Hegel: La Dialéctica como Motor de la Historia y el Espíritu Absoluto
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Hegel y la Dialéctica de la Historia
Del Idealismo Trascendental al Idealismo Absoluto
La filosofía hegeliana, conocida como "Idealismo Absoluto", supone la corrección del "Idealismo trascendental" de Kant al no reconocer el límite del conocimiento válido propio del criticismo kantiano y proponer que la Razón puede y debe conocer la realidad en sí. Es decir, que el objeto verdadero del conocer humano no es el fenómeno limitado en el espacio y en el tiempo, sino el "nóumeno", lo "Absoluto" o el "Todo".
La transición desde el idealismo kantiano al Idealismo Absoluto se debe en gran medida a la influencia que sobre Hegel tendrá el Romanticismo alemán y su absolutización del yo o sujeto.
El Espíritu y la Razón en la Realidad
En la dinámica de exaltación sin límites de la propia subjetividad que conoce, lo Absoluto, el Todo, es sujeto o, en términos hegelianos, Espíritu. Con ello, lo real se identifica con lo que la Razón conoce, es decir, con la manifestación del Espíritu que capta la Idea.
Desde la perspectiva del Idealismo Absoluto hegeliano, los conceptos a los que Kant se refería como resultado de la actividad del entendimiento son siempre algo fluido, cuyo significado está siempre mediatizado por lo circunstancial. Solo la Razón puede captar el verdadero significado en el que los conceptos se integran como visiones parciales que solo adquieren significado en el contexto que ofrece la Razón, puesto que "la verdad es el Todo".
La Dialéctica Histórica y la Liberación
Fiel a esta consideración, el pensamiento hegeliano sobre la historia tiene un carácter dialéctico, en virtud del cual el devenir histórico se organiza en una sucesión de tripletes, tesis-antítesis-síntesis, en los que continuamente pugna por plasmarse en lo fenoménico. Este proceso es el de la liberación de la humanidad, que Hegel identifica con el advenimiento del Espíritu Absoluto, capaz de interpretar el sentido de la historia desde la perspectiva privilegiada que le confiere la interpretación racional del Todo.
La liberación de la humanidad, que dará lugar a la aparición del Espíritu Absoluto, es la superación de la alienación del sujeto en el mundo material u objeto. En este sentido, el Espíritu humano se expresa objetivamente en el mundo a través de su propia actividad y de modo especialmente elocuente en los hechos históricos. En ese expresarse lo subjetivo en lo objetivo, el Espíritu queda alienado, es decir, traicionado por la limitación de lo fenoménico.
La liberación de la humanidad puede, por tanto, expresarse como superación de la alienación que, según Hegel, se lleva a efecto a través del arte, la religión y, de manera definitiva, a través de su propio sistema filosófico, que hace emerger definitivamente el Espíritu Absoluto mediante la comprensión del sentido de la historia como un Todo dialécticamente organizado.
Interpretaciones Políticas: "Todo lo real es racional"
En la interpretación hegeliana de la historia, y especialmente en las consecuencias políticas de su pensamiento, tendrá especial relevancia la doble interpretación que se ha hecho de su célebre dictum: "todo lo racional es real, todo lo real es racional".
En relación a lo anterior, la denominada "Derecha Hegeliana" hará hincapié en la afirmación "todo lo real es racional" como legitimación del status quo político, puesto que si una determinada forma de gobierno existe históricamente, es la mejor manifestación fenoménica en lo político de aquello que la Razón concibe. Tal es el argumento del que el propio Hegel se sirve para considerar que el Estado Prusiano, en el que él mismo vive, es la manifestación más elevada del gobierno.
Por el contrario, si el énfasis se hace en la otra mitad del dictum, "todo lo racional es real", la consecuencia política es la opuesta, dando lugar a la llamada "Izquierda Hegeliana", organizada en torno a la convicción de que si la Razón puede concebir un modelo de Estado mejor, es decir, más justo, este puede y debe ser hecho realidad.