Resumen de las Narraciones Mensuales de Edmundo de Amicis: Cinco Relatos de Heroísmo Infantil

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El Pequeño Patriota Paduano

Un niño genovés es vendido y llevado a España, donde lo obligan a trabajar duramente, lo maltratan y pasa hambre. El niño se escapa y pide ayuda. Lo envían en un barco, donde conoce a un grupo de marineros borrachos que lo hacen contar su historia. Después de mucha insistencia, él cuenta su historia y, por pena, le dan dinero. Él se va a su cuarto y escucha cómo ellos comentan y se burlan del pueblo italiano. Enfurecido, les arroja las monedas, defendiendo a su país.

El Pequeño Vigía Lombardo

En 1859, durante la guerra entre las coronas franco-italianas y la austriaca, se libraron las batallas de Solferino y San Martino. Los soldados italianos llegaron a una casa donde vivía un chico huérfano. El capitán le pide que suba a un fresno para vigilar y contar lo que sucede. El niño sube y relata que ve a dos hombres a caballo y, cerca del cementerio, el brillo de bayonetas. Inmediatamente, las balas comienzan a silbar. El oficial le pide que baje, pero la tercera bala atraviesa el pecho del niño, quien cae muerto. Los oficiales lo cubren con la bandera y le rinden honores militares.

El Pequeño Escribiente Florentino

Julio, de 12 años y cursando cuarto básico, era el hijo mayor de un empleado de ferrocarril. Su familia vivía humildemente y su padre trabajaba como copista por las noches, pero su vista le fallaba. Julio decidió empezar a hacer este trabajo sin decirle a su padre. Se esforzaba por imitar la letra de su padre, quien no se fijaba mayormente en dónde había quedado. El padre se daba cuenta de que avanzaba rápidamente, pero a Julio le comenzó a ir mal en el colegio debido al cansancio. Su padre, ofuscado, lo retaba e increpaba sin darse cuenta de que Julio no rendía porque le hacía el trabajo por las noches. Un día, gracias a las ganancias extras, descubrió la acción de su hijo y le pidió perdón. Su madre veló por él.

El Tamborcito Sardo

El 24 de junio de 1848, un regimiento de infantería era atacado por dos compañías de soldados austriacos. Entre ellos había un tambor de 14 años. Su capitán le pidió que llevara un mensaje a sus soldados, pero le ordenó que no dejara de correr. El chico corrió, entregó el mensaje y lograron escapar. Al día siguiente, debieron replegarse en una iglesia. El capitán lo reconoció y se acercó a él, ya que lo veía muy pálido. Le preguntó: "¿Has perdido mucha sangre?". El chico le contestó que no solo había perdido sangre, sino también una pierna. El doctor se acercó y confirmó: "Si no hubiera seguido corriendo con la pierna herida, tal vez la habría salvado".

El Pequeño Enfermero

Cecilio fue a buscar a su padre al Hospital Mayor de Nápoles. Su padre había ido a buscar trabajo a Francia hacía un año, pero había regresado a Nápoles. Por carta, comunicó que había enfermado y que lo habían llevado a este hospital. Cecilio fue con el enfermero, quien lo llevó ante un enfermo muy grave al que no pudo reconocer. Se quedó varios días a su lado, lo acompañó, asistió y animó. Al quinto día, el niño seguía allí, pero sintió una voz conocida y se dio cuenta de que era su padre. Lo abrazó, pero el niño se quedó cuidando al enfermo hasta que este murió.