El Siglo de las Luces en España: Autores y Obras Clave del Ensayo y Teatro Neoclásico
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La Literatura Española del Siglo XVIII: Ensayo y Teatro
En el plano cultural, la Ilustración y su confianza en la razón como base fundamental del conocimiento humano llegaron a España desde Francia, no solo de la mano de los Borbones, sino también debido a la hegemonía cultural que Francia ejercía en toda Europa en esa época.
La importancia de este «Siglo de las Luces» no radica tanto en la creatividad de su literatura, sino en la intención de educar, de fomentar el progreso de la sociedad bajo la bandera de la ciencia y la razón, de secularizar la cultura, de rechazar el oscurantismo barroco y de reivindicar el saber enciclopédico. La literatura de los ilustrados es, por tanto, una literatura práctica que no busca el puro deleite, sino que está al servicio de un propósito.
El Ensayo Ilustrado en España
El ensayismo español recibió sobre todo la influencia del ensayismo inglés (Francis Bacon) y del francés (Montesquieu), y se sirvió de la prensa, así como de la publicación de informes y memorias para difundir sus ideas.
Figuras Clave del Ensayo
Benito Jerónimo Feijoo: Su obra produjo en España una profunda revisión de las ideas aceptadas. En sus dos obras más significativas, Teatro crítico universal y Cartas eruditas y curiosas, defendió la superación de las supersticiones en nombre de la razón y la experiencia como base de la ciencia, adoptando un estilo claro y asequible.
Gaspar Melchor de Jovellanos: Escritor y político de carácter didáctico y utilitarista, al servicio de la sociedad. Sus obras más relevantes son Informe sobre la Ley Agraria, Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas y Memoria sobre la educación pública. Por otro lado, sus Diarios son a la vez testimonio de su intimidad y reflejo de la vida de la España de su tiempo.
Ignacio de Luzán: En 1737 publicó su Poética, libro en el que se exponen algunos principios del Neoclasicismo, en contra de la tradición artística del Barroco. Luzán reivindicó las tres unidades clásicas, la separación de géneros, el decoro poético o las ideas de imitación y verosimilitud.
José Cadalso: Quizá el mayor representante del pensamiento ilustrado español. En 1772 publicó Los eruditos a la violeta, la obra que le hizo más famoso en su época, una burla satírica de los falsos pedantes de las tertulias. Pero su obra más reconocida hoy en día, que además lo convierte en un gran innovador y en precursor de una actitud crítica, son las Cartas marruecas, primera manifestación en la literatura española del ensayo breve, irónico, de contenido ideológico y de estilo personal. Las Cartas son un recorrido reflexivo por las costumbres españolas del momento, la educación, la política y la sociedad. De Cadalso también cabe destacar sus Noches lúgubres.
El Teatro Ilustrado y Neoclásico
La Ilustración no llegó al teatro hasta pasada la primera mitad del siglo XVIII, pues el teatro que triunfaba seguía la línea de Lope de Vega. Eran espectáculos totales concebidos para el puro disfrute del público: comedias de magia, de figurón, de santos, heroicas, etc., todas en la más pura línea del Barroco.
La polémica llegó cuando los ilustrados comenzaron a denostar este teatro y a reivindicar un teatro racional y educativo que respetara las reglas de composición, realismo y moralidad. Estas reivindicaciones de eruditos no calarían entre el gran público, y así, las obras ilustradas tendrían un escaso éxito. Cabe destacar la tragedia Raquel, de García de la Huerta, que logró españolizar la tragedia neoclásica. Es una obra en verso inspirada en temas tradicionales y basada en sentimientos como el honor, la justicia o la relación del rey con los vasallos.
A finales del siglo XVIII, los gustos mayoritarios y las propuestas neoclásicas tuvieron por fin un punto de encuentro. Las comedias sentimentales, que, a pesar de su tono lacrimógeno, tenían un fin moral y respetaban el supuesto de la verosimilitud, con argumentos simples y personajes de la vida cotidiana, surgieron como un punto de encuentro.
Leandro Fernández de Moratín: Cénit del Teatro Neoclásico
Leandro Fernández de Moratín es la personalidad más sobresaliente de su generación y el autor teatral más valorado del Neoclásico. Para Moratín, el teatro suponía la búsqueda constante de lo auténtico. El drama debía ridiculizar los vicios y errores comunes de la sociedad para ensalzar la verdad y la virtud. Es la concepción fielmente seguida en sus cinco comedias originales:
- En verso: El viejo y la niña, El barón y La mojigata.
- En prosa: La comedia nueva o el café y El sí de las niñas.
Esta última es considerada su mejor creación, pues plantea y resuelve con claridad el doble tema de la educación de la mujer y su libertad para elegir marido.