Comercio y Ferias en la Edad Media: Rutas, Mercaderes y Dinero

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Las grandes ferias

A partir del siglo XII, los caminos se hicieron más seguros y se trazaron y construyeron nuevas vías. Los comerciantes de toda Europa empezaron a viajar y a reunirse en las grandes ferias, mercados periódicos de dimensiones considerables, donde se compraban y vendían grandes cantidades de productos. Así, algunas ciudades señalaron unos días especiales para realizar estas ferias, de las cuales las más famosas eran las de Champagne (Francia). Las ciudades, los monarcas y algunos señores locales, interesados en el crecimiento del comercio, promulgaron leyes para proteger a los mercaderes.

Las rutas marítimas de larga distancia

Para las largas distancias, el comercio marítimo adquirió más importancia que el terrestre, debido a la mayor capacidad y velocidad de los barcos. La primera gran ruta marítima se abrió en el Mediterráneo. Ciudades como Venecia, Génova, Marsella, Barcelona y Valencia comerciaban con los puertos de Oriente Próximo y con el Imperio bizantino. Importaban productos de lujo (seda y especias) y exportaban tejidos, armas y herramientas.

Una segunda ruta fue la del Atlántico y el Báltico (la Hansa), que iba desde Lisboa y los puertos castellanos del Cantábrico hasta los del mar Báltico. Se transportaban lanas, vinos, pieles, maderas y trigo. Estos productos coincidían en las ciudades de los Países Bajos (Brujas, Gante…).

La protección de los mercaderes

El conde de Champagne toma bajo su protección a todos los mercaderes y mercancías y las personas que acudan a la feria. Esta protección se aplicará desde el primer día y no se acabará hasta el último día de su presencia en la feria (...)

El viaje de Marco Polo

Los comerciantes realizaban largos viajes hacia las tierras de Oriente. El ejemplo más conocido es el viaje del veneciano Marco Polo en el siglo XIII, que recorrió la ruta de la seda y llegó hasta China.

De sus experiencias escribió el Libro de las Maravillas.

Era habitual en la Edad Media la ausencia de muelles en los puertos. Las naves anclaban en el mar y las mercancías se transportaban en pequeñas embarcaciones a remo hasta la playa.

A partir del siglo XIII, los barcos de carga a remos fueron cediendo paso a naves a vela con mayor capacidad de carga en sus bodegas.

Como cada ciudad podía acuñar su moneda, era necesario para los mercaderes cambiar la moneda de un lugar por la de otro; eso lo hacían los cambistas.

La circulación del dinero

La recuperación del comercio hizo mucho más necesaria la circulación de la moneda. Muchas ciudades volvieron a acuñar moneda propia.

Las monedas se podían acuñar en oro, las más valiosas, en plata o en aleación de plata y cobre. Cuanta menos plata tenían, menor era su valor.

También fue frecuente que particulares o sociedades prestaran dinero con intereses, o recibieran depósitos (oro o plata) por los que entregaban un recibo (letra de cambio).

Su propietario podía utilizar este recibo como moneda en otras transacciones y así no era necesario viajar con dinero, que en la Edad Media era aún íntegramente en monedas de metales preciosos.