Casa Milá: Simbolismo, Arquitectura Orgánica y Legado de Gaudí
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Significado y Arquitectura Orgánica en la Casa Milá
Por lo que respecta al significado de esta construcción, hay que señalar que la Casa Milá es un edificio claramente representativo de la arquitectura orgánica de Gaudí. El arquitecto destierra completamente la utilización de líneas rectas, y las constantes sinuosidades nos aproximan a determinadas formas geológicas.
Simbolismo religioso y la visión de Gaudí
Por otra parte, La Pedrera refleja también la profunda religiosidad del arquitecto, aunque algunos de los símbolos religiosos proyectados en un principio no llegaran a realizarse:
- El conjunto escultórico: Gaudí diseñó un gran conjunto dedicado a la Mare de Déu de Gràcia, que debía ocupar parte de la terraza, convirtiendo al edificio en una enorme base de piedra para la imagen de la Virgen, flanqueada por el arcángel Gabriel y San Miguel.
- Controversias históricas: Existen dos versiones sobre su ausencia: una sugiere que la escultura no fue del agrado del señor Milá; otra apunta a los disturbios de la Semana Trágica en 1909, que llevaron a los propietarios a evitar imágenes religiosas, provocando casi la renuncia de Gaudí.
- El legado espiritual: En el último piso se lee la invocación del Ángelus: “Ave gratia plena Dominus tecum”. El lugar donde debería estar escrita la palabra Maria está ocupado por una rosa, elemento que demuestra la importancia de la fe para el arquitecto.
Origen, Financiación y Conflictos en la Construcción
La Casa Milá fue encargada por Pere Milá, quien, tras quedar impresionado por la Casa Batlló, decidió impulsar el proyecto. Aunque él dio nombre a la construcción, esta fue financiada por la fortuna de su mujer, Roser Segimon.
El pleito y la visión de Roser Segimon
La relación entre los propietarios y el arquitecto no estuvo exenta de tensiones:
- El conflicto legal: Surgió un pleito por el pago de los honorarios que finalmente ganó Gaudí, quien donó el dinero a una comunidad jesuita como una cuestión de principios.
- Desacuerdo estético: Roser nunca estuvo de acuerdo con la arquitectura de Gaudí, aunque respetó la decisión de su marido. Vivió entre decoraciones gaudinianas hasta 1926, año en que, tras el fallecimiento del arquitecto, transformó todo el piso principal.