La Revolución Liberal y el Reinado de Isabel II: Orígenes del Estado Burgués en España
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El Reinado de Isabel II y la Transición al Estado Burgués
El reinado de Isabel II constituye un periodo complejo en la historia de España. Pese a los pronunciamientos militares e incluso a una guerra civil, se produjo el cambio de la monarquía absoluta a un Estado burgués parlamentario, y del régimen económico y social propio del Antiguo Régimen a un sistema capitalista moderno.
Estos cambios no fueron impulsados por la propia Corona, sino por la necesidad de la regente María Cristina de defender los derechos dinásticos de su hija —mantenidos por los liberales— frente a los de su cuñado Don Carlos, aupado por los absolutistas. Este conflicto daría lugar a una guerra civil, la Primera Guerra Carlista, de fuerte contenido ideológico y de clase.
Orígenes del Conflicto Sucesorio y del Carlismo
El origen de este conflicto se encuentra en la última década del reinado de Fernando VII. En 1823, el monarca recupera su poder absoluto con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis e inicia una represión contra los liberales. Los partidarios del absolutismo más rígido crean el Voluntariado Realista en sustitución de la Milicia Nacional.
Pero Fernando VII pretendía alejarse de los absolutistas más radicales. Estos empezaron a reclamar abiertamente el paso del trono a Don Carlos, por entonces príncipe de Asturias, puesto que el monarca no había logrado descendencia a pesar de sus tres matrimonios. En 1827, los realistas se sublevaron en el Pirineo catalán (la llamada guerra de los Agraviados); los dirigentes fueron condenados tras su derrota, pero la ruptura con el rey era inevitable, dando lugar al nacimiento del carlismo.
La Pragmática Sanción y el Estallido de la Crisis
El problema se recrudeció al convertirse en una crisis sucesoria cuando, en 1829, el rey se casó con su sobrina María Cristina de Nápoles, y esta quedó embarazada. Fernando VII, con el ánimo de garantizar el trono a su descendencia (fuera hijo o hija), publicó en marzo de 1830 una Pragmática Sanción que ya habían aprobado las Cortes de 1789 —aunque hasta el momento no la había refrendado ningún monarca— y que abolía la Ley Sálica, restableciendo el derecho sucesorio de Las Partidas.
Don Carlos consideró que la medida era ilegal y, cuando en octubre nació la princesa Isabel, se abrió el conflicto definitivo.
Los Bandos en Conflictos: Cristinos frente a Carlistas
Frente a los carlistas, surgió un sector de absolutistas moderados con apoyos liberales que veían en la reina la única oportunidad de introducir las ansiadas reformas. Fueron estos los que pasaron a defender los derechos de la princesa. El triunfo de la Revolución en Francia, que había entronizado a la monarquía burguesa de julio, animó a los liberales españoles.
En 1832 se desencadenaron los sucesos de La Granja, cuando las intrigas palaciegas lograron de un rey agonizante la revocación de la Pragmática. El sorprendente restablecimiento del monarca permitió reponerla, al tiempo que Cea Bermúdez se ponía al frente del gobierno y la reina era autorizada a presidir el Consejo. Cea decretó una amnistía que liberó a los presos políticos y permitió el regreso de los exiliados, mientras que Don Carlos era desterrado a Portugal.
Ideología y Apoyos del Carlismo
El 29 de septiembre de 1833 moría Fernando VII y se iniciaba la regencia de María Cristina. El 1 de octubre, Don Carlos reivindicaba desde Portugal sus derechos dinásticos en el Manifiesto de Abrantes, y en España surgían los partidos carlistas por todo el país.
El carlismo propugnaba, junto al legitimismo o defensa del derecho sucesorio masculino, la alianza del Altar y el Trono y los fueros que el liberalismo pretendió siempre extinguir. El carlismo era apoyado por:
- Parte de la nobleza y del ejército.
- El bajo clero, deseoso de evitar la pérdida del poder de la Iglesia.
- El campesinado y artesanado, temerosos de las desamortizaciones liberales y de los cambios que pudieran hundir sus talleres en beneficio de la gran industria.
Internacionalmente, contaron con las simpatías de las autocracias de la Europa Oriental.
Apoyos del Bando Cristino o Isabelino
Por su parte, el bando cristino o isabelino estuvo respaldado por:
- Los absolutistas moderados y los liberales.
- La mayor parte de los generales y de la oficialidad.
- Los funcionarios y el alto clero, consciente de la inevitabilidad de los cambios.
- La burguesía de negocios, los intelectuales, las clases medias urbanas, los obreros industriales y el campesinado del sur.
Internacionalmente, lograron el apoyo diplomático y militar de las potencias occidentales.
Desarrollo y Fin de la Guerra Carlista
Aunque al principio la guerra se mostró favorable a los carlistas, los liberales terminaron imponiéndose a partir de 1835, tras el fracaso del sitio de Bilbao y la muerte de Zumalacárregui, y el intento carlista de tomar Madrid en 1837. Fue muy positivo para los liberales el hecho de que la desamortización de Mendizábal lograra sanear la Hacienda.
Finalmente, el agotamiento llevó al general carlista Maroto a iniciar negociaciones con el general liberal Espartero, unas conversaciones que finalizaron en el Abrazo de Vergara (1839), poniendo fin a la guerra en el norte. Los vencedores reconocieron a los vencidos grados y empleos y se comprometieron a mantener los fueros. No obstante, el núcleo carlista dirigido por Cabrera resistió hasta que, en 1840, Espartero tomó Morella.
La Regencia de María Cristina (1833-1840)
Mientras la guerra civil se desarrollaba, María Cristina gobernó en su calidad de regente (1833-1840). Las circunstancias la obligaron a pasar de un régimen de absolutismo moderado a una auténtica revolución liberal.
El Estatuto Real y la División Liberal
Aunque María Cristina llamó en 1834 a Martínez de la Rosa y este estableció el Estatuto Real en ese mismo año —una auténtica carta otorgada, tanto por la regulación de unas Cortes muy conservadoras y elitistas (elegidas por un sufragio indirecto muy restringido) como por los amplios poderes de la Corona, con gran capacidad legislativa, de veto y de disolución—, es en esta época cuando en el liberalismo van a cristalizar dos tendencias: moderados y progresistas.
La Revolución Liberal de 1835-1836
El gobierno fue perdiendo credibilidad ante su incapacidad para gobernar el país y ganar la guerra. En 1834 los conventos fueron asaltados y, en 1835, una insurrección que se extendió por todo el país obligó a la regente a nombrar como jefe de gobierno a Juan Álvarez Mendizábal. Fue entonces cuando se inicia la verdadera revolución liberal al adoptar las primeras medidas encaminadas al desmantelamiento del sistema legal del Antiguo Régimen.
María Cristina forzó la dimisión de Mendizábal en mayo de 1836. Sin embargo, la sublevación de los sargentos de La Granja, el 12 de agosto, obligó a la regente a restablecer la Constitución de 1812. El nuevo gobierno de Calatrava continuó con la demolición del Antiguo Régimen al eliminar definitivamente las vinculaciones, el régimen señorial y los mayorazgos, poniendo al frente de la guerra al general Espartero.
La Constitución de 1837 y el Fin de la Regencia
La Constitución de 1812 parecía demasiado avanzada para la época, de modo que se estableció la de 1837 en un intento de contentar a ambas tendencias liberales. Reconocía la soberanía nacional y los derechos individuales, pero mantenía un poder ejecutivo fuerte con competencias legislativas, derecho de veto y de disolución de Cortes. Estas serían bicamerales, con un Congreso elegido por sufragio censitario y un Senado por designación real.
Durante los tres años siguientes, María Cristina eligió gobiernos moderados, hasta que en septiembre de 1840 una nueva insurrección provocó la dimisión de la regente, quien optó por abandonar el país.
La Regencia de Espartero y el Fin de la Minoría de Edad
El general Espartero se convirtió en el nuevo regente entre 1840 y 1843, iniciando la tendencia de los militares a dirigir la política liberal. Su talante autoritario no tardó en hundir su prestigio cuando, en 1842, respondió a una insurrección en Barcelona bombardeando la ciudad.
El general moderado Narváez encabezó un pronunciamiento y, en agosto de 1843, Espartero dimitió y abandonó el país. Narváez se convirtió en el nuevo jefe de gobierno y las Cortes, para evitar una nueva regencia, proclamaron a la reina mayor de edad con solo 13 años.