Análisis Comparativo de Don Juan: Tirso vs. Zorrilla

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En la obra de Tirso, nos encontramos con un personaje más plano, que no evoluciona mucho en el curso de la historia, y cuya actitud se mantiene hasta el final, lo que le cuesta la muerte. Si analizamos el personaje en la obra de Zorrilla, vemos cómo el personaje ha evolucionado a lo largo de la obra, de tal forma que al final cambia su actitud y su modo de pensar y se produce la salvación.

Podemos decir que el Don Juan de Zorrilla tiene un carácter más humano que el de Tirso, que después de conocer a Doña Inés, cambia sus sentimientos en el último instante. El mito es vencido, y Don Juan, enamorado, está dispuesto a vivir conforme a las normas sociales, atado al matrimonio. Mientras el Don Juan de Zorrilla acepta la misericordia de Dios, el de Tirso, continúa con su actitud de católico libertino e impertinente y retador de la justicia divina hasta el final. Esa es otra de las grandes diferencias que podemos establecer entre ellos, la actitud hacia la justicia divina: mientras el Don Juan de Tirso no considera las advertencias del posible castigo de Dios menospreciando su poder, y muestra una actitud arrogante hacia el convidado, en el Don Juan de Zorrilla, al principio también tiene una actitud arrogante hacia el convidado, pero al final de la obra acaba poniéndose de rodillas y pidiendo misericordia, aunque antes dudara que hubiera un Dios que pudiera perdonarle.

Personajes Secundarios y su Función

Los otros personajes en ambas obras sirven más que todo para contrastarse con Don Juan y realzar su personalidad. En la obra de Tirso, las mujeres, sean villanas o nobles, se encuentran en la obra para caer ante las burlas del malvado. Pero en la obra de Zorrilla, el personaje de Inés cobra mucha más importancia, porque su amor hacia Don Juan es puro, desinteresado, capaz de salvarlo. En esta obra sí se presenta el amor verdadero, y por eso Inés adquiere caracteres de heroína teatral. En cuanto a los personajes masculinos, el personaje de Luis Mejía (en Zorrilla) y el del Marqués de la Mota (en Tirso) sirven para que los rasgos de héroe romántico y lo esencial de la intriga y acción cobren vigor con la presencia de este antagonista, de una personalidad paralela a la de Don Juan, si bien más esquemática y desdibujada. El rígido código del honor clásico está representado, en ambas obras, en Don Gonzalo de Ulloa.

El Aura Satánica y la Humanización en Zorrilla

Zorrilla quiso rodear al personaje de un aura de satanismo, debido al carácter religioso de la obra. Desde el principio Don Juan aparece como personaje sobrehumano, escandaloso en extremo (“pues por doquiera que voy / va el escándalo conmigo”). Leída su “increíble” lista de crímenes y conquistas, el mismo Don Luis se persigna. Don Gonzalo, que ha visto qué monstruo de maldad es su futuro yerno, jura matar a su hija antes que consentir en este matrimonio. Y es ahora cuando Don Diego reniega de su paternidad y huye para no ver tal engendro monstruoso, porque “los hijos como tú”, le dice “son hijos de Satanás”. Para Don Luis, que se creía el más libertino, Don Juan es “un Satanás” que lleva consigo “algún diablo familiar”. Brígida, la beata, inmediatamente advierte lo diabólico de Don Juan: “Vos sí que sois un diablillo”, le dice en su primer encuentro. Pero este hombre, que ella creía “sin alma y sin corazón”, se humaniza por esa “hermosa flor” enclaustrada. Es el principio de su cambio de un satanismo inicial a un amante civilizado que terminará en religiosa conversión. Inés también es víctima del poder diabólico de Don Juan, desde que le vio por primera vez a través de unas celosías. Y la llegada de Don Juan, de ese “espíritu fascinador”, le llega a causar un desmayo.