Comparativa entre las filosofías de Marx y Nietzsche: Similitudes y Diferencias

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Marx y Nietzsche: Similitudes y Diferencias en sus Pensamientos

Las filosofías de Marx y de Nietzsche comparten algunos planteamientos filosóficos, aunque también existen fuertes tensiones entre ellos. Comencemos por los paralelismos:

Similitudes entre Marx y Nietzsche

  1. Se podría decir, en general, que el tono crítico de ambas filosofías es común. Marx y Nietzsche coincidirían en una crítica de la religión: para ambos autores se trata de una ilusión y una evasión ante una realidad que es dura de asumir. La explotación del proletariado o el absurdo de la existencia nos llevan a creer en un mundo ultraterreno inexistente.
  2. También estarían de acuerdo con la crítica a la razón: si esta esconde, para Marx, intereses burgueses, y es utilizada como instrumento teórico de legitimación del poder, en el caso de Nietzsche la razón sería la raíz última de la decadente civilización occidental, y en este sentido sería una instancia que anula la crítica.
  3. Otra similitud se encuentra en la crítica a la moral: si para Marx expresa los valores y formas de vida propias de la burguesía, en el caso de Nietzsche es el reflejo de una traición, de la inversión del sentido original de las palabras "bueno" y "malo". En ambos casos, la moral sería un engaño, un objeto más de crítica de lo que se ha llamado "filosofía de la sospecha", dentro de la que se puede incluir tanto a Marx como a Nietzsche.

Diferencias entre Marx y Nietzsche

En cuanto a las diferencias, cabe destacar las siguientes:

  1. Marx rechazaría la idea del eterno retorno, según la cual la naturaleza y la historia son un presente absoluto, sin finalidad: la visión cíclica de la historia no es compatible con la interpretación teleológica de la historia que aparece en el marxismo. Esa sociedad comunista y sin clases sociales sería, desde la óptica de Marx, el fin hacia el que la historia apunta.
  2. En la misma línea, la filosofía marxista tampoco aceptaría el concepto de superhombre. La igualdad, que es uno de los mayores valores del marxismo, no es compatible con la moral aristocrática del superhombre propuesta por Nietzsche. El desprecio que este concepto implica para la naturaleza humana tampoco sería aceptado por Marx, para el que la dignidad de toda vida humana residiría en su actividad, en su capacidad de implicarse en la transformación de la naturaleza.
  3. Una última diferencia podría encontrarse en la concepción de la historia. No ya solo en la teleología que acabamos de comentar, sino también en la concepción dialéctica de la historia, que será rechazada por Nietzsche, para el cual no es posible ninguna concepción ordenada o racional de la historia. En la medida en que el esquema dialéctico pretende introducir un orden e incluso una legalidad en el acontecer de la historia, es una racionalización más que, para el padre del irracionalismo, debe ser rechazada por fantasiosa y engañadora.

Lo Apolíneo y lo Dionisíaco en la Filosofía de Nietzsche

Su obra central, El nacimiento de la tragedia, está inspirada en la filosofía de Schopenhauer y Nietzsche esperaba que sus tesis sobre el arte fueran aplicadas por Wagner en sus óperas. Esta obra es, entre otras cosas, un profundo estudio filológico, artístico y filosófico centrado en el nacimiento y evolución de la tragedia griega.

Dos fuerzas esenciales están presentes en estas obras teatrales: por un lado, Apolo, el dios griego del sol y la luz, y, por otro lado, Dioniso, el dios del vino y la embriaguez. Ambos dioses son utilizados por Nietzsche de un modo metafórico y simbólico, relacionándose con estos significados:

  • Dioniso es la voluntad (objeto central de la filosofía de Schopenhauer), lo irracional, la noche, lo instintivo, y en la tragedia se correspondería con los momentos musicales y de danza, y aquellos en los que participa el coro.
  • En cuanto a Apolo, representaría la luz de la razón, la armonía, la alegría, la luminosidad del día, y se corresponde con las palabras (logos, palabra-razón) y los personajes.

Evidentemente, sus valores son opuestos: Dioniso es lo común (aquella parte de la tragedia en la que todos participan, fundiendo su conciencia en una fiesta colectiva) y Apolo es lo individual (el personaje con unas ideas, pensamientos o principios morales propios, que no se identifica con lo colectivo).

Para Nietzsche, el comienzo de la tragedia griega está marcado por lo dionisíaco: el espectador es parte activa de la representación, un personaje más, que neutraliza su conciencia para convertirse en otro. Es ahí donde se produciría, por ejemplo, la catarsis de la que hablaba Aristóteles. La tragedia, desde este punto de vista, sería el arte total en el que el individuo deja de serlo, se funde en lo común, y se entrega a los valores dionisíacos.

Pero esta preponderancia del coro fue disminuyendo hasta dar paso a la tragedia griega clásica, transición que Nietzsche personifica en Eurípides: con él, el coro pierde relevancia, y la van cobrando los personajes individuales. La esencia dionisíaca y vital de la tragedia se cubre con un manto apolíneo, aparentemente armonioso y equilibrado. El instinto es tapado y anulado por el logos.

Si Eurípides inicia este proceso, Sócrates será el encargado de culminarlo: con él, lo dionisíaco y la dimensión vital de la vida desaparecen, para dejar paso a una visión reflexiva y teórica de la misma. El diálogo y la búsqueda de una verdad universal dominan ahora sobre el instinto, el error, y la embriaguez dionisíaca. La armónica y equilibrada apariencia de Apolo oculta para siempre el caos dionisíaco.

Por ello, la propuesta nietzscheana consiste precisamente en recuperar el sentido originario de la tragedia griega: en desenmascarar a Apolo, para que Dioniso retome el protagonismo que le corresponde. Eso es lo que Nietzsche personifica en Schopenhauer y en Wagner.

En la medida en que la voluntad (y no el pensamiento o la verdad, como en la mayoría de los filósofos anteriores) es uno de los conceptos clave de Schopenhauer, Nietzsche espera que su pensamiento sea un punto de inflexión que permita volver a los valores dionisíacos. Igualmente, proyecta sobre Wagner todos los presupuestos artísticos que se derivan de El nacimiento de la tragedia, esperando que la ópera de Wagner, concebida como un arte total en el que se conjugan todas las demás, asuma la misión de volver a Dioniso.

Los desencuentros personales con Wagner, unidos a su negativa de realizar este proyecto artístico, provocarán un distanciamiento progresivo, que terminará con una ruptura definitiva entre ambos autores. Sin embargo, el protagonismo de Dioniso y todos los valores que este simboliza, reaparecerán una y otra vez en toda la filosofía nietzscheana. La propuesta dionisíaca vendría a ser como el ave fénix filosófico: muerto Dioniso, todas sus ideas vuelven a la vida encarnadas en una nueva figura simbólica: Zaratustra.