Simbolismo en Miguel Hernández: Un Viaje por su Poesía y Significados Ocultos

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La poesía de Miguel Hernández está llena de símbolos que giran en torno a los grandes motivos de su obra: la vida, el amor y la muerte.

Perito en Lunas

En su primer poemario, Perito en Lunas, encontramos varios símbolos, algunos de los cuales se repetirán a lo largo de su trayectoria e incluso adquiriendo nuevos matices. Por ejemplo, el toro significa sacrificio y muerte, aunque más adelante representará la figura del amante. El poema “Negros ahorcados por violación”, que evoca un aire a Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, abunda en símbolos referidos a los sexos y al deseo sexual.

El Rayo que no Cesa (1936)

El Rayo que no Cesa (1936) tiene como tema el amor insatisfecho y trágico, y en torno a él giran todos los símbolos. Así, el rayo, que es fuego, representa el deseo amoroso: el rayo es hiriente para el deseo, como lo es ‘el cuchillo’. A su vez, la sangre es el deseo sexual; la camisa, el sexo masculino; y el limón, el pecho femenino. La frustración que produce en el poeta la esquivez se simboliza en la pena. Todos estos temas quedan resumidos en “Como el toro he nacido para el luto”, que es una especie de epifonema. En este poemario podemos encontrar una constelación de símbolos cortantes e hirientes; son símbolos de las heridas de amor y muerte, como ‘la espada’, ‘la cornada’ y ‘este rayo que no cesa’, del que proviene el título del libro. Pero no solo amor y muerte, también amistad y muerte.

Viento del Pueblo (1937)

También hay poemas que se alejan de la bravura del deseo del toro para expresar el más puro vasallaje ante la amada, una entrega servil. El buey, que veremos en Viento del Pueblo, es la mansedumbre en contraposición al toro.

Viento del Pueblo (1937) es poesía de guerra, poesía como arma de lucha. Hay un desplazamiento del 'yo' del poeta hacia 'los otros'; es la voz del pueblo encarnada en el poeta. El pueblo cobarde y resignado que no lucha es identificado con el buey, símbolo de sumisión; el león, en cambio, es la imagen de la rebeldía. El poeta, como combatiente, se identifica con leones y toros, símbolos del orgullo y la lucha.

El Hombre Acecha

En El Hombre Acecha, el símbolo que predomina es la tierra ('la madre'), que se unirá al símbolo de España. La contraposición entre ricos y pobres se da en “Las manos”, poema en el que están simbolizadas las que para Miguel Hernández eran las dos Españas. Según el poeta, ‘unas son las manos puras de los trabajadores’. Las otras son ‘unas manos de hueso lívido’. El símbolo, por tanto, va a ser el vientre. En este libro encontramos el tema del hombre como fiera, con colmillos y garras. La garra es símbolo de fiereza; a su vez, fiera es símbolo de la animalización del hombre a causa de la guerra y del odio.

Del libro destacan los poemas que tratan de los desastres de la guerra. Las dos Españas, enfrentadas, aparecen en “El hambre”, puesto que el poeta dice luchar contra la burguesía y el capitalismo. En “El tren de los heridos”, la muerte viene simbolizada por un tren. Ese ‘tren’ está presidido por la sangre y el silencio. El amor a la patria queda de manifiesto en “Madre España”, a la que se siente unido el poeta ‘como tronco a su tierra’ y de cuyo vientre, otro símbolo hernandiano, ha nacido: el símbolo es tópico: ‘Decir madre es decir tierra que me ha parido’. Se cierra este poemario con la “Canción última”, un claro homenaje a Francisco de Quevedo.