La Revolución Gloriosa y la Primera Monarquía Democrática Española
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El Sexenio Revolucionario: La Revolución Española de 1868
La Revolución Española de 1868 fue similar a la europea de 1848, donde la burguesía progresista intentó tomar el poder político y, por primera vez, irrumpieron las capas populares. Al igual que en Europa, tras estos seis años revolucionarios, la política española quedaría en manos de la burguesía conservadora, culminando con la Restauración de Alfonso XII.
El movimiento revolucionario se inició con el pronunciamiento del almirante Juan Bautista Topete en Cádiz, al que se unieron los generales Juan Prim y Francisco Serrano. El levantamiento popular y la decisiva victoria de Serrano sobre el ejército realista en la Batalla del Puente de Alcolea (Córdoba) provocaron la caída del gobierno moderado y forzaron la salida de la reina Isabel II a Francia.
Gobierno Provisional y Regencia de Serrano: La Constitución de 1869
El general Francisco Serrano presidió el Gobierno Provisional, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes, tal y como se había acordado en el Pacto de Ostende. El sufragio establecido fue universal masculino. El censo electoral aumentó significativamente, y la variedad política también: a los partidos tradicionales se unieron el Demócrata y el Republicano, este último escindido del anterior. El triunfo en las elecciones fue para los partidos gubernamentales; sin embargo, también obtuvieron escaños los republicanos y los carlistas. Entre todos ellos, elaboraron la primera Constitución democrática de España.
Paralelamente, se adoptaron tres medidas económicas de gran trascendencia:
- La unificación de la moneda bajo el patrón de la peseta en todo el reino.
- La promulgación de un arancel librecambista.
- La puesta en venta de las riquezas del subsuelo.
Esta última medida, una auténtica desamortización minera, atrajo capital extranjero y buscaba dotar al gobierno de recursos para combatir la crisis económica y el estallido de la Guerra de los Diez Años en Cuba.
La Constitución de 1869: Pilares de una Nueva Era
La Constitución de 1869 fue considerada democrática porque emanaba de la voluntad general, lo que implicaba un concepto de soberanía nacional que trascendía el defendido por la burguesía. Por primera vez, se debatió la forma de gobierno, incluyendo la posibilidad de una república. Sus postulados básicos fueron:
- La soberanía reside en la nación, de la que emanan todos los poderes.
- El sistema legislativo era bicameral: Senado y Congreso de los Diputados. El Congreso legislaba, controlaba al gobierno y limitaba el poder del rey, quien solo sancionaba y promulgaba las leyes.
- El Senado era de elección popular, dejando de ser una cámara de nombramiento real.
- El Congreso se elegía por sufragio universal masculino.
- El gobierno ejercía el poder ejecutivo y tenía responsabilidades ante las Cortes.
- Los derechos ciudadanos recibieron una especial consideración. Además de los derechos tradicionales, se regulaban explícitamente la libertad de imprenta, la libertad de culto, y los derechos de reunión y asociación.
La Búsqueda de un Rey: Amadeo de Saboya
El general Francisco Serrano fue nombrado regente y encargó a Juan Prim, como presidente del Gobierno, la búsqueda de un nuevo rey para esta monarquía constitucional y democrática. Tras intensas gestiones entre posibles candidatos, y atendiendo a los vetos impuestos por figuras como Guillermo I de Alemania, Napoleón III de Francia y el propio general Prim (quien se oponía a cualquier miembro de la Casa de Borbón), las Cortes votaron mayoritariamente a favor del príncipe Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II de Italia. La segunda opción más votada fue el establecimiento de la República.