Sartre

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 El texto pertenece a uno de los libros de Sartre, El existencialismo es un humanismo, una conferencia que pronunció en París en 1945. El existencialismo se había impuesto como una moda, jóvenes deseosos de escuchar al filósofo antes de conocer El ser y la nada (1943) Cuyo objetivo era presentar una idea coherente y más exacta de su filosofía. Sartre contesta a las críticas que tanto el pensamiento cristiano como el marxismo habían hecho al existencialismo. Critica el individualismo irreconciliable e insolidario de su existencialismo, su afirmación de la primacía y precedencia d ela existencia respecto a la esencia y por su pesimismo.
Sartre fue un intelectual, filósofo, novelista, dramaturgo, crítico literario, conferenciante se sitúa en un destacado lugar en la filosofía contemporánea. La obra filosófica de Sartre se puede dividir en tres períodos.. El primero, marcado por la influencia de la fenomenología de Husserl. El segundo, marcado por la adopción de una postura atea y la asimilación de los presupuestos del existencialismo, siguiendo en este último aspecto las reflexiones de Heidegger respecto a la ontología de la filosofía de la existencia. Y crítica y alejada de las ortodoxias dominantes del marxismo. Cabe destacar El ser y la nada, La trascendencia del Ego etc. En su obra narrativa La naúsea, el muro etc. en su obra teatral las mocas, la puta respetuosa, etc.
Sartre nace en París en 1905, estudia Filosofía. En 1929 conoce a Simone de Beauvoir su compañera de vida. En 1933 sigue los cursos de Husserl y Heidegger. Despues pasa a dirigir la revista Les Temps Modernes, dedicándose a la literatura y a la política. En 1956, a raíz de la invasión de Hungría, publica El fantasma de Stalin, donde denuncia dicha intervención y critica al partido Comunista Francés. Sartre es un arquetipo comprometido con su tiempo que prefirió la acción. Episodios como Argelia, Cuba, etc. no pueden prescindir de su testimonio y actitud crítica de denuncia. En 1964 renunció el Premio Nobel de literatura por motivos éticos. En 1980 con 75 años y en plena actividad, muere de un edema pulmonar.
La filosofía de Sartre está marcada por los acontecimientos históricos que a mitad del S. XX (dos guerras mundiales, las revoluciones rusa y china, dictaduras italiana y alemana, etc)
El existencialismo de Sartre constituye una protesta contra la despersonalización se declara comprometido con el individuo y otorga prioridad a la existencia frente a la esencia, a la vida sobre la razón, a la praxis sobre la teoría y a la libertad sobre el determinismo.
La filosofía de Sartre es heredera de la antropología vitalista de Nietzsche, la filosofía de la libertad de Schelling y la filosofía de la vida de Kierkegarrd. Partiendo del método de Husserl pretende realizar un análisis sistemático de la existencia. Trata de anlizar la existencia humana, no como un hecho objetico sino como un fenómno que se nos presenta a la conciencia. Husserl propone el acceso a nuestra percepción de las cosas, sin la presencia de nuestras ideas preconcebidas de las mismas.
A partir de Husserl, habla de la conciencia como una tendencia, como conciencia de, ven al hombre como nada, como proyecto. La libertad es la estructura básica de la existencia humana.
Las filosofías de la existencia, analizan la existencia como el modo ser del hombre en el mundo, tiene dos centros en Europa -Alemania (años 30) Jaspers y Heidegger. - Francia después de la II guerra mundial corriente atea Sartre y Albert Camus y la cristiana Gabriel Marcel y Merleau-Ponty.
Sartre influyo a precursores de estas inquietudes existencialistas como Unamuno, Baroja y Machado. Además en escritores franceses como Simon De Beauvoir, Albert Camus y filósofos como Merleau-Ponty, gilles Deleuze.
Ademas del existencialismo coexisten en este siglo otras corrientes filosóficas como el historicismo, el raciovitalismo, el pragmatismo, la filosofía analítica, la fenomenología y el neoempirismo y se produce un desarrollo importante de ciencias como la sociología al tiempo que se vive una revolución científico-tecnológica.



Condenados a ser libres: El existencialismo, en general, y Sartre, en particular, no están interesados en el hombre en abstracto, sino en el existir cotidiano individual de cada ser humano concreto. El sentido de la vida humano no debe ser una generalización, sino que es la orientación que cada uno quiere dar a su propia vida; es, por tanto, un invento. El hombre no conquista la libertad; antes bien, está condenado a ella y ha de asumirla sin mala fe, abriéndose como proyecto sin meta, lo que se considera un absurdo.
La existencia precede a la esencia: Para Sartre lo fundamental no es la esencia, sino la existencia, desde la que se realiza un análisis del mundo y del hombre; así pues, la existencia precede a la esencia. Para Sartre, lo importante en el caso del ser humano concreto no es que sea animal racional, sino precisamente lo que lo individualiza o lo distngue de cualquier otro, y lo distingue a una persona de otra no son ni más ni menos que sus decisiones individuales, el ejercicio que hace de la libertad de elección.
La existencia auténtica: Inventándose a sí mismo a cada instante, creando sus propios valores, haciéndose al hacerse, el hombre existe y tiene conciencia de ello: sabe que es pura contingencia, proyecto siempre inconcluso que decide constantemente. Entre tener más o ser, la existencia auténtica consiste precisamente en elegir la segunda opción, sin olvidar el carácter temporal e histórico del ser humano y la limitación.
La existencia inauténtica es la del sujeto que renuncia a la libertad de realizarse a sí mismo. Caracterizado por el anonimato de la masa, la mediocridad de hacer lo que la gente hace, la irresponsabilidad de no esforzarse en buscar soluciones a los problemas ni prever las consecuencias y la inconsciencia de evadirse de las grandes cuestiones de la existencia humana.
Sartre, siguiendo el análisis fenomenológico de Husserl, distingue dos niveles de ser en su ontología. El ser en si es lo que se aparece a la conciencia, es un fenómeno, una manifestación que debe ser desvelada. El ser en sí es el objeto, la cosa, lo que es, una entidad densa, encerrada en sí. No existe fuera de sí y se agota en sí mismo. No puede llegar a ser otro y no se relaciona. Pero este ser no es todo el ser, existe una extraña relación entre el ser y el no ser; el ser para sí es la conciencia o realidad humana, un ser incompleto, no acabado, que ha de realizarse; es, sobre todo, conciencia de la nada. Como puede ser de otra manera, aspira a otro ser. En el ser para sí se encuentra el no ser, mientras que el ser para sí es lo que es.
La ética; A raíz de todo esto, no existe más ética que la de la situación, una ética concreta en la que la conciencia de libertad es el fundamento de los valores. La vida no tiene sentido antes de ser vivida. El ser para si es temporal, y en definitva, el hombre elige, prefiere afirma o niega. Porque no hay nada que puede salvarnos de ser libres, ni siquiera Dios, que noe s más que una idea que pretende, que el ser en si y el ser para si coincidan, lo cual es imposible y contradictorio.
Ser para otro: Además del en si y el para si, el análisis fenomenológico pone de manifiesto que hay otros seres para si que convierten nuestra conciencia en un ser para otro. El otro hace aparecer en mí un sentimiento de vergüenza cuando su conciencia libre me piensa libremente. La esencia de las relaciones entre las conciencias, según Sartre, es el conflicto. Ni siquiera el amor escapa al absurdo, mediante él intentamos cosificar al otro, acapararlo como objeto cuando lo amamos.
La concepción del ser humano: La ontología de Sartre se reduce a antropología. Existencialmente, no cabe entender al hombre más que como subjetividad; pero no en un sentido abstracto, sino como una subjetividad en la que la existencia concreta a la esencia y que está caracterizada por el compromiso de la realización del proyecto propio. El hombre, ser para sí, es el legislador de valores que sustituye a Dios y que no se hunde a sí mismo en la desesperación.