Visiones del ser humano: Kant, Marx, Nietzsche y Freud en la filosofía contemporánea
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Kant: libertad, dignidad e imperativo categórico
Según Kant, la persona es «libertad e independencia frente al mecanismo de la naturaleza entera». Esa libertad consiste en la facultad exclusivamente humana de someterse a las leyes morales dictadas por su propia razón y fundamenta la dignidad humana, la cual implica que «el hombre, y con él toda criatura racional, es fin en sí mismo». Kant argumentó que el principio supremo de la moralidad es un estándar de racionalidad que él apodó imperativo categórico.
El imperativo categórico se resume, de forma aproximada, en la regla moral: «Trata a los demás como quieres que te traten». Así, los seres humanos deben respetar los fines de los demás en sí mismos; es decir, cuando aman a sus vecinos y comparten los mismos fines. En este marco, la libertad privada como criterio absoluto es rechazada.
Por otra parte, para Kant el alma es espiritual y mortal, aunque indemostrable; sin embargo, la idea del alma resulta necesaria para la existencia de la moral. De lo contrario, estaríamos sometidos únicamente a leyes materiales y la libertad no existiría.
6. El ser humano en la filosofía contemporánea: revisión y crítica
En el siglo XIX surgen tres pensadores que no solo rompen con la idea de un ser humano inmortal, creado a imagen de Dios, sino también con la imagen optimista del ser humano libre y emancipado de la Ilustración. Nos referimos a los autores que Paul Ricoeur denominó filósofos de la sospecha: Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud.
6.1. Marx y el homo œconomicus
Según Marx, el ser humano, y con él su modo de ser y de pensar, es el resultado de los sucesivos modos de producción económica a lo largo de la historia. El ser humano es lo que su trabajo hace de él: un ser oeconomicus. Cambiar los modos de producción supone cambiar al ser humano. Si transformamos las estructuras económicas del capitalismo explotador, daremos lugar a un nuevo mundo y a un ser humano nuevo y libre en una sociedad igualitaria. De ahí la vocación revolucionaria y utópica del marxismo.
6.2. Nietzsche y el superhombre
Según Nietzsche, la civilización occidental es una cultura decadente. Debido a la influencia de Sócrates, de Platón y del cristianismo, esta cultura ha puesto el sentido de la vida, del ser humano y del mundo en otra vida. Se ha generado, de este modo, una moral de valores antivitales. Estos valores solo tienen sentido si existe otra vida donde se nos recompense por no haber hecho lo que queremos en esta.
Su célebre frase «Dios ha muerto» significa que en Europa ha llegado a su fin la creencia en un ser absoluto y, por tanto, también han llegado a su fin los valores fundamentados en Dios. En Europa se está extendiendo, pues, un nihilismo (ausencia de valores) que debe ser sustituido, según Nietzsche, por un nihilismo activo.
La ausencia de valores es meramente un nihilismo pasivo si se queda tan solo en la desesperación de vivir en una vida sin un sentido trascendente. Ahora bien, esa situación debe dar paso a un nihilismo activo, es decir, a la destrucción de los valores decadentes para sustituirlos por nuevos valores basados en esta vida y en este mundo (afirmación de uno mismo, rebeldía, alegría, salud, competitividad...). Estos valores darán lugar a un nuevo ser humano, el superhombre, el cual no necesita una entidad absoluta que lo guíe (Dios) y que es la meta a la que debe aspirar el ser humano común mediante la autocreación y la superación personal.
Nietzsche rechaza la igualdad y propone un regreso al competitivo mundo homérico, cuyo lema es «ser siempre el mejor».
6.3. Freud y la conciencia
Antes de Freud se consideraba consciente toda la vida mental. A partir de Freud, se sostiene que el verdadero motor de nuestra conducta son estados y fenómenos mentales inconscientes. Esta teoría se denomina psicoanálisis.
El id (ello), el ego (yo) y el superego (superyó) son nombres de las tres partes de la personalidad humana. Según Freud, se combinan para crear el comportamiento complejo de los seres humanos.
- Id (ello): la parte más básica de la personalidad, que busca la gratificación instantánea de deseos y necesidades.
- Superego (superyó): se desarrolla en último lugar y se basa en la moral y en los juicios sobre lo correcto y lo incorrecto.
- Ego (yo): se ocupa de la realidad, tratando de satisfacer los deseos del id de una manera socialmente aceptable en el mundo (conciliando las demandas del id con las normas morales del superego).
Estas tres instancias se combinan y entran en conflicto para producir la compleja conducta humana tal como la describió Freud.