El Ascenso del Radicalismo en Argentina: Yrigoyen, Reforma Universitaria y Crisis de 1929
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El Ascenso del Radicalismo en Argentina (1880-1930)
La Primera Presidencia Radical
En 1916, la Unión Cívica Radical triunfó en las primeras elecciones efectuadas bajo la Ley Sáenz Peña. La democracia comenzó a ampliarse.
Los Orígenes del Radicalismo (1880-1916)
En Argentina, predominaba un Estado liberal oligárquico. Los sectores dominantes eran liberales porque aseguraban las libertades civiles de los habitantes, pero también eran conservadores porque restringían la participación política de la mayoría de la población a través del fraude electoral. Se impulsó un modelo económico agroexportador, es decir, un sistema basado en la exportación de materias primas y en la importación de manufacturas, la inversión de capitales provenientes del extranjero y la inmigración de una gran cantidad de personas, que se convirtieron en trabajadores rurales. La expansión de la economía facilitó el surgimiento de sectores sociales dependientes que aumentaron su importancia social y reclamaron mayor participación política.
En 1890, debido a una crisis económica europea, los precios internacionales de los productos agropecuarios descendieron notablemente. El malestar social alentó a los grupos opositores al régimen y se unieron para conformar la Unión Cívica. Esta agrupación política estuvo integrada por sectores heterogéneos. El 26 de julio de 1890, la Unión Cívica impulsó una insurrección cívico-militar, conocida como la Revolución del Parque, en la ciudad de Buenos Aires. Sus objetivos eran eliminar la corrupción, derrocar al presidente Juárez Celman y convocar a elecciones limpias. El vicepresidente Carlos Pellegrini ocupó la primera magistratura e impulsó una política de cooptación y división de los opositores que resultó exitosa con los terratenientes disconformes y con los grupos católicos. Los demás sectores se mantuvieron enfrentados al régimen y fundaron la Unión Cívica Radical.
El Protagonismo de los Sectores Medios Urbanos
El radicalismo intensificó sus reclamos de elecciones democráticas y adoptó una postura intransigente que incluyó otros intentos infructuosos de alcanzar el poder por la vía revolucionaria. Los nuevos sectores medios urbanos se incorporaron a la Unión Cívica Radical o apoyaron sus propuestas.
La Nueva Ley Electoral
En 1910, Roque Sáenz Peña, candidato de los sectores renovadores de la oligarquía, asumió la presidencia e impulsó la reforma política. A principios de 1912, se aprobó la ley 8871 (Ley Sáenz Peña) que estableció el voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años. La nueva ley, sin embargo, no tomaba en cuenta a las mujeres y ordenó la utilización del padrón militar para la confección de las listas de los ciudadanos habilitados para votar.
El Triunfo de Hipólito Yrigoyen
Las primeras elecciones presidenciales que se realizaron bajo el imperio de la nueva ley electoral ocurrieron en 1916. La fórmula radical Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna se impuso con más del 45% de los votos. El triunfo del radicalismo significó el fin del régimen político oligárquico instaurado en 1880. Sin embargo, no implicó una pérdida de influencia de los sectores conservadores. La oligarquía terrateniente continuó detentando el poder económico, mantuvo el control de los gobiernos provinciales y conservó la mayoría de sus representantes en el Congreso Nacional.
Durante su primera presidencia, Yrigoyen enfrentó la oposición conservadora de las provincias utilizando el mecanismo de intervención federal contemplado en el artículo 5 de la Constitución Nacional. Yrigoyen ordenó 20 intervenciones federales que permitieron incorporar a sus partidarios en los gobiernos provinciales. Para contrarrestar la oposición en el Congreso Nacional, Yrigoyen buscó afianzar su autoridad personal y disciplinar a los integrantes de su propio partido. Desarrolló un liderazgo carismático a través del contacto directo con los ciudadanos y un estilo de vida reservado. Como Yrigoyen evitaba ofrecer discursos en público, su imagen se rodeó de un aura de misterio y de respeto que fortaleció su prestigio.
Las Medidas del Radicalismo y la Ampliación de la Democracia
El Estado Liberal Democrático
Los sectores medios urbanos constituyeron la base electoral de los gobiernos radicales. Las medidas tomadas por Yrigoyen en su primera presidencia apuntaron a satisfacer los reclamos de estos sectores sin generar cambios sociales profundos. La oposición conservadora y las presiones externas condicionaron el accionar político y económico durante esta etapa. La llegada del radicalismo al gobierno significó una ampliación de la democracia en más de un sentido. En lo político e institucional, la aplicación de la Ley Sáenz Peña amplió la participación ciudadana a través del voto, lo que a su vez otorgó mayor representatividad al régimen democrático. Esa mayor participación electoral, además, dio mayor relevancia a la opinión pública, tanto en los comicios como en las decisiones gubernamentales.
Por otra parte, el radicalismo en el gobierno buscó ampliar la participación de los sectores que lo apoyaban, favoreciendo su acceso a cargos públicos y a la educación.
La Política Reformista
Los sectores medios, que conformaban la base electoral del partido radical, se beneficiaban con las oportunidades laborales y sociales que ofrecía el modelo agroexportador. Por tal razón, el gobierno mantuvo el sistema económico vigente y respetó la propiedad de la tierra de los grandes terratenientes. El radicalismo no impulsó modificaciones revolucionarias y, en cambio, desarrolló una política reformista en las áreas que consideró primordiales para garantizar una movilidad social ascendente: el acceso a los cargos públicos y a la educación.
El yrigoyenismo distribuyó cargos públicos entre sus seguidores a cambio de apoyo en las elecciones y en la gestión de gobierno. Esta práctica, que se denomina patronazgo estatal o clientelismo, fortaleció la relación del gobierno radical con los sectores medios y permitió el acceso al Estado de nuevos profesionales y empleados.
La Reforma Universitaria de 1918
Durante el siglo XX, las universidades argentinas se encontraban subordinadas a la administración del Estado y los estudios superiores constituían un instrumento de formación de las élites políticas. Las autoridades universitarias, que eran designadas por el Poder Ejecutivo, privilegiaban a los grupos dominantes tradicionales y restringían el acceso de nuevos sectores sociales. Los estudiantes provenientes de los sectores medios de la sociedad cuestionaban la dirección arbitraria de las autoridades académicas, el retraso pedagógico de los planes de estudio y la escasa renovación de los profesores. En 1900, comenzaron a organizarse los centros de estudiantes y los reclamos se ampliaron hasta llegar al pedido de una reforma del régimen de gobierno universitario.
En junio de 1918, la rebelión estudiantil se inició en Córdoba a raíz de la designación de un nuevo rector conservador. Los estudiantes organizaron manifestaciones, impulsaron huelgas y ocuparon por la fuerza diversas facultades. El presidente Hipólito Yrigoyen intervino la Universidad de Córdoba y facilitó la elección de autoridades afines a los reclamos estudiantiles. Luego de extensas negociaciones entre los líderes juveniles y los representantes del gobierno nacional, se acordó la Reforma Universitaria. En ella se estableció la autonomía y el cogobierno, es decir, se garantizó la independencia de las universidades respecto del poder político y, al mismo tiempo, se autorizó la participación conjunta de estudiantes, profesores y graduados en la dirección de las unidades académicas. Además, se establecieron concursos públicos para designar a los docentes, se crearon cátedras paralelas con el objetivo de ofrecer alternativas para dictar una misma materia y se garantizó la libertad de cátedra, que otorga a los profesores el derecho de enseñar sin condicionamientos ideológicos.
La protesta cordobesa se extendió a otras casas de altos estudios y contribuyó a la formación de otros movimientos democráticos.
La Reacción Conservadora y la Crisis de 1929
La Segunda Presidencia de Yrigoyen
Hipólito Yrigoyen asumió su segunda presidencia con un amplio respaldo popular. La crisis económica mundial condicionó las medidas del gobierno y debilitó el apoyo electoral de los sectores medios. Las divisiones internas del partido radical evidenciaron su debilidad política. Los grupos conservadores se fortalecieron y buscaron el apoyo del Ejército para provocar el desplazamiento del radicalismo.
Durante la campaña electoral de 1928, el yrigoyenismo identificó el problema del petróleo con el interés de la Nación en su conjunto y logró la adhesión de amplios sectores populares. Por su parte, los antipersonalistas se aliaron a los socialistas independientes y a los conservadores provinciales, y formaron una agrupación política que denominaron Frente Único.
El 12 de octubre de 1928, Hipólito Yrigoyen asumió su segunda presidencia con el 57,3% de los sufragios, y sus seguidores calificaron como plebiscito el abrumador triunfo electoral. El yrigoyenismo se aseguró la mayoría de representantes en la Cámara de Diputados y, aunque quedó en minoría en el Senado, logró imponerse en casi todos los gobiernos provinciales.
El Impacto Económico de la Crisis Mundial
En octubre de 1929, la quiebra de la Bolsa de Nueva York impactó negativamente en la economía argentina porque cayeron las exportaciones de productos primarios y cesaron las inversiones extranjeras, provocando un desequilibrio enorme en la balanza de pagos. Entre 1929 y 1930, el valor de las exportaciones argentinas se redujo casi un 40%. La crisis afectó a toda la sociedad. Los terratenientes sufrieron severas pérdidas económicas y se perjudicaron con la devaluación de la moneda nacional. Los peones rurales debieron migrar a las ciudades en busca de mejores condiciones de trabajo. Los sectores medios urbanos soportaron la reducción de ingresos y las consecuencias del aumento de los precios.