Retratos Detallados: Los Personajes de La Casa de Bernarda Alba

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Personajes de La Casa de Bernarda Alba

Bernarda

(con fuerza de oso)

Viril, asume e impone el código de conducta represivo que ella misma ha padecido. Encarna el tradicional principio de autoridad masculino: bastón de mando, lenguaje prescriptivo, gobierna su hacienda como un hombre. Poder irracional. Tiránica con todos. Orgullosa de su casta. Todos la odian. Impone la ley del silencio y la ley de las apariencias. Defiende la honra y la represión sexual. Obsesionada por la consideración social (la madre oculta, la virginidad de Adela). No pretende mandar en los corazones, solo en las apariencias. Voluntarismo: confunde sus deseos con la realidad. Ceguera.

Angustias

Es hija del primer matrimonio y heredera de una fortuna que no tarda en atraer, pese a su edad y a su falta de encantos, a Pepe el Romano. Para ella está claro lo que supone el matrimonio («salir de este infierno»), pero no hay en ella pasión o ilusión verdadera, a diferencia de Adela o Martirio.

Magdalena

(con tendencia a llorar)

Por una parte, da muestra de sumisión, pero sorprende con amargas protestas y hubiera preferido ser hombre, a diferencia de Angustias. Es cínica, irónica y mordaz.

Amelia

(puede venir del griego «sin miel»)

Es el personaje más desdibujado, más insustancial. Se ve que es resignada y tímida.

Martirio

Antagonista de Adela. Es fea, jorobada, acomplejada, de carácter agresivo y envidiosa. Pudo haberse casado con Enrique Humanes si su madre no se hubiera opuesto, lo que puede explicar su resentimiento. Su actitud ante los hombres es turbia: por un lado, dice preferir no verlos nunca, pero, por otro, arde con una pasión que la lleva hasta la vileza.

Adela

(de carácter noble)

Es el personaje antagonista de Bernarda. Es la más joven y hermosa. La apetencia por Pepe el Romano y su rebeldía se ven desde el principio y van ligadas a su carácter pasional. Este personaje resulta escandaloso a la gente que la rodea, desafiante con la moral social de entonces. Está dispuesta a convertirse en la querida de Pepe y lo grita abiertamente. Esta postura de total entrega hacia el hombre que ama choca con su natural rebeldía, pero se explica si se interpreta que este personaje encarna la visión fatalista del amor lorquiano, en que el amor pasional supone aniquilamiento y autodestrucción y lleva, por tanto, en sí el germen de la tragedia final. Su suicidio final es la suprema forma de rebeldía, una de las dos salidas posibles a la total falta de libertad.

La Poncia

(como Poncio Pilatos, «se lava las manos»)

Contrapunto popular, sentido común. También valores asumidos, pero con cierto distanciamiento, lejos de la intolerancia de Bernarda. Aconseja. Es la única que intuye lo que va a pasar y qué se debería hacer para evitarlo. No se implica hasta el final. Doble moral (sentido común / convenciones). Sirve a Bernarda y denuncia a Adela.

Josefa

Poder visionario de la locura: es la que dice la verdad, la que sabe lo que va a ocurrir. Portavoz de un anhelo común que ninguna se atreve a expresar en voz alta («déjame salir»). Está libre de las convenciones. Es la más libre, aunque sea la más encerrada. Ejemplifica el paso del tiempo: aquello en lo que se convertirán las jóvenes.

Pepe el Romano

Catalizador de las fuerzas latentes. No aparece, pero es omnipresente. Encarna al Hombre, desconocido en ese ambiente opresivo.