelo de realidad (en el que la perspectiva es uno de sus elementos, y además es su organización) como un instrumento para la construcción de la verdad. Definimos perspectiva como el punto de vista individual (esencial e insustituible) que capta o selecciona una parte de la realidad, la cual, aunque parcial, será verdadera. La suma de las verdades parciales será la verdad integral. Y esta verdad no es la verdad absoluta y universal del racionalismo, ni supone caer en el relativismo, que afirma que la verdad en sí misma no existe, que es relativa a cada uno. Ortega deja claro que únicamente desde la perspectiva vital e histórica será admisible el concepto de verdad. Cualquier perspectiva que pretenda ser absoluta será falsa.
Exhortación Final: La Búsqueda de la Autenticidad
No estaría de más, muy brevemente, citar el hermoso llamamiento que el filósofo de Madrid nos hace a la autenticidad: Puesto que la vida no se nos da hecha, sino que es un continuo quehacer, una faena, a cada uno de nosotros nos corresponde encontrar nuestra perspectiva para, siendo fieles a nosotros mismos, encontrar la parte de verdad que estamos obligados a hallar.