Comercio Internacional y Librecambio en el Siglo XIX: De la Protección a la Apertura

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La Globalización: Teoría y Conceptos en el Siglo XIX

La importancia del comercio a larga distancia creció enormemente y con gran rapidez en el siglo XIX. El crecimiento más rápido tuvo lugar entre las décadas de 1840 y 1873. La migración y la inversión en el extranjero tampoco tardaron en acelerarse. Europa se convirtió en el centro dinámico que estimulaba el todo. A principios de siglo, dos tipos de obstáculos, naturales y artificiales, entorpecían la corriente de comercio internacional:

  • Obstáculo natural: el alto coste del transporte.
  • Obstáculos artificiales: aranceles en las importaciones y exportaciones, así como en las prohibiciones absolutas en la importación de algunos productos.

Gran Bretaña Opta por el Comercio Libre

Consideraciones prácticas obligaron a los gobiernos a reconsiderar sus prohibiciones y aranceles. El bloqueo británico y el sistema continental representaban las formas extremas de interferencia con el comercio internacional. La defensa de Adam Smith del comercio internacional libre se basaba en las diferencias en los costes de producción. David Ricardo, en sus Principios de política económica, suponía, de forma incorrecta, que Portugal tenía una ventaja absoluta en la producción de paño y de vino comparado con Inglaterra, pero el coste relativo de producir vino era inferior al del paño. En estas circunstancias, demostró que lo mejor para Portugal sería solo producir vino y comprar paño a Inglaterra.

Las teorías de Smith y Ricardo, para tener un efecto práctico en la política, tenían que convencer a los grandes grupos de influencia de que el comercio libre los beneficiaría. Uno de estos grupos era un grupo de mercaderes dedicados al comercio internacional, que en 1820 en Londres, pidieron al parlamento que permitiera el comercio libre.

La pieza central y símbolo del sistema de proteccionismo del Reino Unido eran las Leyes del Grano (Corn Laws), aranceles sobre el grano importado. Se fortalecieron al final de las guerras napoleónicas, respondiendo a los intereses de los hacendados, fuertemente representados en el parlamento. El aumento de la población y la creciente urbanización hicieron que fuese imposible la autosuficiencia en alimentos, pero aun así, el parlamento se resistió a los intentos por abolir las Leyes del Grano. Richard Cobden, un industrial de Manchester, formó en 1839 la Liga Anti-Corn Law y una fuerte y eficaz campaña para influir en la opinión pública. En 1841, el gobierno de los whigs, entonces en el poder, redujo los aranceles del trigo y el azúcar. Cuando estas medidas fueron rechazadas, se convocaron elecciones generales.

Los whigs propusieron una reducción de los aranceles, mientras que los tories abogaron por mantener un statu quo. Ganaron los tories, pero el nuevo primer ministro, sir Robert Peel, decidió una revisión a fondo del sistema fiscal, incluyendo la abolición de los aranceles de importación y la imposición de impuestos para sustituir los ingresos fiscales así perdidos. Peel presentó un proyecto para revocar las Leyes del Grano que fue aprobado en 1846.

Como consecuencia, el sistema político británico moderno empezó a tomar forma. Los whigs, más tarde conocidos como liberales, se convirtieron en el partido del libre comercio y la manufactura; los tories, también conocidos como conservadores, se convirtieron en el partido de los hacendados y, finalmente, del imperialismo.

Otra consecuencia fue que el parlamento dejó sin efecto gran parte de la vieja legislación mercantilista, como las Actas de Navegación, revocadas en 1849. En las décadas de 1850 y 1860 se estableció una política de libre comercio. En 1860 solo quedaban algunos derechos de aduana en importaciones, para obtener beneficios, de productos no británicos como el brandy, el vino, el café, el té y la pimienta. Aunque la mayoría de aranceles fueron eliminados por completo, el aumento del comercio fue tan notable que los beneficios de aduana en 1860 fueron mayores que en 1842.

La Era del Librecambio

El siguiente cambio fundamental en el comercio de librecambio fue el tratado comercial de Cobden-Chevalier, de 1860. Francia había seguido tradicionalmente una política de proteccionismo; una de las medidas de protección consistía en la prohibición de importar cualquier tejido de algodón o lana y altísimos aranceles sobre otras mercancías.

El gobierno de Napoleón III quiso llevar a cabo una relación de amistad con Gran Bretaña. Además, aunque Francia había seguido siempre una política de proteccionismo, había una corriente de pensamiento que favorecía el liberalismo económico. Un líder del liberalismo económico convenció al emperador de que sería deseable un tratado comercial con Gran Bretaña.

En el tratado, Gran Bretaña eliminaría todos los aranceles de las importaciones francesas, a excepción del vino y el brandy, considerados como productos de lujo, que retuvieron un pequeño arancel para obtener algún ingreso fiscal. Francia eliminó su prohibición de importar productos textiles británicos y redujo los aranceles sobre una amplia gama de productos británicos. Los franceses renunciaron así al proteccionismo extremo a favor de un proteccionismo moderado.

Una característica importante era la inclusión de una cláusula de nación más favorecida: si una de las dos partes negociaba un tratado con un tercer país, la otra parte del tratado se beneficiaría automáticamente de cualquier arancel más bajo concedido al tercer país. Ambas partes del tratado anglofrancés se beneficiarían del tratamiento concedido a la nación más favorecida. A principios de la década de 1860, Francia negoció tratados con Bélgica, el Zollverein, Italia, Suiza, países escandinavos y prácticamente todos los países europeos excepto Rusia, para rebajar las tarifas. Los productores británicos se beneficiaron automáticamente.

Los otros países europeos también negociaron entre ellos, conteniendo sus tratados la cláusula de nación más favorecida. Como resultado, cada vez que entraba en vigor un nuevo tratado, había una reducción de aranceles.

Las consecuencias fueron espectaculares. El comercio internacional aumentó aproximadamente un 10% anual durante varios años. La mayor parte de este aumento tuvo lugar en el comercio intraeuropeo. Otra consecuencia de los tratados fue la reorganización de la industria a que obligó la mayor competencia. Los tratados promovieron de esta forma la eficacia técnica y aumentaron la productividad.