El Carlismo y la Educación en la España del Siglo XIX
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El Carlismo
Carlos de Borbón no se levantó en armas contra el rey hasta su muerte. Mientras tanto, buscó ayuda y apoyo en aquellos sectores sociales que se negaban a los cambios que, poco a poco, iba introduciendo la nueva sociedad de corte más liberal en esta época. Estos apoyos fueron los siguientes:
- Campesinos afectados por la venta de bienes comunales.
- Obispos, nobles y funcionarios que defienden el anterior sistema.
- Masas populares de las zonas rurales que quieren defender las tradiciones forales.
El ejército y buena parte del aparato del estado fueron fieles a la reina y su hija.
Identidad Ideológica del Carlismo
La ideología carlista se agrupa en torno a las siguientes ideas:
- Posiciones ultracatólicas: Buscaban obtener el apoyo del clero más intransigente con posturas liberales e inmovilistas, incluso se oponían a Roma.
- Defensa de la foralidad: Esto enfrentó a los carlistas con una burguesía liberal centralizadora, que aspiraba a establecer el mercado libre, sin las trabas del Antiguo Régimen.
- Monarquía de origen divino: La defensa de esta idea colocó al carlismo en contra de los liberales y el régimen que representaban, en cuanto a la limitación de los poderes reales. Sobre todo, la nobleza rural.
Consecuencias de las Guerras Carlistas
Los sucesivos enfrentamientos con los carlistas tuvieron consecuencias serias para España:
- Inestabilidad política en todo el país, aunque el carlismo destacó en Aragón, País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo.
- Aparición del ejército como protagonista de la vida política, con generales que alcanzaron gran renombre por su participación en las contiendas.
- Movilización de recursos al servicio del conflicto militar, lo que agravó la situación de la hacienda española, que debió tomar medidas excepcionales para superarla, como la ampliación de la Deuda y la desamortización de bienes eclesiásticos.
Fases de la Guerra Carlista
El carlismo no logró atraer a la población de las grandes ciudades, que apoyaba a los liberales. Tampoco logró atraer el apoyo del Reino Unido, bajo el reinado de Victoria I.
Primera Fase (1833-1835)
Entre 1833 y 1835 se produjo un apoyo de las masas de campesinos de los territorios vascos, navarros y catalanes, así como la zona del Maestrazgo, quienes se vieron obligados a pagar sus tributos en dinero y no en especie por los gobiernos del Trienio Constitucional.
Destaca la figura del militar carlista Tomás Zumalacárregui, quien unificó el mando de las fuerzas militares del norte, con el apoyo de las diputaciones de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa. Aun así, falleció en el asedio de Bilbao en 1835.
Segunda Fase (1835-1837)
Desde el verano de 1835 hasta el otoño de 1837, se extendieron las operaciones militares a todo el territorio español peninsular. Así, el general carlista Miguel Gómez llegó a Cádiz, el propio príncipe Carlos y Ramón Cabrera, “El tigre del Maestrazgo”, asediaron la capital del estado, pero al no poder ocuparla se retiraron hasta el Ebro.
Tercera Fase
Se empezaron a producir disensiones en su seno, propiciando el acuerdo con los ejércitos cristinos. Este fue alcanzado en el Convenio de Vergara (31 de agosto de 1837) entre el general Espartero, jefe de los ejércitos de María Cristina, y Maroto, jefe de los ejércitos carlistas. Mediante este acuerdo se ofreció la posibilidad de retiro a los militares carlistas o su integración en el ejército liberal. Además, se hizo una referencia a la modificación de los fueros y se otorgaron pensiones a las viudas y huérfanos de la guerra.
A lo largo del siglo XIX, el carlismo volvió a brotar en las figuras de los descendientes Carlos María y Carlos Luis de Borbón.
La Educación en la España del Siglo XIX
Plan Pidal
El Real Decreto de 17 de septiembre de 1845 estableció distintos grados en educación y enseñanza.
La enseñanza básica estaría a cargo de los maestros, aunque estos dependían de los ayuntamientos y sus salarios eran irregulares y bajos, lo que les obligaba a trabajar en otras cosas, perjudicando la calidad educativa.
La enseñanza media pública se realizaría en institutos, cuya construcción sería obligatoria, al menos uno por provincia, en dependencia del estado, ayuntamiento o diputación.
El estado controlaba las enseñanzas universitarias. Además, las enseñanzas que se impartían desarrollaban las ingenierías, arquitectura, veterinaria, etc.
Ley Moyano
Esta ley de instrucción pública de 1857 permitió la intervención y centralización de la enseñanza. Este sistema estableció la gratuidad para la enseñanza primaria y su obligatoriedad.
Se crearon escuelas universitarias del profesorado y aumentó el número de alumnos matriculados en la Universidad, estando prohibido para las mujeres hasta finales del siglo XIX.