La Sociedad Ideal: Perspectivas de Aristóteles y Rousseau

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La Sociedad Ideal: Perspectivas de Aristóteles y Rousseau

Aristóteles y la Sociedad como Organismo

Para Aristóteles, la sociedad no solo surge para satisfacer las necesidades materiales del ser humano, sino también para que este pueda llevar una vida buena. Una vida moldeada por la educación y la virtud, conforme a la justicia, para alcanzar la felicidad.

Según Aristóteles, el ser humano es social por naturaleza y posee lenguaje, lo que le permite desarrollarse plenamente en sociedad. Considera que el Estado es anterior por naturaleza al individuo, a las familias y a las aldeas que lo forman.

El modelo que propone Aristóteles para organizar la sociedad es organicista. La sociedad es como un organismo en el que la forma prima sobre la materia. El ser humano es un animal político porque carece de sentido fuera del todo social, fuera de la polis (ciudad-estado). A diferencia de Rousseau, quien busca la libertad de todos los ciudadanos a través del contrato social, Aristóteles propone un modelo de sociedad basado en la relación entre amos y esclavos. Argumenta, aplicando la teoría hilemórfica a las cuestiones sociales, que, al igual que en los seres naturales la forma (alma) predomina sobre la materia, en la sociedad, algunos hombres cumplen funciones directivas (amos) mientras que otros son instrumentos animados que realizan los trabajos manuales.

Rousseau y el Contrato Social

Rousseau se centra en aclarar las cláusulas del contrato social y sus consecuencias políticas, así como en precisar conceptos como Estado, soberano, ciudadano, súbdito, y la doble relación de cada individuo como miembro activo del Estado y, a la vez, como súbdito del soberano. Introduce el concepto de voluntad general.

Influenciado por la filosofía clásica grecolatina (Platón, Aristóteles) y por pensadores como Hobbes, Locke y Hume, Rousseau considera que el ser humano es el único ser de la naturaleza capaz de observar, intervenir, obrar y medir voluntariamente. Además, es libre en sus acciones y está dotado de una sustancia (alma) inmaterial e inmortal, con capacidad de elegir entre el bien y el mal. El objetivo es alcanzar la felicidad mediante el retorno a la naturaleza y la construcción de una sociedad civil. Esto se logra a través de una educación basada en los principios de "no hacer mal a nadie" y la tolerancia, fomentando la libertad y guiándose por una religión natural. Estas ideas se fundamentan en la espontaneidad y en ciclos educativos según la edad.

Rousseau también destaca el sentimiento como fuente de libertad y sostiene que la vida y la acción del ser humano deben organizarse en función de un todo (Dios). La única regla moral es no hacer mal a nadie. El hombre es naturalmente bueno, pero la virtud es un esfuerzo por el que se reencuentra y promueve esa bondad natural. Mientras el hombre es bueno, la sociedad es mala, y como volver al "estado natural" es imposible, la única salida es una reforma social. El hombre necesita relaciones sociales, por lo que se hace imprescindible un Estado fundado sobre un contrato para alcanzar el bien común mediante una voluntad general. A través de este contrato, el individuo renuncia a sus derechos en favor de la comunidad y, aunque pierde la libertad natural, gana la libertad civil. El conjunto de ciudadanos unidos por este contrato convierte al pueblo en el único soberano, que se dirige mediante los tres poderes. Así, el Estado garantiza la convivencia y la coincidencia entre naturaleza y sociedad.