La Cuarta Vía de Santo Tomás de Aquino: Los Grados de Perfección
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La Cuarta Vía: El Argumento por los Grados de Perfección
Tomás de Aquino demuestra la existencia de un ser perfectísimo en la cuarta de sus cinco vías.
- Sabemos por la percepción sensible que los grados de perfecciones son un hecho del mundo; es decir, que hay cosas más o menos verdaderas, más o menos buenas, más o menos nobles.
- Todo lo que posee una perfección la posee en virtud de una cosa que, por su parte, la poseerá en grado superior. De manera que, si algo es más o menos bueno o verdadero, es bueno o verdadero en virtud de una causa.
- La causa, a su vez, o será absolutamente buena o absolutamente verdadera, o bien será buena o verdadera en virtud de una causa, y así sucesivamente.
- No es posible que este proceso de perfección a su causa continúe hasta el infinito.
Demostración Lógica de la Causa Primera
Tomás demuestra esto de la siguiente manera:
- Suposición inicial: Que no hay causa primera.
- Si no hay causa primera, no hay causas intermedias.
- Si no hay causas intermedias, no habría efecto último.
- Ahora bien, sabemos que sí hay efecto último.
- Luego, no es correcta la suposición inicial y hay que afirmar que no es cierto que no haya causa primera; es decir, que hay que afirmar que sí la hay.
Como en esta vía Tomás se refiere a cada una de las perfecciones, llega así a que es preciso afirmar que en cada una de las perfecciones tiene que haber un óptimo.
Los Trascendentales y el Ser Supremo
Hasta aquí queda demostrado:
- Que debe haber un ser o varios seres que sean relativamente supremos.
- Que lo que es supremo (por ejemplo, la bondad) debe ser causa de la bondad que hay en todas las cosas.
Pero además, Tomás considera:
- Que la bondad, la verdad y el ser son convertibles; es decir, que cada máximo se identifica con los demás. Debe haber, pues, un Ser Supremo que es la causa del ser, de la verdad, de la bondad y de toda perfección en los demás seres.
Así, la conclusión es que tiene que haber un ser infinitamente perfecto.
La Analogía del Ser
Cuando decimos que un hombre es bueno y que Dios es bueno, el predicado “bueno” no ha de entenderse en el mismo sentido; no ha de entenderse en sentido unívoco.
Tampoco es de significado entera y completamente diferente. Si su sentido fuese equívoco, tendríamos que concluir que no podemos obtener conocimiento alguno de Dios a partir de las criaturas.
¿En qué sentido se utiliza el lenguaje sobre Dios?
Las perfecciones las decimos de Dios en sentido absoluto, y de las criaturas las decimos en sentido “analógico”, es decir, “según una proporción”: las criaturas tienen esas perfecciones en tanto que “participan” de la perfección de Dios.
La criatura es al mismo tiempo semejante a Dios y desemejante de Él. Es semejante a Dios en la medida en que es una imitación suya; es desemejante en cuanto su semejanza es imperfecta y deficiente. Así pues, la predicación analógica está entre la predicación unívoca y la predicación equívoca.