Conceptos clave del materialismo histórico de Marx y la voluntad de poder de Nietzsche
Concepto materialista de la sociedad según Marx
Para Marx, el ser humano es un ser activo y productivo, que orienta todas sus energías a la transformación y creación del mundo natural y social. Esta capacidad se realiza en el trabajo. Mediante el trabajo, el ser humano transforma la naturaleza y se transforma a sí mismo, pues se realiza como hombre o ser humano. El hombre trabaja en grupo, de forma que el trabajo ha sido también un instrumento de transformación de las relaciones sociales.
En el trabajo, el hombre no solo se realiza como individuo, sino también como especie. El desarrollo del hombre individual, sin embargo, depende del desarrollo de la humanidad y a la inversa. Cuando Marx habla del trabajo, se refiere tanto al físico como al intelectual.
Pero hay una contradicción en la historia de la humanidad, pues es la historia de una creciente alienación o deshumanización: los objetos creados por el hombre funcionan como un poder contra el hombre. La alienación se centra en el ámbito del trabajo. Es la alienación económica, y la sufre principalmente el obrero, pero la alienación se refleja en los demás esferas de la vida de los hombres (política, ideología...), afectando a todas las clases sociales.
Objetivo del materialismo histórico
Con el materialismo histórico, Marx propone un análisis objetivo y crítico de la realidad social. Con esta teoría propone dos cosas:
- Describir la estructura de la sociedad.
- Exponer el mecanismo que explica las transformaciones que se producen en la sociedad y que dan lugar a la historia.
Se hace siempre con una intención práctica: la de favorecer aquellos cambios sociales que conduzcan a la consecución de la verdadera meta de la historia: una sociedad sin clases, donde los hombres no estén alienados.
La sociedad capitalista
En la sociedad capitalista se produce una contradicción entre un grado creciente de desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Esto hace que la burguesía sea cada vez más rica y más minoritaria, y el proletariado cada vez más pobre y más numeroso.
Esta situación solo podrá ser superada cuando el proletariado ponga en marcha un proceso revolucionario que desemboque en una sociedad nueva. Esta nueva sociedad supondrá un quinto y último modo de producción, el socialismo, caracterizado por la propiedad colectiva de los medios de producción. En él, las relaciones sociales serán de cooperación y no de explotación, y las funciones del Estado se reducirán a las de gestión y administración de bienes públicos (educación, sanidad). Todo ello supone el fin de la alienación económica, la desaparición de las clases sociales y del Estado.
La voluntad de poder en Nietzsche
La voluntad de poder es el concepto clave de la filosofía de Nietzsche, alrededor del cual giran todos los demás. Por voluntad de poder, Nietzsche entiende un impulso continuo de autosuperación, de ser más, que constituye la esencia misma de lo real y de lo existente.
Existen dos tipos de voluntad de poder: la negativa y la afirmativa. Nos vamos a centrar en la afirmativa. En ella, el sujeto se afirma a sí mismo, siente un sentido de cumplimiento, expresa lo que es y crea sus propios valores. Así nace la alegría de estar vivo, que, en opinión de Nietzsche, es la única raíz de la bondad. Cuando Nietzsche habla de voluntad de poder en este sentido activo, no es el poder lo que se quiere, no es algo externo —como se puede querer un cargo político, el reconocimiento o la riqueza—, sino que lo que se quiere es el libre despliegue de lo que se es.
El verdadero poder nunca es algo que se obtenga fuera, sino que crece dentro.
La actividad fundamental de la voluntad de poder es la creación de nuevos valores que nos lleven a ampliar nuestra vida, a crecer, a ser más diferentes.
Lo apolíneo y lo dionisíaco
Nietzsche afirma que la cultura de la Grecia arcaica, basada en el arte, es superior a la cultura de la Grecia clásica, basada en el predominio de la racionalidad. Para él, los artistas griegos de la antigüedad suscribían las dos dimensiones fundamentales de la realidad, encarnadas en dos dioses: Apolo y Dioniso.
- Apolo expresa un modo de estar ante el mundo, identificado con la medida, el orden, el autocontrol y el sometimiento de nuestra vida al uso de la razón; así como una concepción de la realidad como una totalidad ordenada y racional.
- Dioniso, el dios del vino, expresa también un modo de estar ante el mundo: la irracionalidad, la pérdida de la individualidad, la embriaguez, la desmesura, el desorden, el descontrol, etc.; así como una concepción de la realidad como una totalidad caótica e irracional.
La grandeza del mundo griego arcaico radicaba en no ocultar esta segunda dimensión de la realidad, y en considerar incluso que lo dionisíaco era la auténtica verdad. Para Nietzsche, lo dionisíaco es lo originario, y lo apolíneo surge como fruto de la autodefensa de la vida. Si el individuo se entrega con plenitud a lo dionisíaco, su vida acaba pronto, consumido por sus pasiones. Por eso la vida debe buscar un freno a la apetencia del deseo de placer, y para ello fabrica lo apolíneo.
La nueva moral y el superhombre
La muerte de Dios provoca la desvalorización de todos los valores cristianos, pero el hombre no puede vivir sin valores. La nueva transvaloración se propone superar la moral occidental mediante una nueva tabla de valores que supongan un sí radical a la vida. Se trata de volver a una moral de señores. La nueva moral exige la superación del hombre por el superhombre, que es aquel que ha superado el anhelo de Dios y el miedo a la nada.
Las características del superhombre son las siguientes:
- La dureza interior: capacidad para soportar el dolor y la soledad.
- No someterse a ninguna autoridad humana. El punto de partida de la moral es el «yo quiero».
- Estar fuera del círculo del temor y de la dialéctica bien-mal. Se trata de recuperar la inocencia y tener en cuenta que la vida no actúa ni bien ni mal, sino que se deja llevar por su poder. Esto implica aceptar la vida como nos viene.
Nietzsche describe la transformación del hombre en tres metamorfosis: el camello (nihil negativo), el león (nihil activo) y el niño, que representa el último estadio de la transformación del hombre en superhombre. El camello es capaz de vivir en el dolor y en la soledad; el león se enfrenta a todo deber exterior; y el niño se atreve a decir sí al libre juego de la vida. El niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como afirmación: es el sí radical al mundo dionisíaco.
Es la meta del superhombre. El ideal del superhombre pretende no ser más que el hombre, permaneciendo fiel al sentido de la tierra. Quien demuestre no temer, será verdaderamente libre y dueño de sí mismo. Por tanto, el superhombre no se puede identificar con una clase social con privilegios ni con un grupo definido biológicamente.
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